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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Garzón y los ectoplasmas de la Guerra Civil

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 22 de octubre de 2008, 04:49 h (CET)
Recuerdo de mis años mozos el revuelo que levantó en el mundo la actuación del senador estadounidense por el estado de Wisconsin, J. Mc.Carthy, y su famosa “caza de brujas”. Por aquel entonces fue duramente criticado por su participación estelar en una famosa comisión del Congreso norteamericano en la que se dedicó a investigar a miembros del gobierno y a famosas estrellas del séptimo arte, para averiguar si estaban en connivencia con los comunistas dependientes de Moscú. Al menos, aquella caza de brujas, tenía una cierta explicación si se tenía en cuenta la situación de tirantez existente entre los dos aliados de la Segunda Guerra Mundial (Rusia y EE.UU), finalizada en 1945. Sin embargo, vean ustedes que, en España, en este país que está padeciendo una de las crisis más importantes de su historia y ciertamente la más fuerte desde el inicio de la democracia; como no hay otra cosa en la que entretenerse, como que en el país “sólo” quedan pendientes de resolver más de 2.500.000 de pleitos; como que nadie, ni antes ni después del famoso juicio del 11-M, cerrado en falso por el juez Bermúdez, han podido determinar quienes fueron los que lo planearon y lo impulsaron; como que no sabemos en que emplear mejor el dinero de nuestros impuestos, nos aparece este personaje, este juez “estrella”, este demagogo de la Justicia y despendolado imitador de los caballeros andantes “desfacedores de entuertos” y, con toda tranquilidad, con la soberbia propia de la más absurda autosuficiencia, se declara, señores, competente para la búsqueda de desaparecidos de la guerra civil y para pedir responsabilidades penales a aquellos que lucharon en el bando nacional. Los del bando republicano, los rojos, los de las brigadas del amanecer, y las patrullas de la CNT, los de las chekas de Madrid, Valencia y Barcelona y los responsables de las matanzas Paracuellos y Aravaca, no, esos no fueron responsables, para Garzón, de los “crímenes contra la humanidad”, los otros sí. Sí porque unos son de izquierdas y otros de derechas y, ya se sabe, por lo del relativismo: una vara de medir para unos y otra, más corta, para los otros.

Ahora, infelices de nosotros, no enteramos del porqué el ministro de Sanidad, señor Soria, se ha dado cuenta que con lo de la crisis los españoles estamos más necesitados de ayuda contra los desvaríos mentales y la locura. Hemos entrado en la época de los espejismos del juez Garzón, de su particular interés por el espiritismo y sus andanzas en busca de los ectoplasmas de los fallecidos de la Guerra Civil. No está seguro de que el general Franco falleciera en 1976 y repose bajo una losa de mármol; no se fía de que el general Queipo de Llano esté criando malvas, en un cementerio de Sevilla, desde el año 1951 (por cierto que, él solo con un puñado de soldados nacionales, fue capaz de hacerse con Sevilla con un par de narices y aprovechándose del desconcierto de los mandos republicanos). Me temo, amigo Baltasar, que si fuera cierto lo de que el “caudillo” estuviera todavía vivo, el éxodo de republicanos, comunistas, socialistas y demás elementos pertenecientes al ejército republicano, que huyeron despavoridos, a principios de Julio de 1939, hacia la frontera francesa; no sería nada comparado con la estampida que se produciría entre las filas de la izquierda que con tanta “valentía” pretenden ganarle la guerra a Franco setenta años después de haberla perdido.

Pero nuestro juez de la Audiencia Nacional, está empeñado en iniciar un macabro juicio virtual, sentando en el banquillo de los acusados a los que ganaron la guerra y, por ende, se mantuvieron en el poder 40 años sin que estos valerosos socialistas que entonces “no existían” que no hicieron nada para derrocarlo del poder, que tuvieron que valerse de los comunistas para la resistencia clandestina, y que aparecieron, como por arte de birlibirloque cuando las derechas, en 1976 les tendieron una mano y les colocaron, no por méritos propios, sino en aras de buscar la concordia entre todos los españoles, en los escaños del Parlamento y el Senado. ¡Hay que buscar a los desaparecidos! No los fusilados por los rojos, sino los de la República, los que no se atrevían a gritar ¡Viva España!, porque sabían que esto no estaba permitido en el bando rojo y tenían que gritar ¡Viva Moscú!, o ¡Viva el proletariado¡ o ¡Viva Stalín!. Franco, Queipo de Llano, Moscardó, Millán Astray, José Antonio Primo de Rivera y un largo etc. incluido el asesinado Carrero Blanco, con las esposas puestas, respondiendo por haber querido limpiar España de las hordas dirigidas desde Moscú, con material ruso y mandos rusos.

Y ahora, señor Garzón, ya que tan belicoso se nos muestra, ¿para cuándo los juicios contra los crímenes contra la humanidad, que usted dice que no prescriben, para Stalin, Lenin, Fidel Castro, Bin Laden, Churchill, o los responsable del lanzamiento de las bombas atómicas ( la Litle Boy y la Fat man) sobre Nagasaki e Hiroshima, los EEUU, bajo la presidencia del señor Truman, un demócrata por cierto? O ¿debemos suponer que, como por cierto ha venido demostrando en sus intentos de enjuiciar a Pinochet, Videla etc, sólo le ponen los tiranos de derechas? Miren, ahora acaba de fallecer uno de los criminales más importante de la historia, el líder de los jemeres rojos, Pol Pot y su impresionante colección de calaveras, ¡este sería un buen trofeo para el juez Garzón! Y ya puestos, porqué no el mismo Mao Tse Tung y sus limpiezas étnicas de millones de “desafectos” al régimen comunista. Decidido a no dar golpe en su trabajo de juez de la Audiencia, lo mejor sería que lo “liberaran”, como se hace con los sindicalistas, y le dejaran que se dedicara usted, a full time, a juzgar a la pléyade de reos de crímenes contra la humanidad, empezando por Diocleciano, Atila y Gengis Kan y acabando por cualquiera de estos pequeños tiranos, pero grandes exterminadores tribales, de las democracias africanas. Quizá así estuviera usted entretenido y dejara de incordiar al pueblo español, intentando reabrir heridas que ya estaba cicatrizadas, algo que debiera usted saber que es como destapar la caja de Pandora, de la que nunca se sabe lo que puede ocultar en su interior pero, en cualquier caso, nada bueno para España y los españoles que son, no lo olvide, quienes le pagan su sueldo.

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