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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La evaluación, mi abuelo y el marrano

Manuel Villena (Granada)
Redacción
domingo, 12 de octubre de 2008, 15:33 h (CET)
Cuánto ha llovido desde que los pequeños alumnos, desde 10 años en adelante, y no tan pequeños íbamos desde el pueblo a la capital a examinarnos en el instituto correspondiente. En dos días, como máximo, éramos examinados de 8 ó 9 asignaturas, incluyendo Educación Física y FEN (Formación del espíritu nacional). En el caso de las féminas, éstas eran obsequiadas con dosestrambotes: Enseñanza del Hogar y Música. En cuanto a las reválidas, por no extenderme en demasía, sólo diré quea los 14 años, al haber aprobado 4º de bachiller, se hacía una; de igual modo alos 16 años y superado con éxito el 6º curso se hacía otra. En ambos casos entres días te jugabas el todo por el todo.

En la época actual todo es diferente, la burocracia ha sepultado al maestro, que ha dejadode serlo, convirtiéndose en un burócrata denominado docente. Los rendimientosescolares van en proporción inversamente proporcional a la cantidad de papeleoa cumplimentar por los enseñantes. Habiéndose percatado las autoridades educativas de que los resultados son pésimos han contraatacado con más papeleo y muchas evaluaciones. Hay evaluaciones para todos los gustos, un ejemplo clarificador puede ser el de cierto número de colegios de una provincia andaluza, en donde los alumnos de 4º de primaria que han promocionado a 5º curso han sido evaluados, sin contar con las evaluaciones normales en las siguientes ocasiones: Al finalizar elcurso se les pasaron unas pruebas denominadas PEAC (pruebas de evaluación de adquisiciónde conocimientos), poco después la correspondiente evaluación final, al empezar 5º curso y por ley se les somete a una evaluación inicial y, en los primeros días de octubre, la Junta de Andalucía le hace una "Prueba de evaluación y diagnóstico".

En dospalabras que entre el final del curso pasado y principio de éste los alumnoshan sido evaluados en cuatro ocasiones. Ni que decir tiene que los resultadosson manifiestamente mejorables. Es el momento de recordarle, paciente lector, lo que decía mi abuelo, hombre de campo y de pocas letras pero sabio por demás: "menos pesar el marrano y más echarle de comer".

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