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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El aborto y la empatía

Antonio García-Palao
Redacción
martes, 21 de octubre de 2008, 05:15 h (CET)
Para mí abortar es matar, como lo es toda acción que suponga quitar la vida a otro ser vivo sin respetar su derecho a ella. El ser humano lleva haciéndolo miles de años a diario en todas las formas imaginables. Mata animales para comérselos, también por diversión o por deporte, mata al enemigo en la guerra, mata incendiando o talando los bosques, y desgraciadamente hoy mata bebés abortando su vida.

En todas las religiones se defiende el derecho a la vida pero en pocas se observa su cumplimiento. El "No matarás" de la ley mosaica no prevalece más. Pocas son las culturas y religiones vegetarianas aún cuando el beneficio para la salud es incuestionable. Grandes líderes espirituales y pensadores a lo largo de la historia como Gandhi, Pitágoras, Schweitzer, Emerson, Cicerón, Plutarco, Shopenhauer, Nietzsche, Voltaire, Kant, Ovidio y otros muchos lo defendieron con su ejemplo.

Oriente, cuna de todas las religiones, conserva y enseña el respeto por todas las criaturas de Dios. Hinduismo, Budismo y Jainismo son buena prueba de ello con cientos de millones de vegetarianos y defensores de los animales. El Dalai Lama, homólogo de Su Santidad el Papa lo ilustra. En el pasado los Esenios, Gnósticos, Pitagóricos, primeras comunidades cristianas y judías abrazaron el vegetarianismo como forma de vida, respetando la vida de todos los animales como hecho imprescindible para el desarrollo armónico y espiritual de la humanidad.

Occidente ha alcanzado cotas fabulosas de bienestar social, de espíritu democrático, de avances tecnológicos que son un modelo a seguir por muchos pueblos de la tierra, pero pocos son los ciudadanos que despiertan su empatía con el sufrimiento ajeno incluido el de los animales. No es de extrañar que ahora la sociedad no se escandalice ante leyes abortistas que se parapetan hipócritamente en el derecho individual para eliminar en una sola legislatura tantos niños como personas murieron por ejemplo en la guerra civil española.

Algún día habrá que reformar la ley de la memoria histórica para resarcir con pleno derecho la dignidad de los niños muertos en las infames clínicas abortivas, como también algún día se terminará con el holocausto diario de los pobres animales que mueren innecesariamente en los horribles mataderos de nuestras durmientes ciudades.

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