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Europa vs. España

Antonio Pérez Gómez
Antonio Pérez Gómez
sábado, 18 de octubre de 2008, 12:34 h (CET)
Menuda la que se ha liado esta semana en Inglaterra y Francia, dos epicentros del balompié europeo, con España como protagonista. O, mejor dicho, cómo nos la han liado los muy avanzados y justos ingleses y franceses a los atrasados y bárbaros íberos que habitamos en esta atávica piel de toro.

Han sido dos vendettas encubiertas.

Quiero dejar claro, y alguna columna ya he publicado en DIARIOSIGLOXXI al respecto, que son execrables y condenables todos los comportamientos violentos y xenófobos que se dan en algunas minorías dentro del mundo del fútbol. Personalmente ya he cargado contra los grupúsculos nazis en las gradas de los campos españoles y ya me quejé amargamente de la indolencia que muestran las autoridades a la hora de eliminar esa lacra. Una falta de diligencia que ahora no se ha visto por parte de nuestros políticos a la hora de defender el honor nacional, mancillado por los casos de esta semana. Y probablemente, quizás esos polvos hayan traído estos lodos. Es decir, que la flagrante pasividad de los responsables en España ha espoleado esta faceta anglofrancesa tan paternalista y ejemplificante (especialmente si el ejemplo es en las espaldas de otro, claro).

Pero analicemos estos disparates por partes. A principios de esta semana, desde Inglaterra se filtraba la noticia (concretamente desde las páginas de “The Sun”, uno de sus más sucios tabloides) de que la selección de Inglaterra no jugaría en el Bernabeu. ¿Motivo? ¡Debido al racismo del público del Santiago Bernabeu! Para morirse.
Recordemos los antecedentes. Hace 4 años hubo un partido amistoso entre ambos países en el Bernabeu que empezó a calentarse por parte de ambas selecciones y en el que algunos jugadores ingleses (especialmente Rooney y Cole) se emplearon de una forma harto contundente. El público, demasiado bullanguero y algo maleducado, la tomó con ambos futbolistas. Pero Cole es negro. Y los gritos de parte del público se centraron en ese hecho. Los impertinentes y cavernícolas sonidos proferidos por algunos (“uh!- uh!”) se clavaron en el orgullo inglés, y ahí quedaron. Grabados a fuego. Años después, han pasado la factura debida. Y lo cierto es que el bofetón ha sido de aúpa. Que una selección, como la de la “civilizada” Inglaterra, se niegue a jugar en casa de una selección de un país europeo y democrático como España por motivos de racismo, es una afrenta a los valores básicos de una nación de enorme calado.
Es un insulto a cada uno de los que nos consideramos españoles, seamos o no madrileños, hayamos estado o no en ese estadio hace cuatro años. Lo peor es que es un insulto que, si bien basado en un hecho tan real como desagradable, se ha sacado de quicio adrede, a destiempo y con malicia, con el frío cálculo de hacer daño, de dar una lección. De nada serviría recordar los continuos casos de racismo en los que ha incurrido Gran Bretaña a lo largo de la historia (algunos de lo cuales repasamos en otra de mis columnas), de nada sirve acordarse del “cariñoso” apelativo con que nos conocen allí a los países europeos latinos y/o mediterráneos: PIGS (jugando con la inicial de los países: Portugal, Italty, Greece, Spain). No sirve de nada por que el amigo inglés tiene la venganza atada y bien atada: porque sí es cierto que esos tontos gritos se dieron.

Pero si esto nos conmocionaba el lunes, al día siguiente se da a conocer la noticia de que la UEFA sanciona al Atco. Madrid con clausurar su campo durante varios partidos por los incidentes protagonizados por los hinchas radicales del O. de Marsella en las gradas del Calderón en la última jornada de Champions.
Aquí no hay medias tintas. Es un dislate de proporciones bíblicas. No hay que perder de vista que los enfrentamientos en la grada comenzaron cuando la policía nacional, siguiendo precisamente los dictados de la UEFA, procedieron a retirar una gran pancarta de índole racista que intentaban desplegar los franceses. Los agentes que allí se personaron, que ni siquiera llevaban su equipo antidisturbios debido al carácter aparentemente tranquilo de su misión, fueron recibidos con una violencia inusitada. Fue tal la virulencia de la respuesta de los radicales del Olympique, que unidades de antidisturbios, ahora sí, tuvieron que emplearse a fondo para poder llevar a cabo su cometido.
Y no hay más. El Atlético ha sido sancionado por una actuación legítima de la policía nacional que intentaba sofocar las actitudes racistas de los ultras franceses. ¿Verdad que es surrealista? Pues no del todo. Porque ahora es cuando hay que tener en cuenta que Platini, como presidente de la UEFA y muy francés él, ha puesto un empeño personal en que se sancione a los colchoneros. Un empeño rayano en la venganza. ¿Por qué? Pues ahora viene lo mejor: desde los medios galos se le viene colocando al cabecilla de los disturbios, detenido y retenido en Madrid por los incidentes, en un estado casi de santidad en martirio, y en las televisiones de allí se muestran las imágenes del angelito siendo tratado de muy malos modos por los agentes españoles. Esto ha desatado una corriente de simpatía a favor de los pobres radicales marselleses y en contra de la tercermundista y franquista policía española. Campaña que desde luego ha debido afectar y mucho a la sensibilidad de los directivos galos de la UEFA, que son legión, por cierto, para que hayan sancionado de semejante forma a los del Manzanares.

Ahora, con cada vez más y más medios europeos cuestionando la sanción, no saben como envainársela. De momento, han aplazado el cumplimiento de la misma en el partido contra el Liverpool de la semana que viene, pero no saben qué hacer. Si seguir en el jardín en que se han metido o reconocer su error. Preveo por la peor de las soluciones: una cosa intermedia que deje insatisfechos a marselleses y a españoles.

Como pueden ver, nos han dado “para el pelo” desde dos frentes contrapuestos y me atrevería a decir que contradictorios. Una por tener actitudes “racistas” y otra por “exceso de contundencia” en la lucha contra ese racismo en las gradas. Como digo más arriba, los políticos se han apresurado a salvaguardar las apariencias de un país pacífico y moderno. Eso está bien. Pero a mi me hubiera gustado ver esa reacción rápida y combativa contra los radicales que sí existen y se dejaron ver, por ejemplo, en los últimos derbis sevillano y barcelonés.

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