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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Lo barato sale caro

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
jueves, 16 de octubre de 2008, 08:22 h (CET)
Cuando de joven llegaba a mi casa entusiasmado por haber comprado algo barato, mis mayores me repetían que siempre lo barato sale caro. He recordado aquella frase ahora con motivo de la famosa crisis, pues parece que nos va a salir bastante caro el dinero barato que con tanta fruición hemos utilizado durante años.

En buena parte de los años ochenta y noventa, los préstamos que podíamos conseguir de una entidad financiera tenían un interés del catorce por ciento o más y siempre por un importe bastante inferior al precio de tasación del bien que se ofrecía en garantía.

A partir de un determinado momento, las altas autoridades económicas decidieron abaratar el precio del dinero interbancario, el que unos bancos prestan a otros, y el interés de los préstamos bajó a unos niveles que nos parecieron fabulosos.

Las entidades financieras, que obtienen buena parte de sus beneficios de los intereses de las cantidades que prestan, al ver reducidos tales intereses, rápidamente decidieron aumentar el número de préstamos. Cuando los depósitos de sus clientes ahorradores fueron insuficientes, aprovechando la baratura del dinero, consiguieron préstamos de otras entidades nacionales o extranjeras para disponer de más recursos para prestar.

La gente vio que no necesitaba ahorrar para comprarse una vivienda ya que podía adquirirla ahora y pagarla en treinta años, pues se la iban a financiar al cien por cien o más del valor de compra. No sé si el ansia de poseer una vivienda en propiedad estimuló la construcción o fueron las inmobiliarias las que estimularon el deseo de comprar. Aquella ley Borrell que liberalizó los arrendamientos urbanos, no representó una oferta de viviendas en alquiler interesante. Mejor que pagar un alquiler, pagar el plazo de la hipoteca ya que el piso o el adosado se revalorizaban de forma imparable. ¡Oh maravilla, sin ningún esfuerzo éramos más ricos!

Las inmobiliarias y constructoras de viviendas se lanzaron a urbanizar todo lo urbanizable (y lo no urbanizable) con la financiación de dinero barato que le facilitaban las entidades bancarias y de ahorro. No hay duda de que han tenido grandes beneficios, que no dedicaron a financiar sus propias obras sino a otras cosas. Constructores con yate, avión o coto de caza son bastante conocidos. Otros, o los mismos, se han dedicado a la compra de paquetes de acciones de otros sectores y otrs especulaciones. Cada nueva urbanización era un nuevo préstamo de las entidades financieras.

Hasta que la burbuja inmobiliaria estalló en Estados Unidos, que fue donde empezaron esta ingeniería económica de préstamos baratos. El estallido se propagó por Europa y nos alcanzó de lleno. Mucho más porque la construcción era casi nuestra única industria.

La demanda de nuevas viviendas se vino abajo. Las urbanizaciones en marcha se paralizaron. El desempleo comenzó a crecer y así sigue. Muchos compradores de viviendas, perdido su empleo, no pueden hacer frente al pago de los plazos de la hipoteca. Las constructoras ¡que tanto dinero habían ganado!, se declaran en quiebra o en concurso de acreedores, como ahora se dice. La morosidad y las quiebras amenazan a las Entidades financieras, que se encuentran además con el problema de tener que devolver a corto plazo el dinero que recibieron de otras Entidades.

Ahora los gobiernos tratan de salvar a las Entidades Financieras, para evitar que los clientes ahorradores se vean perjudicados, y se lanzan a garantizar el reembolso de sus cuentas hasta determinados límites, aumentando hasta no sé cuanto el Fondo de Garantía de Depósitos. Pero ¿de dónde saldrá el dinero para ello? Se habla del Tesoro, pero los ciudadanos no tenemos mucha idea de donde está tal Tesoro. Si se trata de nutrir este fondo con Deuda Pública parece ser que las últimas emisiones no han resultado eficaces. Por ahora parece imposible hacer funcionar la máquina de hacer billetes…

Comprendemos que si todos los depositantes de dinero de una Entidad se presentan a retirarlo no podrían ser atendidos. Pero el miedo es contagioso y no sería una sola Entidad la que sufriera la situación y si son muchas ¿qué fondo podría entregar a cada reclamante su dinero contante y sonante?

Quizás podría resolverse la situación o parte de ella si se encontrara algún mecanismo que hiciera aflorar el dinero oculto en cajas fuertes. Este dinero si que es un verdadero tesoro, pero sus poseedores posiblemente no estén dispuestos a sacarlo y menos en este momento, a menos que se le ofrecieran unas condiciones tentadoras.

Los préstamos que nos parecieron baratos nos están resultando bastante caros. Parece cierta la frase del principio: lo barato sale caro.

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