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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Sombras chinescas

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 13 de octubre de 2008, 02:55 h (CET)
¿Quién no las intentó proyectar alguna vez sobre la blanca pared de su casa? En la infancia constituyeron un descubrimiento atrayente, una mezcla de creatividad y fantasía abierta a todos los públicos, asequible a las pequeñas maneras. Con los dedos, la mano, brazos y objetos diversos, modelábamos las sombras. En estos menesteres, la torpeza se transformaba en virtud, al demostrarnos la dificultad para plasmar una fantasía o una imagen concreta. No era suficiente el deseo, una dedicación y un aprendizaje eran necesarios; por eso claudicamos con prontitud y no pasamos de los primeros intentos. Casos ha habido de buenos artistas del género, aunque siempre con esa fascinación derivada de la insinuación gráfica, expresiva, y mágica por su incompletud, abierta a las distintas VARIACIONES e interpretaciones.

Con esto de las sombras, la información obtenida no es nítida, dominan la ambigüedad y los claroscuros. Desde los antiguos, hemos ido persiguiendo sus entrañas, esas supuestas verdades ocultas. El genio de Platón nos hizo VISLUMBRAR alguna claridad, apenas entrevemos algunos matices de la realidad; el fuego y la caverna no daban para más. El progreso nos ha facilitado gran cantidad de trucos; no obstante, en lo que respecta a las grandes preguntas, no se han perfeccionado mucho las imágenes, borrosas casi siempre. Si ya nos metemos con los engaños, ocultamientos y otras artimañas; en eso sí que se avanzó con grandes zancadas. En lo referente a los artistas con el tino suficiente para mostrar alguna de las esencias a través de las sombras, escasean, como todos los grandes artistas. Oscilamos entre lo perverso y tenebroso, sin apenas luz.

La buena expresión de una realidad es laboriosa, cuesta llegar a ella. Mucho más si entramos en el ámbito de los sentimientos o ideas. El lenguaje y los gestos son muy limitados para estos objetivos. Por añadidura, se pueden ocultar cosas, deformar algunos aspectos; engañar, dicho en pocas palabras. El aturdimiento y el ajetreo, también ponen numerosas trabas para el logro de un buen conocimiento. Pese a todo, y aún con todos los pronunciamientos favorables, existe una gran cantidad de realidades INEXPLICABLES. Topamos con esa realidad a diario. Sentimientos apenas manifestados o descripciones incompletas. Hasta con las realidades más cotidianas notamos esa limitación expresiva; queda muy alejado eso del conocimiento a fondo de una cosa o una persona determinada. ¿Cómo llegaremos a conocernos unos a otros?

Cuesta creer en eso de la física cuántica, ondas invisibles, partículas raras y efectos insospechados; acaba uno hecho un auténtico lío. El otro día, pensaba haber comprobado el meollo del EFECTO MARIPOSA. Caminaba por las laderas del Toloño, entre árboles y en una mañana soleada, cuando los rayos de luz me descubrieron la maravilla. Aleteaba junto a mí una grácil mariposa, enérgica y suave, bamboleante y quizá sonriente. Sus alas relucían con todos los tonos del color verde, con una belleza despampanante. Sin ningún alarde, se desarrollaba uno de los más bellos espectáculos de la naturaleza; se aunaba la belleza con la sencillez, la generosidad con la espontaneidad. ¿Por qué desaparecen estas manifestaciones en cuanto uno retorna a las agrupaciones civilizadas? Es probable que este contraste tenga relación con el efecto mariposa. Con lo de hoy, se intuyen otras relaciones y realidades mejores, cuánticas o simplemente naturales.

Como quien no pretende una cosa, una luz aquí y una sombra allá, con frecuencia distinguimos una figura lamentable, frecuente, y por todo eso desagradable por calificarla de forma suave. Me refiero a los DESPECHADOS. No es raro detectarlos por sus ideas fijas, sin contemplaciones, ciegos seguidores de sus fantasías o empecinamientos; para eso resulta un complemento único, la falta de consideración hacia otras formas de pensar. Ese mismo aislamiento mental, con su terquedad, les deja muy mal encarados, frustrados y desesperados; cuando los demás no les conceden carta blanca, se oponen a sus pretensiones o les replican a sus argumentos. A pesar de los disimulos, mentiras y manipulación de los medios, son pocos los sectores sociales donde no les encontramos. Son muy evidentes los numerosos ejemplos, ¿No les parece?

Las ignorancias están siempre presentes, no se acaban nunca; es esa sensación de un conocimiento escaso y un fondo muy grande desconocido. La impotencia aparece con demasiada facilidad; sólo podemos llevar a cabo algunas pocas cosas. Los defectos se apoderan de nuestras actuaciones. Por eso, cuando hablamos de enigmas y sombras, lo hacemos con conocimiento de causa. Aún a pleno sol, con todos los avances técnicos, se nos escapan muchos conocimientos. ¿Estamos bajo el reino de las sombras? No tanto. Hay claridad a medias y gente muy acostumbrada a medrar por esos ambientes, se aprovechan bien de las sombras y las pocas claridades. El viejo sino de las personas, por lo menos uno de ellos; dirige a los intérpretes de las sombras, que por eso se erigen en dominadores de los no iniciados, a quienes utilizan descarnadamente. Erigen los nuevos EMPORIOS y se transforman en aves de presa contra el resto de los humanos. Es una cuestión de fuerza bruta, aplicada en sectores de negocios –Banca, grandes empresas-, patrias, dioses, o mil artimañas. ¡Pero qué pocos respetan a cada persona en particular! Lo vemos ahora, en plena crisis; el paro y las pérdidas apuntan a los eslabones más bajos, a los individuos llanos. Los emporios son los receptores directos de las ayudas y componendas. ¿Hay sombras y claros? ¿Son nítidos los perfiles?

En las nebulosas todo se ve turbio, por eso contribuyen a la imprecisión y facilitan engaños o tergiversaciones. Llegados a una cierta intensidad, la luz o la sombra vienen a ser lo mismo. En aras de la prisa, la dejadez o la ignorancia; el lenguaje ha perdido gran parte de sus características, y detrás de esa pérdida, los significados se escabullen. Entre estas y otras, la CONVERSACIÓN se desintegra por momentos y se convierte en una de aquellas nebulosas. Imprecisa en los contenidos, se reduce a unos mínimos de participación y suele degenerar en parloteos y chácharas, de unas voces sin sustancia. En esa indefinición se ha ido perdiendo el hábito de ese intercambio plácido de pareceres. Hablar, se habla, a trompicones. Escuchar, menos. ¿Para qué? Entre sombras y verdades, se deslizan estas peripecias. Confíemos en una recuperación del tono lingüístico, al hilo de la nueva Gramática de la Lengua Española, de inminente aparición. Si no sacamos a la conversación de esa indefinición, perderemos una de las vivencias humanas reconfortantes.

Bien está esa realidad ambigua, en la que entrevemos unas cosas, otras no son lo que parecen y muchísimas continuarán en las simas inalcanzables. Estamos abocados a esas dificultades. Ahora bien, desenmascaremos a esos intérpretes y listillos, tan menesterosos como cualquiera, y sin embargo, PRESUNTUOSOS y APROVECHADOS, por decirlo suave.

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