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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

La victoria de Correa en el contexto ecuatoriano e internacional

Isaac Bigio
Isaac Bigio
sábado, 4 de octubre de 2008, 22:23 h (CET)
Según los datos finales oficiales la nueva constitución ecuatoriana fue aprobada por amplio margen. Tres de cada cuatro inscritos sufragaron y un 64% de ellos lo hizo por el Sí, un 28% por el No y un 8% votó nulo o blanco.

Ecuador era uno de los países que más cambiada de mandatarios en Occidente. De enero del 2000 al del 2007 esta república tuvo 11 mandatarios (incluyendo 6 que fueron parte de dos distintas juntas). Hoy Correa se ha convertido en el presidente más popular en esa república desde que ésta inició hace 3 décadas su actual democracia. El, además, podría ser el que más tiempo dure (pues según la nueva carta magna su gestión iniciada en Enero 2,007 podría culminar en el 2,017).

La nueva constitución tiene un corte radical aunque no plantea expropiaciones o el socialismo. Si bien la izquierda cree que ésta le ayudará a crecer por todo el continente, el triunfo de Correa ha sido por 7 a 8 puntos menos que el que tuvo la constitución que hizo aprobar Chávez apenas inició su mandato en Venezuela 1999 y no ha sido tan total como lo afirmaban los primeros sondeos.

El Sí ganó en casi todas las provincias pero perdió en Napo (bastión el ex presidente Gutiérrez) y en la capital (aunque no en la provincia) de Guayas. Esto último ha hecho que Jaime Nebot, el alcalde Guayaquil, haya logrado cierto triunfo pues buscará aparecer como el aglutinador de la oposición y la principal figura electoral del socialcristianismo americano.

La victoria de Correa en el contexto ecuatoriano e internacional

En sus 178 años de historia Ecuador ha tenido 20 constituciones y casi 140 distintas presidencias o personas que han integrado juntas o gobiernos provisionales. La mayor parte de ellos no fueron electos. Ecuador ha tenido más de 50 presidentes interinos o encargados y solo 40 han sido presidentes constitucionales, gran parte de los cuales no terminaban su periodo.

Hace 29 años un triunvirato militar le dejó el poder a los civiles y desde esa fecha Ecuador hasta el 2007 ha tenido 23 presidentes o miembros de juntas de gobierno. En los 7 años que van desde Enero del 2000 al del 2007 once personas encabezaron dicha convulsionada nación.

Correa, al haber obtenido un 64% de los votos emitidos para su constitución, se encuentra con mayores probabilidades de querer acabar con ese ciclo de inestabilidad y dar paso a un régimen más duradero.

Los resultados del referendo muestran una curva de ascenso para el nuevo presidente Rafael Correa. El 15 de Octubre del 2006 él quedó segundo en la primera ronda presidencial consiguiendo apenas 1, 184,097 de votos (22.89%), pero el 26 de noviembre triplicó su apoyo y ganó la segunda vuelta con 3, 517,635 votos (56.67% de los votos válidos). En la consulta constitucional del 28 de septiembre del 2008 el Sí a la carta magna de Correa sobrepasó los 4, 700,000 votos bordeando el 64%. Este último porcentaje se refiere a los votos emitidos pero si se descartase los votos nulos o blancos el Sí bordearía el 70% de los votos válidos, una progresión para Correa de 13 puntos adicionales en relación a la segunda vuelta del 2006.

Con ese caudal Rafael Correa se siente el presidente más popular que haya tenido su país desde que hace 3 décadas se restableció la democracia y cuenta con una constitución hecha a su medida con la cual él podría aspirar a quedarse un total de 10 años en la presidencia.

El modelo bolivariano
Tanto Ecuador como Bolivia han sido las repúblicas más inestables de Suramérica y en ambos lugares hay hoy gobiernos populistas que plantean darles regímenes más duraderos buscando preservar el mercado pero adaptándose a un sentimiento populista y nacionalista pro-indígena que es muy fuerte en una población (especialmente en las tierras altas) que en los últimos años protagonizó grandes protestas sociales.

A pesar de su retórica socialista ni Correa ni Morales quieren seguir un camino como el que Cuba recorrió hace medio siglo. Los gobiernos de La Paz y Quito se oponen a la estrategia de expropiar a los capitales privados para crear una economía socializada y planificada regida por un partido comunista único. Ambos llaman a incentivar a las empresas nacionales, a buscar inversiones extranjeras y a garantizar una democracia multipartidaria.

Lo que ellos quieren es pasar de lo que denominan como el ‘neoliberalismo’ para dar paso a un capitalismo con rasgos proteccionistas, que objete realizar Tratados de Libre Comercio con EEUU y que busque medidas sociales para disminuir la brecha social que agigantó las diferencias entre pobres y ricos durante los años noventas.

Este modelo es cuestionado por diversos sindicalistas para quienes los ‘bolivarianos’ buscan desmovilizar y apaciguar la protesta social para seguir manteniendo el capitalismo y ‘preparar las condiciones para que la derecha retorne al poder’, y también por los monetaristas que le ven como un salto al vacío que jaquea la integración a la globalización y que podría acabar generando mayor deuda pública e inflación.

Correa y Morales siguen el modelo de Chávez de querer hacer que los sectores más marginados de sus sociedades se sientan identificados con un Estado que les protegiese y mejorase su acceso a la educación, la salud y la justicia mientras que se evita un cambio radical, una revolución social o una guerra civil.

Este modelo no deja satisfecho ni a quienes quisieran una economía socializada ni a quienes creen que el nuevo experimento social va en contramano al avance de las tendencias liberales que se han venido imponiendo en el hemisferio norte.

Correa, al igual que sus colegas bolivarianos de Venezuela y Bolivia, busca consolidarse en el poder y prolongar su estadía en éste mediante una carta magna confeccionada a su gusto y por una mayoría oficialista en la asamblea constituyente.

Sí a Correa … pero también a Nebot
Si uno estudia los resultados finales del referendo constitucional encontrará que el Sí se ha impuesto en las 4 regiones naturales del Ecuador (Costa, Sierra, Amazonía y Galápagos) además de la ‘quinta región’ (que es como en Ecuador se conoce a su diáspora, la cual constituye entre un sexto y un cuarto de sus connacionales).

Esto último es una ventaja muy importante en relación a la situación de Evo Morales. El presidente boliviano, si bien fue ratificado en su cargo con un 68% de aprobación en el plebiscito revocatorio del 10 de Agosto, él perdió en 2 de los 9 departamentos (Santa Cruz y Beni, los mismos que lideran la vasta región amazónica).

Correa ha ganado en todas las provincias de la sierra (su bastión) y de la costa. Un dato significativo es que en 5 de las 6 provincias costeras el Sí ganó bordeando o superando el 70% de los votos emitidos.

La provincia que mayor porcentaje le ha dado al Sí en la costa es El Oro (frontera con Perú) donde el 76,24% de los electores respaldó la constitución propuesta y en la sierra es Azuay (78,3%). El Sí ganó en el extremo norte (Esmeraldas) con el 70,47% y en el extremo sur (Loja) con el 73,31%.

Sus victorias más difíciles han sido en Bolívar (53.21%) y su vecina Tungurahua (57,87%) que está en el centro del país, en las Galápagos (56.27%) y en Guayas (51.02%). Esta última es la provincia donde está el principal puerto exportador que es Guayaquil, el mismo donde el No obtuvo el 46.97% de los votos emitidos ante el 45.68% del Sí, 6.83% de votos nulos y 0.52% de papeletas en blanco.

La única provincia donde el No ganó ampliamente es en Napo (donde obtuvo el 55,43%), provincia natal del opositor ex presidente Lucio Gutiérrez mientras que en la vecina Orellana el Sí gana al No por un 47% al 46%, pero dado el porcentaje de 7% a 8% de votos nulos o blancos, el Sí no cuenta con mayoría absoluta. Pastaza, que al igual que sus vecinas Napo y Orellana es parte de la Amazonía (tradicional bastión de los Gutiérrez), le estaría dando un margen muy chico de victoria al Sí.

El nivel de apoyo a la constitución correísta es muy grande y extendido. Esto le garantiza al presidente el poder consolidar su mandato y buscar ir a una nueva elección que le garantice un nuevo cuatrienio, el mismo que podría renovar hasta acabar su periodo en el 2,017.

Sin embargo, él deberá hacer frente a dos bastiones opositores. En el oriente tiene a los partidarios de Lucio Gutiérrez y en Guayaquil a los del alcalde socialcristiano Jaime Nebot. Napo y Orellana no tiene el peso poblacional, geográfico o económico de Santa Cruz en Bolivia. En Guayaquil, por su parte, la victoria opositora ha sido tenue.

Esto hace que Rafael Correa no cuente con un enemigo tan fuerte como es el que Evo Morales tiene al confrontar el autonomismo de Santa Cruz, el mismo que logra arrastrar en parte a 5 de los 9 departamentos de Bolivia. El movimiento de Nebot en Guayaquil, si bien atiza el regionalismo y la bandera local, no tiene los elementos federalistas o separatistas que han ido creciendo dentro de la llamada ‘Nación Camba’ en el oriente de Bolivia.

Por otra parte, el margen de victoria de Correa es 8 puntos inferior al que tuvo su ‘maestro’ Hugo Chávez cuando debutó en la presidencia venezolana en 1999. En el referendo que aprobó la constitución bolivariana del 15 de diciembre de 1999 el Sí obtuvo el 71,78% de los votos escrutados (3.301.475 votos) contra 1.298.105 por el No. Ciertamente que en el referendo ecuatoriano tres de cada cuatro inscritos sufragaron mientras que en Venezuela la abstención que fue del 55,63% (6.041.743 personas).

Una paradoja es que la derecha, si bien perdió en el referendo ganó en Guayaquil con lo cual Jaime Nebot ha logrado un cierto, aunque ajustado, triunfo. Mientras Correa reivindica el sí para él, Nebot puede también querer decir que él ha recibido un sí para querer encabezar a la oposición ecuatoriana.

La oposición venezolana tardó mucho en encontrar un líder que la unifique y la boliviana aún no la encuentra. Apenas Correa llega al poder Nebot quiere asumir ese rol. Quien es el alcalde de la mayor urbe ecuatoriana desde el 2000 es también la figura electoral más importante del socialcristianismo latinoamericano, una corriente que siempre solía tener un presidente en algún país de la región y que recién ha dejado de mantener ello.

Perspectivas internacionales
La victoria correísta animará a la izquierda latinoamericana. Chávez querrá montarse sobre ello para ganar las elecciones regionales de noviembre y Morales para ir a un referendo constitucional que pueda vencer. Nicaragua querrá valerse de ello para presionar a sus socios centroamericanos hacia una postura más crítica ante EEUU mientras se convierte en el principal defensor occidental de Irán y del reconocimiento ruso de Abjasia y Sud-Osetia.

Los sucesos ecuatorianos podrán animar a varios partidarios del presidente paraguayo Fernando Lugo para querer tomar medidas más fuertes contra el sistema que heredan tras 6 décadas de coloradismo.

En el caso peruano Ollanta Humala y los sindicatos querrán aprovecharse de ello para ir minando al gobierno de Alan García cuya popularidad es baja, mientras que en Colombia el Polo Democrático intentará valerse de dicho impulso para minar el gran respaldo social que tiene el presidente Alvaro Uribe.

Ecuador no tiene un rol muy importante que jugar en la política o la economía globales. Sin embargo, su referendo no deja bien parado a la administración de George W. Bush. En momentos en los cuales McCain quiso usar la reciente expulsión de embajadores estadounidenses de La Paz y Caracas para enrostrar a Barack Obama que él quiere negociar con Chávez (a quien sindica de dictador y pro-terrorista), los demócratas hoy le pueden querer quitar puntos a los republicanos aduciendo que su guerra en Iraq ha descuidado y radicalizado a América Latina.

El referendo ecuatoriano ha dado impulso a la ola rosa que viene haciendo que la gran mayoría de América Latina cuente hoy con gobiernos que se proclaman de izquierda, aunque también, paradójicamente, podría ayudar a dar cierta estabilidad y controlar un foco de constantes presiones sociales en la región.

Correa mientras tanto se vanagloria de haber impuesto una constitución que da mayor acceso a la salud, la educación y la justicia gratuitas, crea el ‘cuarto poder social’ para controlar a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, impide la presencia d ebases militares foráneas y que ha dado la mayor concesión hecha a una diáspora latinoamericana (el 5% del nuevo parlamento ecuatoriano será electo por los connacionales del exterior).

A nivel interno la oposición buscará agruparse cuestionando con la iglesia a nuevas concesiones a los homosexuales o al aborto, incentivando el regionalismo de Guayaquil o del Amazonas o cuestionando un posible autoritarismo presidencial. Por su parte, muchas organizaciones sindicales e indígenas querrán valerse de la victoria del Sí para pedir radicalizar el proceso.

El presidente mientras tanto deberá buscar ser desbordado por esos flancos mientras que puede ir buscando des-dolarizar la economía sin tener que enajenar a grandes inversionistas con nacionalizaciones.

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