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José Blanco y su problema de credibilidad

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 19 de octubre de 2008, 07:35 h (CET)
Si debo serles sincero, el tener que hablar del señor Pepiño Blanco, el Pepito Grillo del PSOE, me resulta ya aburrido, desagradable y, por añadidura, me pone de los nervios. Uno puede estar de acuerdo o no con los planteamientos de otra persona, puede diferir de sus orientaciones políticas e, incluso puede abominar de sus principios morales pero, si la persona con la que uno discrepa es alguien preparado, con amplios conocimientos sobre la materia de que se trata y con un bagaje intelectual de acreditada solvencia, no cabe duda de que la discusión puede resultar enriquecedora y los argumentos expuestos por el contrario dignos de ser tenidos en cuenta. En el caso del señor Blanco lo único que podemos encontrar en sus arengas no es otra cosa que el resultado de un adoctrinamiento político que no le permite contemplar la realidad con objetividad y razonar con un mínimo de sentido común. Un sujeto que ha hecho del enchufismo su manera de prosperar en la vida; un elemento que se debe íntegramente al partido para poder subsistir y un camaleón político a quien no le importa cambiar de argumentos tantas veces como haga falta si, con ello, consigue desviar la atención de los ciudadanos de los errores garrafales que, tanto en el ámbito económico, como en el político o en el de la ética y la moral, están cometiendo quienes nos están gobernando.

Y es que uno puede tener sus propias opiniones sobre las causas de la recesión de nuestra economía y los sistemas para hacerle frente, puede preferir el método de Keynes al de David Ricardo (opuesto a las teorías proteccionistas) o su mentor, Adam Smith; pero se ha de ser muy cuidadoso cuando se pretende pontificar sobre la inconveniencia del capitalismo o la conveniencia del estatalismo intervencionista,como métodos opuestos o necesariamente incompatibles. El afirmar a bombo y platillo lo de que “el liberalismo salvaje ha hecho crak” es entrar en un terreno muy peligroso si no se explica antes lo que se entiende en términos económicos por “liberalismo salvaje”. Porque si nos referimos a la necesidad de dejar que la economía se rija por las leyes de la oferta y la demanda o si queremos significar la conveniencia de que los individuos puedan libremente desarrollar sus capacidades, demostrar sus cualidades y montar sus propias empresas sin necesidad de que el Estado los tutele o se inmiscuya en ello salvo en lo que se refiera a garantizar que todo se ha desarrollado dentro de la ley; entonces es evidente que deberemos decirle al señor Blanco que no sabe por donde anda. Si por “liberalismo salvaje”, por el contrario, quiere referirse a los excesos cometidos por diversos bancos o promotores inmobiliarios, abusando de valores artificiosos o de la concesión de créditos no suficientemente garantizados los unos y de la especulación incontrolada de los otros podríamos estar conformes; pero estas imperfecciones del sistema no alcanzan ni con mucho a los efectos deletéreos de una economía dirigida desde el Estado, que tan terribles consecuencias tuvieron para los países comunistas de detrás del antiguo “Telón de acero”

En todo caso, haría bien el señor Blanco en echar la mirada atrás y ver lo que han hecho ellos, los socialistas, para evitar que este “liberalismo salvaje” continuara desarrollándose, sin ninguna oposición del gobierno del señor Zapatero que, dicho de paso, se ha mostrado inoperante en cuanto se refiere a las medidas oportunas para evitar que la gran explosión de la burbuja inmobiliaria se llegara a producir. No sólo han seguido la misma política económica que recibieron del señor Rato, sino que han favorecido a determinadas empresas de la construcción hasta que casi consiguieron que una de ellas, probablemente de sus amigos, diera el pelotazo y pretendiera hacerse con el BBVA. En cuanto a que “el sistema financiero podría llevar a la quiebra a muchas familias” es cierto y por ello no nos queda más remedio que recriminarle a ZP y al PSOE lo que se han demorado en reconocer que llegaba la recesión, lo que han tardado en intentar tomar las medidas adecuadas y que, a la postre, haya tenido que venir desde la Europa del señor Sarkozy, los paños calientes para evitar la gran catástrofe que teníamos en ciernes mientras, ZP, temerariamente, se dedicaba a decir que nuestro sistema financiero era el más fuerte de todos.

Pero nos tememos que hay mucho de hipocresía en estos pretendidos “salvadores de la patría y de los trabajadores”. Porque, veamos señor Blanco, ¿nos puede usted decir cuanto gana cada mes por el puesto que ocupa en el PSOE? Si no estamos equivocados usted disfruta de un magnífico ático cerca de la ría de Arousa (por cierto, sospechosamente cerca de la costa y del límite señalado por la Ley de Costas) y, nos tememos que la crisis a usted no le afecta particularmente, por lo cual lo podemos considerar como un verdadero capitalista. Me gustaría que nos dijera, con la mano en el corazón, ¿si usted está convencido de que ganaría lo mismo si, en lugar de disfrutar del enchufe en su partido, con su preparación académica y sus facultades personales, hubiera tenido que desenvolverse por su cuenta en una industria privada? Me temo que usted sabe que no sería así.

Y dos cuestiones más que nos gustaría que nos aclarase: ¿Qué se ha hecho de aquellas partidas del Fondo de Garantía de las Pensiones que ustedes dijeron que invertirían en Bolsa?; ¿Qué sucedió con las treinta toneladas de oro que vendió el Banco de España y que, ahora, seguramente valdrían un 30 o un 40% más? Un mal negocio. No obstante, ahora proponen que sea este Banco de España, el del señor Ordóñez, el que negaba la crisis; quien sea el que controle el dinero que se les va a dar a los bancos? Dígame usted ¿quién va a controlar al controlador? Y, para finalizar, ¿si no había peligro de crak de nuestro sistema financiero a qué se debe que hablemos de fusiones de bancos, cuando de todos es sabido que estas operaciones sólo se suelen llevar a cabo cuando un banco se encuentra en problemas? ¿Acaso la intervención del Estado en estas operaciones se centrará en poner a personas adscritas al PSOE para dirigir a las entidades fusionadas?

Demasiados interrogantes, excesivos puntos dejados al azar y sobrados atributos los que el señor ZP se ha arrogado para afrontara una carga que le viene ancha y, sin duda, para cuya solución no tiene suficiente preparación. Nos tememos que no vamos a tardar, señor Blanco, en comprobar, para desgracia de los españoles, que todos sus excesos verbales y todas sus profecías propias de nigromante amateur, se van a desmoronar como se desplomaron los muros de Jericó al sonido de las trompetas que tocaron los siete sacerdotes del pueblo israelí que la estaba asediando.

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