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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¡A la calle!

Ángel Morillo (Badajoz)
Redacción
domingo, 12 de octubre de 2008, 15:33 h (CET)
Aunque por el título pudiera parecerlo, no me voy a referir a ningún Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que ahora, aprovechando la crisis, está de moda en las Grandes Empresas y que no tiene otro fin que el de endosarle por un tiempo trabajadores al Estado, cuando no quitárselos de encima para siempre, ya que, muchos de ellos buscarán otro trabajo, lo antes posible, para seguir sobreviviendo.

Quizás si sería necesario, por parte del Estado y de las Autonomías, hacer un ERE entre la clase política para regularizar su situación, que dado el elevado número, es, con creces, difícil de soportar. Pues a nadie se le escapa que lo que sobran no son funcionarios para atender a la ciudadanía –en algunos sitios si (léase Extremadura, por ejemplo)- sino políticos. Sobre todo esa legión que se deja sojuzgar y se embelesa con su “líder” que defiende la intervención del Estado a favor del Capital, en vez de “socializar el Capital” para que cotice lo que en buena fe le corresponde y hacer así posible el Estado del bienestar de todos y no de sólo unos pocos como ocurre ahora. Sin que importe mucho, como, magníficamente, dice Rafael Torres en su artículo “Ricos y Bandidos”, que nueve de cada diez multimillonarios españoles eludan sus obligaciones fiscales y sin que importe que los defraudadores podridos de dinero, los neo-bandidos, no aporten nada al común ni contribuyan al bienestar general (escuelas, hospitales, carreteras, etc.) y encima presuman de ser más españoles que nadie y la bolsa de fraude ronda el ¡23%! de la riqueza nacional.

Me quería referir –disculpen la larga introducción- a algo, de lo que siempre he sido poco partidario, como es tirarse a la calle para exigir los derechos y lo que en justicia nos corresponde, pues nunca me ha gustado la manipulación de las masas y mucho menos que esta se lleve a cabo por el sindicalismo borreguil y displicente que tenemos, que grita mucho por delante y se baja los pantalones por detrás, pues forma parte de la partidocracia dominante.

Pero sí, hay que ir a la calle, porque ahora se dan una serie de circunstancias que si no atajamos se convertirán en algo que nos va a terminar empobreciendo a todos. A todos menos a Alibabá y los 40 ladrones (políticos, banqueros y empresarios sin escrúpulos), que diría algún que otro articulista de esos que por su demostrado intelecto les está permitido decir lo que quieran y cuando quieran, incluso en el foro más neo-conservador.

Circunstancias como que –está más que claro- lo de las Autonomías necesita una reforma urgente para salvaguardar los derechos iguales para todos los ciudadanos de este País. De modo que: o Estado Federal puro y duro o devolución a la tutela del Gobierno Central de la Justicia, la Educación, la Sanidad y, por supuesto, todo lo relacionado con Hacienda que, como es bien sabido, están en entredicho, por no decir algo aún peor. Y porque, se mire como se mire, es insostenible un País con 17 Naciones (Autonomías), cada una de ellas atiborrada de Altos Cargos (que consume cada uno el salario de 30 asesores, sin que a nadie se le caiga la cara de vergüenza y sin que nadie se escandalice por ello) y un sinfín de oportunistas que forman la inepcia y que viven muy bien encuadrados en el famoso slogan del Amén, o, si lo prefieren, en la estructura mafiosa de la lealtad incondicional (Alcaldes sobre todo, de los que, ¡ojo al dato!, hay 140 imputados por latrocinios diversos y quien nos dice que no serían más si, como refiere Rafael Torres, en lo tocante a otros crímenes y delitos no se resuelven siete u ocho de cada diez casos, o sea, que apenas una cuarta parte de los delincuentes son capturados, imputados, juzgados, sentenciados y recluidos. Y no digamos ya si a los Alcaldes añadimos los Concejales, Procuradores, Notarios y cuantos hayan participado en exacciones como cómplices o como cooperadores necesarios).

O esa otra circunstancia que se llama SALARIO, que se va a ver agravada por los Presupuestos Generales del Estado (PGE) que, vía tramos de la Renta, va a arrancar, para colmo, un poco más para hacerlos más míseros de lo que ya lo son.

Porque no es muy justo que si somos una de las diez potencias económicas del Mundo estemos entre los tres o cuatro Países de Europa que tiene los salarios más bajos. De tal manera que entretanto el salario medio de España está en 20.348 €/año, el de la UE-15 es de 34.412 €/año. Lo que indica que si la moneda es la misma y los costes de los productos básicos se han equiparado, nuestro poder adquisitivo está un 69% por debajo del de un alemán, mientras nuestra Empresas han aumentado sus beneficios un 73% durante el periodo que va de 1999 al 2006 y las de la Europa de los 15 (entre ellos Alemania) sólo lo hacían un 33,2% y sus costos laborales aumentaban un 18,2 % y los de España sólo el 3,70%, o sea, cinco veces menos.

Ni que decir tiene que los salarios a los que me refiero son sólo los de los trabajadores, ya que la clase dirigente (Políticos, Sindicalistas destacados, Ejecutivos, Empresarios (no todos), Banqueros, Etc., Etc.) si están más que bien pagados, pues ¿quién de ellos no supera los ocho, diez, doce mil o muchos más €/mes? Puro desafuero sabiendo que más del 75% de los jóvenes de este País cobra menos de 1.000 €/mes y que la media de las pensiones no supera los 700 €/mes (la de los extremeños, mi tierra, estaba en Mayo del 2007 en sólo 571,39 €/mes).

Por tanto, sólo saliendo a la calle de manera espontánea se conseguirá atajar, entre otras, esa debacle de las Autonomías (naciones para algunos) y el necesario aumento salarial que favorezca el consumo (más se gana, más se compra) y que, en consecuencia, sea necesario producir más para atender la mayor demanda. Lo que, dicho en plata, traerá más empleo, más iniciativas, más recaudación del Estado (IVA y SS, sobre todo), más y mejores infraestructuras y mayor y mejor calidad de la Educación y la Sanidad (que falta les hace) entre otros menesteres. Y, por ende, se reducirá el número de perendengues porque, entre otras razones, estarán más que señalados y tendrán algo que hacer.

Además, pienso que hay que salir a la calle para parar algo que es desde todo punto ¡inadmisible!: que el dinero de todos salga al rescate de los mangantes aprovechados en vez de al de los, tantos y tantos años, estafados y expoliados.

Por último, me pregunto qué ocurriría si en este País en lugar de ser la prensa deportiva la más leída –por una parte importante de la docencia inclusive, para más pena-lo fuera la otra prensa que, afortunadamente, tenemos de gran calidad y bastante objetividad (mejorable) y hubiera un mínimo de ética sindical. ¡La calle estaría que arde!

Disculpe, Sr. Director, que mi escrito responda en parte a eso que dijo alguien que ahora no recuerdo: “si vas a salir de frente a describir la verdad, deja la elegancia para el sastre”.

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