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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El cambalacheo de los Presupuestos G. del E.

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 21 de octubre de 2008, 04:48 h (CET)
Es un espectáculo bochornoso de ver como nuestro Gobierno va por ahí mendigando a los partidos nacionalistas para que le ayuden a que salgan adelante los Presupuestos Generales del Estado para el año 2009. Y digo que es vergonzoso, por la sencilla razón de que todos, en España, menos el señor Solbes y el Gobierno del señor Zapatero, sabemos que estos presupuestos están obsoletos, aún antes de que sean aprobados. Nos da la sensación de estar presenciando un camanduleo como el que se traían entre manos los reyes de la edad media y los miembros de la nobleza con los prestamistas judíos que, poseedores de verdaderas fortunas, se valían de las usuras a las que sometían a sus prestatarios, para obligarles a favorecerles en su negocios y para conseguir prebendas que, de otro modo, nunca hubieran podido alcanzar. Vale decir que, en el castigo tenían la penitencia, porque cuando el rey o el noble se veía entre la espada y la pared y no podía devolverles los préstamos recibidos a sus acreedores, solían valerse del recurso de acusar, a aquellos que les importunaban con sus reclamaciones, de ser judíos relapsos lo que les permitía decretar una de las famosas persecuciones contra ellos, argumentando que, bajo su apariencia de “conversos”, continuaban practicando su religión judía. Así fue como muchos de aquellos aprovechados tuvieron que pagar con su vida, abrasados en las hogueras de la Inquisición, su codicia, aunque su pecado no hubiera sido otro que el haber calculado mal su táctica para cobrar la deuda.

El hecho de que el rechazo a los presupuestos pergeñados por el Gobierno haya sido general; que tanto desde el Banco de España como desde todas las estancias económicas del país se haya objetado que, tal como están concebidos y debido a la evolución que, en estos últimos tiempos, han sufrido la economía y las finanzas; el proyecto debería haber sufrido un drástica revisión, que le permitiera al Gobierno enfrentarse al gran reto que se le presenta, ante el agravamiento de las consecuencias de la crisis que, tanto desde dentro de España como desde todas las entidades financieras, el FMI, y los bancos reguladores, se están pronosticando para el próximo ejercicio; debiera haber sido una llamada de atención para el Ejecutivo que le hubiera inducido a revisar sus primitivos planteamientos. Con la intransigencia de que viene haciendo gala el señor Zapatero y con su empeño en querer olvidarse de la realidad, para que no se pueda decir que España está tan tocada como cualquier otra nación, si no es que lo está más, prefiere subordinar el bien general de los ciudadanos, la posibilidad de buscar acuerdos provechosos para aminorar los efecto nocivos de la recesión y aplicar una política verdaderamente efectiva para reactivar la confianza de las empresas y permitirles los medios para modernizarse y mejorar su productividad; a lo que son sus intereses de partido, a su desorbitado endiosamiento y a su temor de proporcionarle a la oposición la oportunidad de aportar algo positivo que pudiera rentarle algunas posibilidades de mejora electoral.

Así vemos que, en lugar de preocuparse por los españoles, el señor ZP ha buscado la complicidad interesada de las autonomías vascas y gallega, que han sabido sacar de la necesidad del presidente del Gobierno las correspondientes “tajadas” que, por supuesto, no han servido para mejorar la situación del resto de los ciudadanos, sino que se han limitado a barrer para casa, con la habitual falta de solidaridad que se está poniendo de moda entre nuestras autonomías que, desoyendo el mandato constitucional, han comenzado una carrera, al estilo de aquella famosa del Far West, en la que los colonos americanos competían en velocidad para poder marcar a su nombre las mejores tierras de labranza; sólo que, en nuestro caso, se reduce a rivalizar en chantajear al Ejecutivo para ver quien consigue más. En este caso el BNGA se ha llevado una suculenta tajada de 125 millones de euros y el PNV, en el lápiz digital que nos mostraba su negociador, ha conseguido un pellizco de ochenta y pico de millones. CIU, en esta ocasión, se ha reservado, sabiendo que un acuerdo sin su apoyo no tiene las garantías de salir del Parlamento, aunque sea formalmente aprobado, lo suficientemente robustecido para inspirar confianza.

En fin, si no fuera porque ya nos hemos ido acostumbrando a las salidas de tono y la incompetencia de quienes nos gobiernan, si no supiéramos de sus carencias y de sus temeridades y no fuéramos conscientes del peligro que entrañan para los españoles cada una de sus decisiones, podríamos escandalizarnos; pero ya estamos saturados, máxime, cuando podemos constatar que la ciudadanía parece que no se da cuenta de lo que nos estamos jugando, de la precariedad de los empleos, del aumento de la crisis y del goteo, mejor dicho, chorro, incesante de desempleados haciendo colas para inscribirse en las Oficinas de Empleo. Y todo esto, cuando justo acabamos de entrar en la crisis y los anuncios de los entendidos –que nos pronostican que vamos a padecerla dos o tres años más, suponiendo que no se complique más las cosas y que se tomen las medidas adecuadas para enfrentarnos a ella –; nos hacen presagiar lo peor. De momento, no parece que el gran anuncio conjunto de la UE y los EE.UU por el que se han ofrecido miles de millones de euros para los bancos, haya hecho mucha mella en los ciudadanos que no acaban de entender que el dinero se haya entregado para solucionar los problemas de aquellos que son los culpables del desencadenamiento de la crisis y por otra parte, no se hayan tomado otras medidas que favorecieran, más directamente, a las familias y a las pequeñas empresas que son aquellos más afectados por esta debacle de la economía.

Será de ver como podrá capear el Gobierno este temporal, cuando ya es evidente que las ayudas extraordinarias previstas, por mucho que nos lo quieran hacer creer, no son más que poyos de orden psicológico para que nos creamos que todo está solucionado. Y digo esto porque se calcula que los constructores les deben del orden de 400.000 millones de euros a las entidades financieras, con lo que los 100.000 millones de aval ofrecidos por el Estado a los bancos, para garantizar la Deuda Privada que emitan; resultan, a todas luces, insuficientes para paliar una situación tan complicada y compleja. Se confía en que las emisiones se cubran y con ellas los bancos puedan hacer frente a sus obligaciones más inmediatas con el BCE, a quien deberán devolver los préstamos concedidos y sus correspondientes intereses; pero so olvidan que primero se han de colocar y, así como está la confianza de los inversores, está por ver si van a conseguirlo. Una situación complicada que, como es habitual, se nos oculta a los españoles para ver si manteniéndonos en la inopia consiguen sostenerse en el candelero hasta que lleguen la nuevas elecciones y, como es ya costumbre, los descerebrados de siempre y los que chupan del bote, los vuelven a votar.

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