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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Negociar con ETA

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
miércoles, 8 de octubre de 2008, 09:36 h (CET)
Ya empiezan a jugar innecesariamente con las palabras desde el socialismo vasco. El presidente del PSE-EE, Chuchi Eguiguren, ha sacado a pasear su torpeza. Habría que ver en nombre de quién habla. Si lo hace en nombre propio, allá él; pero si lo hace en nombre del Ejecutivo Rodríguez, hay que parar los pies al propio Rodríguez.

Después de tantos años engañando intencionadamente, traicionando a la ciudadanía y atropellando los intereses del País Vasco, ya no podemos creerles; aunque hay que estar vigilantes para que no hagan más daño al Estado de Derecho. Hoy hay pruebas suficientes de que Eguiguren hizo de su capa un sayo y de que el presidente Rodríguez se dejó llevar por la imprevisión de Eguiguren.

Curiosamente para el presidente del Partido Socialista de Euskadi mereció la pena la negociación con ETA. Suponemos que sería por las fiestas y juergas continuadas que se corrieron en el caserío Txillarre, donde Otegi actuaba de maestro de ceremonias. Allí, sus reuniones secretas desembocaron en la tregua-trampa de ETA. Hoy no es ningún secreto que la torpeza de Chuchi Eguiguren llevó a que estuviera a punto de tambalearse el Estado de Derecho.

Ambos negociadores –- sería demasiado llamarles políticos, pues uno es ex presidiario, y presidiario futuro, mientras el otro es probado maltratador de género -- trataron casi de forma exclusiva el hecho de que la izquierda abertzale y su revoltijo de siglas se pudieran presentar a las elecciones del 27 de mayo. Eguiguren informó erróneamente al Gobierno Rodríguez de las pretensiones de Arnaldo Otegi; unas aspiraciones que pasaban por la exigencia de que el Gobierno asumiera y consintiera la presencia en campaña de todas las listas de lo que se llamó el “Plan C” de Batasuna; es decir, el protagonismo y presencia de Acción Nacionalista Vasca.

Esa es la obra y milagros del maltratador de género, Eguiguren. Por cierto, el Partido Socialista se comprometió a expulsar de sus filas a los maltratadores y violentos; pero ahí sigue el todavía jefe del socialismo vasco. Nadie entiende las afirmaciones de la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, cada vez que saca su ‘originalidad’ a pasear, sabiendo que en el caso de Eguiguren miran todos los socialistas hacia otro lado: unos por temor y otros por vergüenza.

De las burradas de Eguiguren durante la negociación también tiene mucho que decir Íñigo Iruín, responsable jurídico del entramado batasuno. Uno por otro, la casa quedó mal barrida; pero muy mal barrida. Hasta el punto de que el líder socialista estuvo a punto de ensuciar la gran casa que es el Estado de Derecho, con la aquiescencia del presidente Rodríguez, quien se dejó llevar por el engaño de una negociación que dio alas a ETA y que, de no ser por la probada ética de las asociaciones de víctimas del terrorismo, tiró por tierra muchos de los logros alcanzados en la etapa Aznar con la ley de partidos, propuesta y traicionada por el socialismo que aún sigue abanderando el presidente Rodríguez.

Queremos saber en nombre de quién habla Eguiguren cuando dice que su partido no renuncia a lograr “un acuerdo intermedio” como solución “si algún día fuera posible”. Si alguien le ha dado esa consigna hay que interferir en semejante atropello y para ello es válido cualquier medio, como lo es eliminar todo hilo que conduzca a ETA, salvo los que lleven a la rendición incondicional de la banda, la entrega de las armas y la garantía del cumplimiento íntegro de las penas.

“Hubo un momento en el que parecía que la izquierda abertzale, el propio Partido socialista, etc, eran conscientes de que la única fórmula era llegar a un acuerdo intermedio”. Son palabras textuales de Eguiguren en la entrevista que le hizo Radio Euskadi y son una prueba de que el líder socialista no entendió el trabajo que le encomendó el presidente del Ejecutivo. Jamás pretendió el PSOE quedarse a medias. Hoy está suficientemente contrastado que pretendía el cupo. Lo quería todo, porque creía que podía acabar con ETA. Eso quiere decir que Chuchi Eguiguren vuelve a mentir.

La pretensión socialista era exactamente igual que la anhelada por el Partido Nacionalista Vasco. Este último hoy en otra ‘guerra’ porque no se dan las circunstancias de la negociación; pero siempre dispuesto al protagonismo, independientemente de que sus pretensiones favorezcan o perjudiquen a la sociedad vasca. Su principal filosofía, dejándose llevar por su temor a la banda y su amiguismo con ETA, pasa por mantener el poder a toda costa.

De aquel mal llamado “proceso de paz”, pues claramente fue una tregua-trampa para buscar un respiro en la banda y mejorar su infraestructura, ha quedado lo que ETA quería que quedara: nada; excepto rencor y afán por seguir con la lucha armada. Ahí están los recientes atentados perpetrados dentro y fuera del País Vasco. Ni siquiera los contactos personales de los negociadores son de fiar. A Chuchi Eguiguren se la tienen jurada en ETA y una prueba evidente es que, tan pronto como comprobó que fallaban sus contactos con la banda, pidió que le restituyeran la escolta. ¡Valiente mequetrefe!

El ridículo del líder socialista vasco se pone de manifiesto durante su entrevista en Radio Euskadi con la siguiente afirmación: “Cuando dos personas están en una mesa hablando, uno no puede decir, ‘oye, espérame, que voy a pegar unos tiros y, cuando vuelva, seguimos donde estábamos antes’. Pues no. Si te has levantado y te has ido y has hecho lo que has hecho, la otra parte, cuando vuelvas, no va a estar esperando para empezar donde se terminó”. Es lo que sucedió con el atentado de la T4 de Barajas. Por eso las declaraciones de Eguiguren a Radio Euskadi y la reflexión de este nefasto negociador, y traidor a los intereses del Estado de Derecho, tienen la validez que tienen: ninguna.

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