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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Lección rural frustrada para la crisis

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 7 de octubre de 2008, 03:52 h (CET)
Bobby Prigel, según nos cuenta Jane Black en el Washington Post, es un agricultor de Glen Arm, en Maryland, condado de Baltimore, que es la cuarta generación de una familia de productores de leche que está empeñado en producir mantequilla orgánica, yogur, queso y helado para venderlos en Baltimore, a 30 minutos, de forma que dé mayor valor añadido a su granja y pueda devolver la rentabilidad que tuvo años atrás, en lugar de limitarse, como hasta ahora, a enviar la leche a lo largo del estado y que otros la manipulen. De esta forma espera garantizar la quinta generación familiar de granjeros.

En los núcleos urbanos se aprecian enormemente los alimentos ecológicos, de manera que Prigel pensó que recortando intermediarios y produciendo la mantequilla y el queso él mismo, podría mejorar la explotación de la granja.

Si no tienes un peso específico determinado en el mercado, en referencia a la granja de Prigel, hay que aportar valor añadido al producto, dice Kenneth Bailey, profesor asociado de producción láctea y política de mercado en la Universidad de Penn State. Por otra parte, añadió, uno compite con alguien que tiene 5.000 vacas en Idaho.

La leche la vendía Prigel tradicionalmente a una cooperativa de Virginia, pero mientras los costes de producción y precio final subían sigilosamente año tras año, el precio de la leche pagado al ganadero se mantenía y había que hacer muchos equilibrios para seguir a flote. Los últimos años se fueron en luchas con la cooperativa por el precio. Y cuando en 2007 Bobby Prigel obtuvo la certificación de granja orgánica, luego de una costosa transformación, arrojó unas pérdidas aquel ejercicio de 103.000 dólares.

La familia Prigel ha gestionado la granja en Long Green Valley, distrito histórico, durante más de 100 años. Actualmente la granja tiene algo más de 10,5 hectáreas y unas 180 vacas lecheras. El pasado abril la granja se convirtió en la única lechería orgánica certificada en el Condado de Baltimore y a partir de ahí, los Prigel venden la leche a Horizon Organic, institución comprometida con el éxito a largo plazo de la comunidad orgánica, quien la procesa en una planta en Buffalo y la vende bajo la etiqueta de “Horizon”.

Hace un tiempo, Bobby Prigel redactó un plan de negocios en el que se contemplaba la instalación de una planta de pasteurización para los cerca de 2.000 litros diarios de leche que produce. Planificó la producción de mantequilla y helado y contemplaba alquilarle un espacio a Cowgirl Creamery, un productor de quesos de California. Al poco supo que las leyes de la zona prohíben alquilar espacios a terceros, por lo que decidió también producir queso él mismo.

Dice Bobby Prigel que lo que él proyecta es “renovarse o morir” y que si no funciona venderá la granja.

Los agricultores de todo el estado han afrontado penurias similares. El número de granjas lecheras de Maryland cayó de 6.700 en 1965 a 587 en 2007. Aquellos que permanecen siguen luchando. Dale Johnson, especialista en granjas de la Universidad de Maryland, dice que entre 2005 y 2007, el productor de leche de Maryland ingresó de promedio 68.500 dólares al año. (Johnson ha escrito una carta en apoyo de Prigel).

Prigel remitió su idea a la autoridad agrícola del Condado de Baltimore y recibió luz verde para echar a andar su proyecto. Y así, cursó una solicitud de subvención agrícola y recibió una promesa de préstamo a bajo interés, de 250.000 dólares del condado. Y la Asociación de Long Green Valley apoyó por escrito el proyecto.

Pero ha sucedido posteriormente que las relaciones de vecindad han frustrado el proyecto de Bobby Prigel.

En efecto, algunos vecinos de los Prigel y los ecologistas le plantan cara a su proyecto. Los opositores, encabezados por la propia Asociación de Long Green Valley que le ha retirado ahora su apoyo, alegan que las reglamentaciones urbanísticas prohíben la instalación lechera propuesta de 1.000 metros cuadrados y la tienda de venta al público entre las colinas circundantes del valle, zona rural de especial conservación. Otra agencia conservacionista del estado de Maryland sostiene que las servidumbres de conservación de la tierra prohíben a los Prigel tratar leche en la granja.

No parece, por la información recabada que la instalación manufacturera proyectada por Bobby Prigel vaya a ser nada parecido a la NASA en Cabo Cañaveral ni siquiera la mina a cielo abierto de Almadén. Pero no importa, “los granjeros han de seguir siendo granjeros y no comerciantes” dicen los conservacionistas fundamentalistas que han parado el proyecto.

A otro granjero de la zona, David Smith, los mismos le pararon también un proyecto de construir una tienda de 10 por 20 metros y un aparcamiento para 9 coches, aduciendo que era mucho mayor que un chiringuito de carretera que es todo lo que permiten las leyes locales.

El asunto Prigel tiene a la comunidad divida y en noviembre tendrá lugar la vista en el Juzgado de Baltimore.

Se cuestiona uno si la adecuada conservación de una zona rural ha de impedir el normal desarrollo de una economía de subsistencia del sector primario a un rudimento artesanal del sector secundario, aunque con las normales prevenciones de salubridad e higiene, dentro de los parámetros que tanto David Smith como Bobby Prigel han proyectado para mejorar su nivel de vida.

¿Qué ha hecho cambiar del apoyo inicial de la Asociación del Valle a su oposición frontal? ¿Habrán llegado a la zona elementos externos que han medrado en el asunto con oscuros intereses? Pues ojalá que se clarifiquen en el juzgado y se haga la luz para todos, que falta nos hacen ejemplos a seguir en este tiempo de zozobra económica. Y para a uno que se le ocurre una idea, a base de trabajar para salir del atolladero que se lo paren los “verdes”, nos deja perplejos, en efecto.

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