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Indicios decisivos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 20 de octubre de 2008, 05:45 h (CET)
De lo que nos sucede a diario, de los acontecimientos, apenas nos percatamos de pequeños DETALLES; muchos otros, se diluyen con el tiempo, se olvidan sin remisión. Los hay intrascendentes, su olvido no representa ninguna pérdida que lamentemos. Por el contrario, existen otros detalles que reflejan condiciones y actitudes de grandes repercusiones, cruciales, para el desarrollo de una vidas con las mejores vibraciones. Si se dan las buenas condiciones, se notan menos. Cuando faltan, la marea nefasta de agresiones, corrupciones, asesinatos, terrorismos; invaden el entramado social.

¿Dónde se aplican esos detalles?¿Qué hacemos con los datos recogidos? Valeria Burgio, en el nº 325 de la Revista de Occidente, nos recuerda algo de esto. Repasa lo acaecido en Roma en 1972, el palestino Wael Zaiter fue asesinado por la Mossad de agentes secretos israelíes. Durante ese año, los terroristas palestinos habían provocado el secuestro y masacre de varios atletas israelíes, en Munich y durante la Olimpiada. Tras una desacertada actuación de la policía alemana, se desencadenó una feroz represalia por parte del gobierno judío de Golda Meir. En esa persecución se perpetraron varios asesinatos en diversas partes del mundo. Entre ellos, el de Wael Zuaiter. ¿Se trataba de un terrorista?¿Cómo percibe y asimila la sociedad estos sucesos? Hechos de este calibre se producen en las más diversas latitudes. ¿Qué sensibilidad, qué reacciones ante los mismos?

Uno. Aunque los ciudadanos consideremos a la pesquisa POLICIAL como el instrumento adecuado para enfrentarse a los dramáticos terrorismos, aunque esa persecución se lleve a cabo con energía; con frecuencia se verá sobrepasada por la brutalidad de las agresiones o por la magnitud de la masacre. La legislación deriva en múltiples vericuetos. Resulta acomodaticia e insuficiente esa descarga total de la respuesta en los cuerpos de seguridad. ¿El resto a lavarse las manos?

Dos. ¿Qué responden los AMIGOS más directos y familiares? Si lo son de las víctimas, la pesadumbre y el duelo se unen a una ira contenida; este será un riesgo nuevo, una potencial emergencia de nuevos fanatismos, agrandando la espiral de actos violentos. Cuando lo son de los agresores, observamos una tendencia dominante, la de detenerse en la consideración de subterfugios, desviaciones del hecho luctuoso; con algo mucho peor, el olvido y menosprecio de las víctimas.

Tres. No faltan los corifeos oportunistas. Alejados de los lazos familiares que pudiéramos calificar de atenuantes, se dedican a una HAGIOGRAFÍA para la presentación de los agresores como auténticos sujetos sacralizados. El análisis de los hechos quedó postergado. El encumbramiento dirigirá las proclamas, homenajes y manifestaciones de estos corifeos. El grueso de la gente y las éticas elementales, les importan bien poco.

Cuatro. Es importante reseñar aquí el AJUSTICIAMIENTO vengativo, sobre todo si viene promovido por las estructuras estatales. Las pruebas contundentes, no siempre lo son. Aún si lo fueran, la respuesta ajena a los mecanismos judiciales, entraña una gravedad notoria. Con una breve observación de las hemerotecas, veremos ejemplos en Israel, Argentina, Colombia, España, África, China. ¿En qué medida es consecuente la respuesta social? ¿Estamos ante un conformismo de colaboración?

Una actitud distante se convertirá en un acompañamiento permisivo de los desmanes. Si estimamos la gravedad de determinados comportamientos, si aspiramos a una convivencia sana, no podremos permanecer al margen. Se requerirá una DELIMITACIÓN coherente de las actitudes y los pormenores. Los puntos de vista diferirán; por fuerza, cada persona calibra las circunstancias con variaciones inevitables. Casi por definición, nadie dispone de la capacidad suficiente para adueñarse de las ideas y proyectos. Por ese motivo, el análisis y la valoración de acontecimientos y conceptos; exige una puesta en común. No sirven de excusa las tendencias informativas o las apariencias interesadas. O estamos o no, simplemente.

De lo anterior se deduce una RESPONSABILIDAD manifiesta de cada ciudadano. Desde la indolencia más negada, a los comentarios displicentes, la pereza, el voto o la crítica; desde estas y otras maneras, el grado de implicación se vislumbra. Es muy incómodo eso de ceder la responsabilidad a una institución, pero estas no deciden, lo harán los personajillos interpuestos. El GAL, el Mossad, etc., se generaron por gente aceptada en otras actuaciones; no se entró en la delimitación comentada. Hay nombres, apellidos, votos, colaboraciones. Se desarrollan homenajes de toda una ciudad o de un estado al completo, hacia sujetos de comportamientos crueles. Si añadimos los nombres de Franco, Carrillo, Paracuellos, la actualidad nos avasalla. Los silencios son también encubridores. ¿O no sucede todo esto?

Cada uno actuamos en unas COTAS de aproximación, variadas y complejas. Las preferencias y gustos personales representan los primeros impulsos, su orientación ya requiere un filtro racional; de lo contrario, nos acercarán a los dislates posteriores. En los pasos siguientes, influye la transgresión de los valores constituyentes de la persona; como tal, no podrá prescindir de su contacto con los demás. Mientras las actitudes inconvenientes incidan en el propio protagonista, la dimensión de los hechos disminuye, allí quedan. Se agravan las repercusiones cuando afectan a otra gente, con la gravedad derivada de las agresiones, asesinatos o abusos del género más diversificado. Por eso son decisivos los indicios, se refieren a implicaciones importantes. Y nosotros, más o menos apegados a ellos.

¿Cómo afrontamos estas relaciones con los avatares diarios y sus consecuencias? Prolifera un notable desdén por los indicios decisivos y por los demás individuos. ¿O diríamos que siempre existió? Viejo desdén o novedoso, resultará pertinente el planteamiento de la TOLERANCIA con que convenga afrontarlos. Tolerancia alta con reparos, si nos referimos a los gustos individuales. Media y condicionada, cuando se prescinde las cualidades mejores. Con nula permisividad, si se invade el terreno del otro. Los indicios y como se toleren, nos conducirán al final, a un tipo de vida meserable o atrayente.

Decididamente, uno puede estar confuso, atravesado de dudas o equivocado, es habitual que transitemos por esos estados. Sin embargo, los actos de extrema corrupción y crueldad, no son tan difíciles de detectar. Son COLOSOS de la MALDAD, reparten abundantes indicios por su entorno. Los puntos de vista, las dudas o los argumentos, no parecen una máscara suficiente para el encubrimiento de actuaciones degeneradas y deleznables. En el caso de aceptarlas y rendirles homenajes, seremos como ellas, sin más subterfugios.

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