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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Tiramos la casa por la ventana o nos lanzamos nosotros?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 11 de octubre de 2008, 00:26 h (CET)
¡Que no nos fiamos, señor Zapatero! Que el españolito de a pie ya tiene el trasero quemado de tantas veces que se lo han socarrado diciéndole blanco cuando era negro y vendiéndole utopías para ocultar las realidades desagradables que subyacían ante el optimismo hipócrita y farisaico de un Gobierno cuajado de inútiles, aupados a los altos cargos de la Administración, no por sus méritos personales, preparación técnica e inteligencia, sino, todo al contrario, por ser una hatajo de acólitos incompetentes, pero fieles hasta el servilismo con su jefe de filas y gran chamán de la manipulación política el señor Rodríguez Zapatero. Y es que, de pronto y haciendo gala de la más absoluta incoherencia, falta de previsión e ignorancia absoluta de la situación económica de España, el señor ZP se ha marcado el más grande farol de toda la historia de su estancia al frente del gobierno español. En un ejercicio de la más absoluta irracionalidad no se ha conformado con las prudentes medidas aconsejadas por Europa – que tampoco se puede decir que haya demostrado mucha compenetración y unidad frente a la recesión, limitándose a aconsejar aquello que se ha visto incapaz de imponer – sino que, en un alarde de chulería ha decidido doblar la apuesta europea y garantizar los depósitos de los españoles hasta la cantidad de 100.000 euros. Lo que ocurre es que, cuando se rasca la superficie de esta medida (que tampoco alcanza la propuesta alemana de garantizar el cien por cien de los depósitos de los particulares) podemos descubrir algunas lagunas que desmontan de raíz el gran “bluff” que se ha querido apuntar nuestro presidente del Gobierno.

Se dice que en España el montante total de los depósitos bancarios supera los 400.000 millones de euros y, hasta ahora, lo único que se garantizaba era la cantidad de 20.000 euros por depósito. Es pues evidente que una cifra tan extraordinaria no hay estado, y menos el español, que pueda asegurarla debido a que no hay medios materiales para hacer frente a semejante garantía. Es obvio que los bancos no podían ni pueden hacer frente a la constitución de unas reservas semejantes y también es cierto que tampoco sería probable que todas las entidades financieras cayeran al mismo tiempo. Es por dicha circunstancia que las dotaciones invertidas por las entidades financieras en el Fondo de Garantía de Depósitos no sobrepasa, en la actualidad, el importe de los 6.000 millones de euros. No parece que los principales bancos del sistema financiero español hayan aceptado la sugerencia del señor ZP de que aumentasen sus aportaciones, entre otras razones porque no está el horno para bollos y, si están atrapados por los créditos basura y por una morosidad que alcanza cotas desconocidas hasta ahora; quiere decir que no disponen del potencial suficiente, al menos en cuanto a su liquidez, para garantizar una gran parte de sus depósitos con una superior aportación al Fondo de Garantía; en cuyo caso es evidente que no existiría la desconfianza que hoy se da entre los impositores en cuanto a la seguridad de sus depósitos bancarios.

Como que el señor Zapatero no sabe de economía, pero sí sabe de escenificaciones de cara a la galería, debe de haber pensado que en España no es probable que exista más de un 80% de impositores cuyos depósitos superen en mucho los 20.000 euros; así pues, no es demasiado arriesgado deducir que habría pocos que pudieran alcanzar la cantidad ofrecida. Así, aconsejado por el señor Solbes –que tampoco sabe de economía, pero si tiene la habilidad de ser un perro viejo en la política y ha demostrado saber camelar a los ciudadanos mintiéndoles un día sí y el otro también, sin que la masa aborregada de la ciudadanía se haya molestado en pedirle cuentas de sus errores y mucho menos en recordarle que, cuando Aznar subió al cargo de Presidente de la nación, había dejado al Estado español en una situación insostenible lindante con la quiebra – ha querido demostrar que él es muy capaz de confiar en la economía española hasta el punto de comprometer al Tesoro a apoyar a cualquier banco que de muestras de debilidad.

Sin embargo, a los ciudadanos de a pie, que estamos acostumbrados a trabajar sobre realidades y que sabemos de las múltiples formas que tienen los que mandan de camuflarnos los peligros que nos acechan; nos tenemos que preguntar: ¿de dónde piensa sacar ZP el dinero para atender a tantos agujeros? No olvidemos que, juntamente con la garantía que ha ofrecido para los depósitos, piensa abrir una línea de apoyo a las entidades financieras para que puedan ampliar la concesión de créditos que puede llegar a la cifra de ¡50.000 millones de euros! Porque, si no andamos confundidos, parece que las devoluciones del IRPF se están retrasando más de la cuenta; que las ayudas para emancipación a los jóvenes no se pagan; que los premios de natalidad andan retrasados; y que la famosa Ley de Dependencia se ha convertido en una utopía de la que sólo se han beneficiado unos pocos y raros casos; todo esto sin olvidar lo que tiene prometido a Cataluña que según los del Gobern no bajará de los 3.800 millones de euros. Por lo que debemos suponer que las arcas del Estado no andan muy boyantes ni sobradas para asumir tales compromisos. A ello se puede añadir que los cotizantes a la Seguridad Social, en los últimos meses, han disminuido en 500.000 y que las recaudaciones por impuestos se calcula que pueden reducirse en un 16%, mientras las cantidades que se deben abonar por subsidio de desempleo cada vez suben de una forma exponencial y que, por añadidura estamos entrampados con una deuda pública que nos cuesta un riñón y que no hay forma de renegociar si no es pagando un 0’6 % más que el resto de paises de la UE a causa de nuestra pobre clasificación internacional.

Lo que sucede, y la Bolsa lo está demostrando con su vertiginosa caída, es que los ciudadanos ya no nos fiamos de los políticos, nos han demostrado su debilidad e incompetencia en aquellas ocasiones en que las circunstancias exigen mano firme, preparación y olvidarse de intereses partidistas. Se está demostrando que la clase política no está a la altura de sus responsabilidades; que son incapaces de afrontar situaciones de crisis (vemos a la Merkel que se oponía hace pocas semanas al intervencionismo del Estado y ahora es la más decidida defensora de intervenir los bancos en crisis como el ejemplo del Hypo E.). Tampoco saben aceptar su derrota e incapacidad a la hora de pasar el testigo a quienes lo harían mejor, se resisten a reconocerlo, dedicándose en su lugar a esparcir los detritus de su inoperancia sobre sus adversarios políticos para desacreditarlos, cuando no son más que meros espectadores pasivos de sus errores.

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