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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

La democracia secuestrada por los partidos

Sergio Brosa
Sergio Brosa
lunes, 13 de octubre de 2008, 23:41 h (CET)
Particularmente en esta época de desencanto económico, por usar un eufemismo y no echar más leña al fuego, somos más conscientes de lo alejados que están los gobernantes de los intereses reales de los ciudadanos, también llamados administrados. Y francamente, disgusta sobremanera la forma en la que nos administran. Únicamente se ocupan los políticos con mando, pues la mayoría carecen de él por muy buen escaño que tengan en el parlamento al que pertenezcan, de lo suyo y sus afanes partidistas que les lleven a perpetuarse –fútil anhelo– en la poltrona gubernativa.

En efecto, el partido en el gobierno dice querer buscar amplio consenso para poner paños calientes a la coyuntura económica, pues mucho más no se puede hacer sin voluntad de servicio al país y de sacrificio sobre todo. Y comienza por reunirse con los altos financieros, en reunión formal pero sin papeles ni mesa de trabajo; al menos así nos lo presentaron los medios.

Al rato, se descuelga el presidente Zapatero con unas medidas económicas extraordinarias, tales como elevar la garantía de depósitos a 100.000 euros, de los 20.000 actuales y a inocular en el sistema financiero un fondo de 30.000 millones de euros sin explicar cómo; ampliable hasta los 50.000 millones.

Se reúne posteriormente con los representantes sindicales y con la patronal. Pero aún no se sabe cuándo va a darle audiencia Zapatero a Rajoy para convenir entre los dos grandes partidos, las líneas maestras que han de resultar el bálsamo paliativo de esta crisis que nos atenaza.

Rajoy dio el primer paso para el acercamiento a Zapatero el 27 de septiembre, proponiendo un pacto de Estado para “generar confianza y robustecer la mermada credibilidad de España”. Y en consonancia con los pactos de la Moncloa incluiría la aprobación de los presupuestos para el 2009, previa redefinición de los mismos. La reacción de Zapatero fue inmediata; al día siguiente. Y se mostró dispuesto a buscar puntos de encuentro con el líder del PP sobre la situación.

El 92,3% del electorado español o sea los votantes efectivos del PSOE y del PP juntos, soltaron un leve respingo de incredulidad positiva en la ingenua creencia de que sus partidos de preferencia iban a ponerse de acuerdo en una situación económica tan escalofriante como la que tenemos encima.

Pero nada más lejos de la realidad, pues la democracia la tienen secuestrada los partidos políticos para su exclusivo uso y abuso en una nauseabunda manipulación de la voluntad ciudadana manifestada cuatrienalmente. Y ahí acaba la democracia. Y desde luego no empieza, pues en tanto no haya un sistema electoral de listas abiertas, en este país no habrá una democracia plena en el instante de las votaciones. Luego veríamos si sigue la legislatura como hasta ahora o la hacen cambiar los diputados elegidos directamente por los ciudadanos y no los designados por los aparatos internos de cada uno de los partidos políticos.

Rodríguez Zapatero, como presidente del gobierno es quien tiene la obligación de aunar la voluntad de su partido con el principal partido de la oposición en este escenario en el que a ambos partidos les separa únicamente el 3,9% de los votos válidos emitidos el pasado 9 de marzo, a favor del PSOE.

Y así, con la imposición efectiva de los partidos sobre la sociedad, Zapatero a sus “zapatos”. Y luego de consensuar el PSOE con las fuerzas sociales antes de convenir con el PP el nebuloso paquete de medidas económicas, aún y con haber dicho que lo haría, conmina ahora ZP a Rajoy para que éste apoye sin chistar lo que ha tenido a bien concebir solo, con voluntad torticera de que el PP se oponga a afianzar sin fisuras su decisión unilateral y poder seguir así arrojándose tal sarta de improperios como se espetan cada uno de ambos partidos entre sí, que causan, más que vergüenza ajena, náuseas de desazón al ser conscientes los administrados que son ellos los administradores de nuestra cándida democracia. Y por ende, de los resortes económicos del Estado. ¿Qué calidad de democracia es ésta?

¿Creerá Zapatero que esta actitud le da talla de estadista? ¿Incapaz de aunar la voluntad de los dos partidos mayoritarios de su país pretende aunar voluntades entre sus colegas de la UE? ¿Es esto una forma digna de practicar la democracia?

Desde luego no lo es, pues esta práctica es inherentemente un fraude. Reparemos sino en la reciente composición del Consejo General del Poder Judicial, en el que los representantes del pueblo o depositarios de la soberanía popular, se han limitado a ratificar la lista de vocales convenida por las cúpulas los dos grandes partidos.

Y si esto no es una manipulación de la democracia, podemos también echar una ojeada al “clamor popular” que en Catalunya propició la redacción del nuevo Estatut, aprobado por el 88,9% del Parlament de Catalunya y refrendado posteriormente por el 35,44% del censo electoral; con la campaña y voto en contra de ERC, ahora de nuevo en el Govern de Catalunya. ¿Se había ido a la playa el clamor popular el día del referéndum o es esa la medida exacta de la supuesta presión social?

Este es el Govern preocupado por la integridad del Estatut y que Catalunya obtenga "la financiación que merece” en lugar de la que “necesita”. Y mientras esto sucede, las familias no llegan a final de mes, aumenta el paro a velocidad interestelar y el tejido industrial catalán o lo que de él queda, soporte del desarrollo de la región, sigue sin acceso al crédito bancario y se colapsa su imperioso crecimiento.

Es claro que los partidos políticos se retroalimentan a sí mismos, guiados por su propia conveniencia y la personal de sus cuadros directivos, al margen de lo que piensen o les suceda a los ciudadanos en su conjunto.

Quizás fuera como salir en procesión para pedir la lluvia, pero merecería la pena hacerlo para que los partidos políticos profundizaran en lo que les une que no es sino procurar el mayor grado posible de bienestar a quienes les pagan el sueldo y dejar de banalizar en pelea callejera para ver cuál de ellos es más barriobajero.

Y Mariano Rajoy, en una muestra de su hartazgo, reniega de participar en la celebración oficial de la festividad del Pilar. Muy bonito.

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