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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La Justicia se quitó la careta

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 10 de octubre de 2008, 01:37 h (CET)
Señores podemos decir, sin temor a equivocarnos, que “¡Los tiempos adelantan que es una barbaridad!”, parafraseando al inefable don Hilarión de La Verbena de la Paloma. Y si no me quieren creer basta que lean una noticia que hoy se ha publicado en un rotativo de la ciudad Condal. En el afán de regular dentro del marco del derecho laboral a todas las profesiones, no hay duda de que los tribunales están marcando nuevos hitos en cuanto a las clases de ocupaciones que deben estar subordinadas a la tutela legal marcada por las leyes laborales. Y, si un carpintero es un trabajador porque trabaja la madera y un vidriero lo es también porque trabaja el vidrio ¿por qué, señores, una señora que se gana la vida gracias a la explotación de su órgano sexual debe dejar de ser considerada como tal? Así lo ha considerado del TSJC, revocando una sentencia de un Juzgado de lo Social que les había negado tal consideración.

Y es que, al parecer, el alto tribunal catalán ha descubierto una faceta nueva en las prostitutas de un pub o local de alterne del pueblo de Cunit (Catalunya). La particularidad que, por lo visto, les ha dado la categoría de trabajadoras por cuenta ajena a las señoritas que acompañaban a los parroquianos y les inducían a consumir, mediante el cobro de una comisión sobre cada consumición; juntamente con el hecho de estar sometidas a un horario y disponer de un descanso semanal; ha sido la circunstancia de proporcionar compañía a los clientes. Si señores, de pronto el acto de actuar de “calienta braguetas” se ha convertido en algo más que un ejercicio de incitación a la prostitución, para pasar a ser algo de carácter laboral, por el simple hecho de que, de paso, le proporcionaba pingues beneficios al dueño del establecimiento en cuestión. No tengo nada que objetar, porque las pobres furcias, en muchos casos, tienen que soportar, para conseguir llevarse al sujeto que trabajan al furgón de la pensión. Una verdadera prueba de paciencia que incluye aguantarle al presunto fornicador, las conversaciones lúbricas y los furtivos toqueteos, prólogo a la culminación del negocio. Sin embargo, todavía faltaría que los magistrados decidieran como se define laboralmente esta específica actividad de servir de reclamo a un establecimiento mediante la esperanza de los futuros visitantes de conseguir, aparte de algún lingotazo que otro, un buen “sobeo” como aperitivo a una retribución sexual más completa.

No acabo de ver dónde encajaría esta forma laboral de la “compañía a los clientes”, si en el gremio de Hostelería o si como una actividad más de esas que ahora se llaman “culturales” que, por mor de la permisividad que hoy en día distingue a nuestro sistema legislativo, se pueden encontrar en tantos locales de nuestras grandes ciudades; en los cuales se ofrecen, como espectáculos corrientes, escenificaciones pornográficas que no tienen nada que envidiar, si no es la intimidad, a las actuaciones “profesionales” de las meretrices. Ahora sólo falta que se regule convenientemente la relación del “chulo”, actualmente más conocido como proxeneta, que vive a costa de la actividad de venta carnal de sus pupilas o protegidas. Sin duda en esta relación entre este tipo de personajes y las mujeres a las que tiene subyugadas, también los magistrados podrían encontrar un vínculo laboral tal que las convirtiera en asalariadas suyas. Es cierto que se puede encontrar en la relación proxeneta– furcia elementos que permitirían asimilarlos a el caso fallado por el TSJC. Existe una cierta compañía que las mantenidas proporcionan a los incautos que caen en sus redes, por supuesto una compañía más breve – no están para perder tiempo, ya que sus honorarios suelen ser más bajos que los de las chicas de alterne de los cubs ad hoc –, pero, al fin y al cabo, prestan una breve compañía y ayudan a calentarse a los congelados parroquianos; con los consiguientes beneficios crematísticos para el alcahueta. Lo que no sabemos es si tienen un horario fijo pero, en todo caso, se les debería pagar el plus de trabajo nocturno y el de peligrosidad, debido a eso de que andar, medio en cueros, durante las noches por las calles heladas de Madrid, no hay duda que entraña un grave peligro de contraer una bronconeumonía de caballo; aparte de estar expuestas a que cualquier maniático decida aprovecharse de su impunidad para cometer un peligroso desaguisado. Si unas tienen la consideración de trabajadoras del sexo no parece justo ni ético que las otras sean consideradas marginadas de la protección de las leyes laborales sólo por el hecho de trabajar a la intemperie.

Pero señores ya nada nos asusta de la Justicia. Vean ustedes al TC, el más alto tribunal de nuestro país que tiene pendiente uno de los recursos más trascendentes desde que en España tenemos democracia, que de él depende, no sólo la unidad de España, la solidaridad entre todas la autonomías y la igualdad de derecho de todos los españoles, sino la propia estructura del Estado como nación; y no obstante, lleva ya años postergando su resolución, atrasando su estudio y dilatando más allá de cualquier posible excusa o consideración, emitir la correspondiente resolución que debiera poner en claro si el Estatut catalán, nada menos que una ley Orgánica, reúne los requisitos de constitucionalidad o, por contrario, es un fraude para ayudar a los separatistas catalanes. Pero, sin duda, es mucho más trascendental para el país que las putillas sean consideradas trabajadoras de los “putiberios”. Y así vamos, tranqueando, cayéndonos y revolcándonos por este país de progresistas, faranduleros y macarras que son los que se han hecho con el mando y quienes nos llevan de cabeza a los que no podemos entender como, en apenas cinco años España, se ha convertido en una olla de grillos.¡Vivir para ver!

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