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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

No, para los españoles, sí, para Fidel Castro

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 18 de octubre de 2008, 12:24 h (CET)
Hay cosas que resultan difíciles de entender en una democracia, que se supone que, ante todo, tiene por misión apoyar la libertad de opinión, expresión y de ideario político de los ciudadanos que son, en definitiva, los que deberían conducir, a través de sus opiniones y directrices el rumbo de quienes tienen el deber y la obligación de interpretar el sentir de los españoles para encauzarlo en provecho de toda la masa ciudadana de la nación. Cuando, por cualquier medio coercitivo, se conculcan estos derechos por parte de los que ejercen el poder de una comunidad, también se están dinamitando las bases de los derechos democráticos y, el que ocupa indignamente el cargo de máximo responsable del país,deja de ser un demócrata para convertirse en un dictador o tirano que queda deslegitimado para continuar ejerciendo su mandato. Nadie duda de que, en la Cuba de hoy en día, a pesar de algunos tímidos atisbos de intentar dar la apariencia de un pueblo en libertad (el ejemplo de los teléfonos móviles es una muestra de hasta donde puede llegar la incoherencia de un gobierno absolutita, cuando permite a sus súbditos que puedan adquirirlos pero, a causa de sus elevados precios y el bajo nivel de vida de los cubanos, casi nadie puede adquirirlo), continua vigente la dictadura comunista.

Pues vean ustedes como se ha perpetrado otra de las hazañas del señor Moratinos, empeñado en ponernos en ridículo, a los españoles, en cada una de sus actuaciones. Ahora resulta que, a pesar de que en Cuba se sigue manteniendo en la cárcel a todos aquellos que se atrevieron a opinar en contra del gobierno; a pesar de que hace pocos días fue expulsada del país una cooperante española sin que nadie diera explicaciones del motivo de tal acto y a pesar de que el señor Pérez Roque, su homólogo cubano, en Madrid y en su presencia, afirmó categóricamente que “nadie debe hacerse ilusiones, porque no habrá reformas que se salgan del marco de la revolución”; en España se le continúa bailándole el agua al régimen bolchevique vigente en aquella isla caribeña . En efecto, es evidente que cualquier persona, en su sano juicio, no va a hacerse ilusión alguna de que, mientras los Castro tengan acogotada a Cuba manu militari y sojuzgados a sus ciudadanos, para mantenerlos en la miseria de una economía de estado y bajo el mayor adoctrinamiento marxista del que es capaz el régimen cubano, maestro de la demagogia; haya posibilidad alguna de que, en Cuba, sus habitantes puedan recuperar sus libertades y consigan ponerse a la altura del resto de democracias.

Sin embargo, llega a tal punto la incoherencia de nuestro Gobierno; a tal grado de proselitismo izquierdoso y a tal extremo de fanatismo que, en un momento en el que en España se está debatiendo el comprometer el 15% de nuestro IPB en ayudar a salir del atasco a nuestro “ inquebrantable sistema financiero”, según ZP; que se anuncian fusiones bancarias para evitar males mayores y que en España estamos por encima de los 2.600.000 parados y rumbo a los tres millones a fines del 2008; aparece el señor Moratinos, con la paloma de la paz en su mano izquierda y la cornucopia de la abundancia en su mano derecha, para derramar un chorro de euros en las hambrientas fauces del régimen castrista. Si los 24’5 millones de euros que se les ofrecen, al menos en teoría, (faltaría ver el destino que les va a dar por la dictadura cubana) son para remediar los daños de los ciclones tropicales que soportó la isla; una actitud, hasta cierto punto admisible; los 400 millones de deuda que tiene Cuba con España, ya se trata de higos de otro costal. Cuando un país como el nuestro, está sumergido en una crisis sin precedentes, estos gestos de “regalar”, “condonar” o, llámenlo ustedes como les de la gana, cuatrocientos millones de euros que tanto nos hacen falta en España, no es un gesto de amistad hacia Cuba, que por supuesto no se lo merece por ser una de las tiranías más consolidadas del Caribe, sino que se trata de un acto de despilfarro del dinero de los españoles, de lo que hemos pagado con nuestros impuestos. Se trata de un robo a mano armada cometido por el Gobierno a costa de las Arcas del Estado y una traición a los españoles que están en apuros económicos; que ven, atónitos, como un gobierno socialista se desentiende de sus problemas para favorecer al tirano Fidel Castro.

Y es que, este Gobierno de ZP, ya se ha olvidado de que, en España los temas importantes se deben tratar en el Parlamento de la nación, que es dónde reside la soberanía española. ZP, constituido en gobernante absolutista, ya ha aprendido a prescindir de la oposición, del Parlamento y del poder judicial, atribuyéndose como César, todas las atribuciones de los tres poderes para actuar, en calidad de tirano, a su antojo e imponernos su particular concepto de lo que debe ser España. A él no se le ha puesto al frente del Gobierno para conducir la nación dentro de lo establecido en la Constitución de 1978, no señores, él, ayudado por los nacionalistas (que ahora tanto gritan para que se les de más dinero y más autonomía), ha decidido danos el cambiazo; transformar España en un estado tipo Venezuela, dominado por lo que él ha decidido que sea la nueva nación, la nueva moralidad, la ética progresista y la limitación de las libertades;para convertirla en un feudo inexpugnable de la izquierda, inmune a cualquier intento de los ciudadanos de restaurar la alternancia democrática.

Ahora lo tiene a tiro. La oposición de Rajoy ya ha claudicado, no hay quien alce la voz de la sensatez en esta España irreconocible en la que nos hemos convertido. El PP ha dejado de existir, al menos como partido defensor de unos ciertos valores e ideales, para quedar convertido en un semillero de discordias internas y un mero facsímil o remedo de lo que fue, cuyo único objetivo es intentar conseguir el poder, sin preocuparse de si, para ello, ha de dejar los despojos de lo que fueron sus prioridades morales y éticas por el camino. Mal va. Y digo que lleva mal camino porque, si algo lo mantenía al frente de diez millones de votantes, como alternativa al PSOE; era, precisamente, su fortaleza doctrinaria, su defensa de la unidad de España, de sus tradiciones, de la lengua y de la religión. Ahora, desprendido de estas características, de él ya no queda más que la cáscara, hueca de significado y vacía de contenido, de lo que fue una formación política defensora,, a ultranza, de los valores tradicionales sustentados por aquellos que no hemos querido caer en el fango de la traición a España y en el detritus de la moral relativista.

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