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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Dioses endemoniados

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 6 de octubre de 2008, 10:55 h (CET)
Los oráculos de la economía me lo parecen. Así, cuando escucho a Solbes, a ese satánico del banco europeo que sólo sube los intereses, o gente similar; recobro la idea de los demonios.

Está escrito por ahí, somos como dioses, podemos interpretarnos como dioses. ¿Lo habremos creído? ¿Será verdad? ¿Así son los dioses? ¡Caray! Aunque estas afirmaciones son muy rimbombantes, las asumimos; tanto, que nos trastocan todas las definiciones. Las EVIDENCIAS cotidianas, ahora que se lleva tanto eso de las evidencias, apuntan en contrario; o no los encontramos, o son muy pequeñitos esos dioses. Si tiramos por la línea de Hervé Fischer, el ateísmo pretende la ausencia de un Dios, pero nos lanza por unos sueños prometeicos que todo lo consiguen, ¿Económicos? En realidad acabamos sirviendo a diosecillos perversos, burdos, que no debieran engañar a nadie. Adán y Eva, escucharon lo mismo de la serpiente, y nos enredaron bien. Enfrentados a las brumas y a las tinieblas, cuesta entrever algo de luz, ¡Vaya si cuesta! Por eso sorprende ese empeño moderno que pretende revestirnos de dioses. Veamos alguno de los derroteros por los que nos desliza esa tozudez.

Como si se tratara de un cruce de caminos, nos han colocado paletas reflectantes con sugerentes invitaciones, no parecen existir impedimentos, los caminos ofrecidos aparentan una enorme diversidad a nuestro alcance, llegan a marearnos con tantas direcciones, con abundantes posibilidades simultáneas. ¡Cuando en realidad sólo hay una verdadera! La vida transcurre veloz, si nos regodeamos con el presente, ya fue, ya se nos convirtió en pasado; si hubiéramos encallado en el pasado, se agrava la cuestión. Queramos o no, siempre estamos abocados a la última PESQUISA, iniciando el siguiente paso, un nuevo descubrimiento, renovadas sorpresas desde el fondo del saco. Deambulamos, forzados por esa dirección única, transcurrimos. Ese si que es un imperativo para cada persona, más todavía, una auténtica dictadura de pasos contundentes. No importa si deletreamos la historia, la estaremos utilizando como futuro inmediato, para bien o para mal.

Aunque vayamos en esa dirección irreversible de la vida, hacia ese final; cada persona lo hace con una orientación y sentido, busca los matices que más le satisfacen. Esas manifestaciones particulares se MULTIPLICAN, cada uno de los figurantes –y lo somos todos-, aporta muchas significaciones, incluso varias de ellas a la vez. Cada uno busca los puntos de apoyo que considera pertinentes, con los razonamientos o justificaciones ajustados a sus mentalidades. Como vengo diciendo, los enfoques son múltiples. En ocasiones se persiguen objetivos patrióticos, lo que no equivale al designio de esas patrias como conceptos elevados. El hedonismo simplón se convierte en otro núcleo importante, como lo serán las economías, la fuerza, o la misma pasividad mental. Contamos con marchas de lo más garbosas, otras del género taciturno, y otras, perversas, malintencionadas. ¿Qué relación se establece entre esas actitudes diferentes?

Aquella generosa capacidad para la introducción de matices, nos aboca a la imposibilidad de generar conductas personales idénticas. Ninguna persona se comporta y piensa exactamente como otra, no existen esas similitudes exactas. Dejemos hoy a un lado a la fría clonación. Con las circunstancias vitales en danza, se propician todo tipo de roces y presiones; unos de intensidad leve, como también se originan encuentros de penosas consecuencias. Se agranda así, la entidad de una invitable realidad, la INCOMPLETUD de cada individuo; como mínimo, requiere de los demás, bien para el contraste de sus propias características, bien para compartir experiencias. En esta tesitura de proximidad, experimentamos los fuertes chirridos de la convivencia. No todo sale a plena satisfacción, se necesita la consideración de las carencias, no son suficientes los anhelos personales; menos aún, los resultados de sus acciones.

Las insuficiencias referidas, como una potente fuerza gravitatoria, tiran de los pretendidos dioses humanos hacia el pozo de los desencantos. Transforman aquellos sentidos buscados, en unas FRUSTRACIONES de muchas facetas. A los desencuentros les acompañan reconcomios ácidos, con una gran cantidad de bilis acumulada, de una fermentación comprimida en lo más íntimo de sus ánimos. Las potencias se toparon con su propia medicina; entre todas, sacaron a relucir las peores esencias de cada una de ellas. La peor consecuencia de todo ello es que no son fuerzas muertas. De no encontrarles la salida adecuada, su fermentación generará impulsos descontrolados. Aquí tenemos ya la metamorfosis de dioses en diablos; continuan siendo personales, adaptados a cada individuo, con sus matices, con sus peculiares formas de ser. Observemos alguno de los diablos más abrumadores surgidos de las citadas frustraciones, ¡Tantos ejemplos cercanos!

En este juego de ambiciones y fracasos, de encumbramientos derretidos antes de empezar su función; se nos ha colado una de las formas más infernales de sufrimiento. Pudo ser un ejercicio placentero del pensamiento, pero el empecinamiento en una libertad total, mal entendida, llegó a cansar hasta las neuronas más frívolas. ¡Miren en que ha quedado el presuntuoso dios mental! En una DEPRESIÓN abúlica y aplastante, que tantos acaban por sufrir.

Las carencias y los enfoques deficientes se encargan de reprimir las ansias desmedidas; represiones que se van acumulando. Afectan a los ambientes familiares, políticos, universitarios, como a tantos otros. Esa fermentación aumenta la presión y su final no es bueno, no puede serlo. Los afectados suelen ser EXPLOSIVOS en sus respuestas. Terroristas, violencia doméstica, agresiones en las aulas. ¿Dónde tuvieron puestos sus objetivos antes de llegar a esto? ¿Cómo se responderá a la crisis económica actual?

El tercer ejemplo viene determinado por el vértigo de los sujetos implicados. Al agobio de esta situación se llega por el SOLIPSISMO recalcitrante de sus protagonistas. Se produce una parálisis por aturdimiento; no vislumbran nada meritorio fuera de ellos. Ese dar vueltas sobre sí mismos, no les aporta más que nuevas incongruencias y su derrumbe como personas. Con su actitud era el único fin posible.

Algunos se disfrazan directamente, SATANIZADOS por propia iniciativa, eligen desde el principio esa misión suprema; satanizan, tratan de poseer diabólicamente a todo lo que dificulte sus insinuaciones. Estos, además de endiosados, ofrecen el agravante de una opción plagada de malignidades. Es su disfrute máximo.

En fin, estamos ante otro triángulo curioso. Pretensiones descabelladas. Frustraciones crudas tras el enfrentamiento con la realidad. Y cerramos la figura con la pataleta demoníaca, como reacción estentórea.

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