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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea  

Cri-cri-crisis o el canto de los grillos

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 12 de octubre de 2008, 03:24 h (CET)
Dicen los que saben de parapsicología y meditación que cuando estás tumbado y tan relajado, tan relajado, que no se escucha nada a tu alrededor porque el lugar está tan tranquilo que parece insonorizado y la concentración es muy alta, entonces es cuando se puede escuchar el canto de los grillos. Esto es, no es el canto verdadero de los grillos como sonido exterior cercano a un jardín, un patio o rural camino, sino un sonido del interior de nuestro cerebro y del oído interno muy parecido al sonido de un grillo de baja intensidad pero audible para algunos escogidos. Porque no todos pueden escucharlo, pero los que lo logran, dicen que escuchar el “canto de los grillos” es llegar a un primer nivel de meditación tan interesante que incluso se llega a rozar el plano astral. Pero no es de grillos más o menos audibles o reales de lo que pensaba escribir este sábado, es de los personajes de todo tipo que a fuerza de pronunciar la palabra “crisis” se han convertido en una especie de grillos económicos de mal agüero que frotan sus alas cada vez que al personal meten miedo cual terrorismo de la “pela”, aunque a estas alturas debíamos decir euro ya que la “pela” hace bastante tiempo que tuvo su última crisis financiera.

Estos ortópteros modernos cri-cri-critican y analizan los movimientos de los bancos pero no explican nada sobre lo que el hombre y la mujer de a pie deben hacer para ayudar a sus economías domésticas o ayudar a las que día a día se derrumban sin que nadie lo remedie. La tan cacareada crisis que estaba por llegar y antes no existía en ningún país, ahora obliga al nuestro a abordar medidas para salvar los bancos. Sin embargo, quienes entienden de economía y quienes no entendemos, no saben y no sabemos nada de lo que está pasando aquí y en el mundo, y ya se están dando situaciones extrañas y caóticas de no saber qué hacer con el dinero ahorrado, no saber si comprar más o menos productos, no ya bancarios, sino productos de cualquier tipo que con su salida relancen las economías de las pequeñas y medianas empresas que, digo yo, algo tendrán que decir al respecto mientras los grillos cri-cri siguen cantando.

Y con tanta incertidumbre, los ciudadanos no saben ni siquiera si, por ejemplo, será bueno renovar el salón de casa ya que los ecos de los grillos son de fomentar el ahorro a todos los niveles porque los bancos no tienen liquidez, no circulan por ellos los billetes de ningún color, ni violetas, ni verdes, ni nada. Pero si al comprar el salón se fomenta el empleo, se nutren las empresas de pedidos que les hacen ser más fuertes y más competitivas, se activan las economías; eso nadie lo dice, sin embargo lo grillos de las crisis no descansan y no nos explican con detalle lo que está pasando, sólo siguen frotando sus alas y cantando a la manera de los grillos hasta que la política haga las paces con la economía y alguien nos explique sin miedos terroríficos lo que es esta crisis que no se cae de las bocas de los tertulianos y que aparece y desaparece de nuestros bolsillos como el canto de un grillo.

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