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Tómbola de silicona

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 6 de octubre de 2008, 10:55 h (CET)
Desde siempre algunos humanos han estado descontentos con su cuerpo y han buscado la manera de llevar adelante su camino de perfección, unos mediante el simple y sencillo ejercicio físico y otros visitando al cirujano estético, una especialidad que con el paso del tiempo debe llegar a ser tan habitual como lo es la del llamado médico de cabecera. Si, según el refrán, todos los caminos llevan a Roma también los diversos caminos emprendidos son buenos para poder estar a gusto con el cuerpo que la naturaleza nos ha otorgado.

Cada día son más las intervenciones quirúrgicas en el campo de la cirugía plástica y estética, en la actualidad España es el cuarto país mundial en número de intervenciones y el pasado año las operaciones de estética se introdujeron entre los productos de referencia para elaborar el tan temido IPC, más conocido como Índice de Precios al Consumo e hito importante en muchas de las decisiones que en materia de economía se toman a lo largo y ancho del país. El empleo de técnicas menos invasivas, de anestesias más suaves e incluso las actuales cicatrices que suelen dejar menor marca que las de antaño han caminado de forma paralela a la expansión de este tipo de cirugía. Y si en algún momento se consideró a esta especialidad de la cirugía como un coto exclusivo y cerrado de las gentes pudientes y de las del mundo del espectáculo y la farándula hoy vemos que desde la Princesa hasta la vecinita del tercero segunda pasan por las manos del cirujano plástico con el fin de reformar una parte de su cuerpo, bien sea una nariz de desviado tabique o unos pechos considerados pequeños.

Y así se ha llegado al punto álgido de que ya han aparecido en escena las multinacionales del sector con ansias de dominar en el mismo y con planteamientos que, algunas veces, parecen más propios de un comercial que de un doctor. Casos existen en los que como aliciente se ofrecen visitas gratuitas o bien un bono de mil quinientos euros, parte del precio de una futura intervención, a sortear entre los que contesten al pertinente cuestionario, perdiéndose en más de una ocasión la visión de que el pase por un quirófano a veces implica un riesgo a pesar de todos los adelantos actuales. No se puede tomar puerilmente ni esta ni ninguna especialidad médica.

Y es esta puerilidad la que ha iluminado la mente de algunos publicistas argentinos que para mejor dar a conocer algunas de las principales discotecas de aquel país y conseguir que el público sea cada día más numeroso no han tenido mejor idea que la de sortear entre los asistentes una intervención de cirugía estética. La discoteca Sunset, una de las más importantes y elitistas de Buenos Aires, bajo el rótulo de “Quiero mis lolas” despierta cada noche las ilusiones de centenares de jovencitas bonaerenses que salen de marcha nocturna con el deseo de divertirse pero también con la esperanza de regresar a casa con el bono que les dará el pase gratuito por el quirófano en el que retocarse una parte de su cuerpo. Los profesionales de este sector médico no han visto con buenos ojos esta promoción ya que la rifa le puede tocar a cualquiera, incluso a alguien que no precise para nada retoques quirúrgicos creando con ello una necesidad ficticia en la afortunada por esta peculiar tómbola de la silicona. Creen algunos cirujanos españoles que esta peculiar promoción discotequera sería mucho más efectiva si en lugar de sortear una intervención el resultado de la rifa diera derecho gratuitamente a una primera visita en materia de cirugía estética, después la o él paciente, debidamente aconsejado y asesorado, podría optar por pasar o no por el quirófano.

Argentina no está lejos y menos en esta materia, así que el día menos pensado podemos encontrar también a miles de jóvenes españolas saliendo de marcha cualquier fin de semana con la esperanza de sacar “el gordo de la silicona” e iniciar la semana poniéndose en manos de un cirujano plástico y estético. La gente tiene todo el derecho del mundo a estar contenta con su cuerpo y más en estos tiempos en los que desde la televisión nos dicen que “sin tetas no hay paraíso”. Hasta ahora la culpa de que no tuviéramos paraíso era de la pérfida Eva que hizo comer a Adán aquella manzana del pecado y la soberbia, pero ahora resulta que el problema no fue del fruto del manzano sino de que Eva no tenía en el Edén una discoteca en la que sortearan un aumento de las “lolas”, que al salir de una costilla adánica habían quedado pequeñas, donde ella hubiera sido la única afortunada, no había ninguna más.

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