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Industriales de la miseria, los nuevos dueños del Paraguay

Luís Agüero Wagner
Redacción
viernes, 3 de octubre de 2008, 11:02 h (CET)
Declarar estado de emergencia es para algunos comedores de carroña de Paraguay un gran negocio, que se traduce en millones de dólares.

La polémica generada a raíz de la suspensión de un evento automovilístico en el Chaco paraguayo, ha hecho a muchos reflexionar en Paraguay sobre el inmenso poderío de las ONGs en el gobierno del obispo Fernando Lugo.

La idea de declarar estado de emergencia en Paraguay es una idea que hace mucho venían acariciando los "chicos buenos" de las ONGs financiadas por USAID, el NED, IAF, y otras fundaciones anexas a la CIA que hoy al fin alcanzaron el tan anhelado zoquete en la función pública en Paraguay, y viven de las escuálidas arcas públicas de un país miserable entre miserables.

El resultado del estado de emergencia no ha sido, a pesar de todo, una pronta asistencia a los damnificados sino una gran polémica en torno al automovilismo y el aumento en la recepción de donaciones de la ex operadora del Plan Colombia Liliana Ayalde, hoy embajadora en Paraguay.

Escuchemos la advertencia del intelectual izquierdista James Petras, con respecto a este poder que amenaza con tomar ribetes totalitarios en nuestro país: "Al incorporar a los pobres a la economía neoliberal a través de acciones voluntarias que son exclusivamente de la iniciativa privada, las ONG crean un mundo en el que la apariencia de una solidaridad y
acciones sociales ocultan una conformidad hacia las estructuras nacionales e internacionales del poder. No es casual que las ONG se hayan convertido en entes dominantes en ciertas regiones donde las acciones políticas independientes han decaído y el neoliberalismo rige sin oposición alguna".

LAS ONGs, EL PODER DETRÁS DEL PODER
La CIA utiliza para financiar sus redes globales no gubernamentales un gran plantel de fundaciones, algunas ficticias, otras reales. También hay un gran número de organizaciones que reciben fondos de la CIA: revistas académicas de renombre, sindicatos y think tanks políticos, por supuesto que todas dedicadas a la difusión de las ideas que Washington considera oportunas. Estos beneficiarios de una supuesta asistencia en metálico en realidad son parte de una estrategia del imperio, que no se caracteriza por dar puntada sin hilo precisamente.
Estados Unidos elaboró desde el final de la guerra fría una nueva doctrina de golpes de estado soft mediante la utilización de técnicas no violentas. Inspirándose en la eficacia de las luchas políticas que desarrolló en la India Mohandas K. Gandhi, la no violencia activa, Washington trata desde hace poco más de una década de derrocar los gobiernos que no le gustan mediante un dispositivo que le garantice el apoyo de la opinión pública internacional. Para logar estos fines por medio de la nueva doctrina, las organizaciones no gubernamentales, tan populares ante los medios de difusión, juegan un papel esencial. Como señala el periodista de Counterpunch Jacob Levich, «las organizaciones no gubernamentales -asociaciones teóricamente independientes y con la reputación de humanitarias, conocidas bajo de la denominación de ONG- están ya abiertamente incorporadas a la estrategia de conjunto de Washington para consolidar su supremacía global».
Conocidas herramientas de desmovilización, figuras como James Petras han advertido sobre el papel que algunas ONGs desempeñan como brazos del poder internacional en la fractura de luchas populares reivindicativas. Según él, para combatir verdaderamente las fuentes de las desigualdades y la pobreza, estas organizaciones deberían actuar al amparo de los movimientos sociales.
Aun cuando las ONG han criticado violaciones a los derechos humanos, rara vez denuncian a sus benefactores en Europa y Estados Unidos. A medida que aumentó la oposición al neoliberalismo, el Banco Mundial (BM) incrementó los donativos destinados a las ONG
Repitiendo lo que señala Petras, no se puede dudar que las ONGs se han convertido en empresarios de la pobreza, ya que no son elegidos por las comunidades donde supuestamente trabajan y utilizan a los pobres como fuente para conseguir financiamiento de los visitantes de países ricos. Eso se debe a que muchos integrantes de las ONG son ex comunistas, ex socialistas y ex dirigentes populares, que sufrían con el pueblo y que estaban sometidos por las asambleas. Ahora, sin embargo, son jefes, les gusta tener secretaria, vehículos 4x4, acceso a la tecnología y gozar de los privilegios que antes criticaban. La mayoría de ellos rondan los 30, 40 años, tienen hijos en la escuela pública y sus parejas están cansadas de soportarlos en el activismo político… Para ellos, someterse a los intereses de los donantes, les abrirá la puerta a lo que desean: colegios privados para los hijos, comer fuera tres veces por semana y pagarle a una mucama para que limpie la casa. Sin duda, poder disfrutar de ese nivel de vida actúa como una poderosa fuerza de atracción para quienes han pasado un tiempo en la lucha de clase y se han cansado de ésta. Ahora todos estos ex izquierdistas prefieren integrar la clase media y proyectar una imagen progresista.
Hoy la víctima propiciatoria es el rally, con cuya realización nunca estuve personalmente de acuerdo, pero quien sabe cuál será la próxima restricción que impongan a través de su todo poderoso entretejido en nuestra sociedad, estos aprendices de dictador y tiranuelos que pululan por nuestro territorio haciendo de nuestra pobreza una industria. LAW

LO QUE ESCRIBIÓ JAMES PETRAS:
Comentaristas e intelectuales se mostraron sorprendidos cuando muchos líderes y activistas deorganizaciones no gubernamentales (ONG) se unieron a la campaña electoral de Vicente Fox y,tras su victoria, esperan recibir puestos dentro de su nuevo gobierno. La idea de que líderes"progresistas" de las ONG se unan a un régimen abiertamente partidario del "libre mercado"parece anómala. No obstante, un análisis más profundo de la historia y antecedentes defuncionarios de ONG en América Latina, así como de su ideología y nexos con donantesexternos, podía haber vaticinado este escenario.
En la transición hacia la política electoral en Chile, Bolivia, Argentina y América Central,numerosos líderes de ONG se aliaron a regímenes neoliberales que utilizaron su experienciaorganizacional y retórica progresista para controlar protestas populares y socavar movimientosde clases sociales.
Desde el principio de la década de los 80, las clases dominantes neoliberales, junto con elgobierno de Estados Unidos y gobiernos europeos, se percataron que las políticas del "libremercado" estaban polarizando a las sociedades en América Latina. Mediante fundacionesprivadas y fondos estatales empezaron a financiar a las ONG, mismas que expresaban unaideología contra el Estado y promovían la "autoayuda". A finales de este milenio, existen unas100 mil ONG en todo el mundo que reciben cerca de 10 mil millones de dólares y compiten conlos movimientos sociopolíticos por la lealtad de las comunidades militantes.
Aun cuando las ONG han criticado violaciones a los derechos humanos, rara vez denuncian asus benefactores en Europa y Estados Unidos. A medida que aumentó la oposición alneoliberalismo, el Banco Mundial (BM) incrementó los donativos destinados a las ONG. Elpunto fundamental de convergencia que comparten las ONG y el BM era el rechazo de ambasentidades al "estatismo". Superficialmente, las ONG criticaban al Estado desde un perspectivade "izquierda" en la que defendían a la "sociedad civil", mientras que al BM lo criticaban ennombre del "mercado".
En realidad, el BM y los regímenes neoliberales aprovecharon las ONG para minar el sistema deseguridad social estatal, y fueron utilizados y reducidos a medios para compensar a las víctimasde las políticas neoliberales. Mientras los regímenes neoliberales disminuían los niveles de viday saqueaban la economía, las ONG se fundaron para promover proyectos de "autoayuda" queabsorberían, temporalmente, a pequeños grupos de desempleados pobres, a la vez quereclutaban líderes locales.
Las ONG se convirtieron en "el rostro comunitario" del neoliberalismo y se relacionaroníntimamente con los de arriba y complementaron su labor destructiva. Cuando los neoliberalestransferían lucrativas propiedades estatales, privatizándolas para los ricos, las ONG no fueronparte de una resistencia sindical. Por el contrario, se mostraron activos en la creación deproyectos privados, promoviendo el discurso de la iniciativa privada ("autoayuda") al dedicarse afomentar la microempresa en las comunidades pobres.
Las ONG crearon puentes ideológicos entre pequeños capitalistas y los monopolios que sebeneficiaron de las privatizaciones --todo en nombre del antiestatismo y la construcción de lasociedad civil. Mientras los ricos creaban vastos imperios financieros a partir de lasprivatizaciones, profesionales de clase media que trabajaban con las ONG recibían pequeñosfondos para financiar sus oficinas, sus gastos de transporte y sus actividades para promoveractividades económicas a pequeña escala.
Lo importante aquí es que las ONG despolitizaron a sectores de la población, ignoraron suscompromisos hacia actividades del sector público y se valieron de líderes sociales potencialespara la realización de proyectos económicos pequeños. En realidad, las ONG no son nogubernamentales. Reciben donativos de gobiernos extranjeros o funcionan como agenciassubcontratadas por gobiernos locales.
Igualmente importante es el hecho de que sus programas no son calificados por lascomunidades a las que ayudan, sino por sus benefactores extranjeros. Es en ese sentido que lasONG sabotean la democracia al arrancar programas sociales de las manos de las comunidades yde sus líderes oficiales, para crear dependencias a cargo de funcionarios no electos,provenientes del extranjero, quienes eligen y ungen a sus interlocutores locales.
La ideología de las ONG en cuanto a sus actividades privadas y voluntarias destruye el sentidode lo "público"; la idea de que el gobierno tiene la obligación de procurar a todos susciudadanos. Contra esta noción de responsabilidad pública, las ONG fomentan la idea neoliberalde una responsabilidad privada hacia los problemas sociales y la importancia de los recursospara resolver estos problemas. De tal suerte, las ONG imponen una doble carga sobre lospobres: el pagar impuestos para financiar a un Estado neoliberal que sirve a los ricos; y elautoexplotarse de manera privada para satisfacer sus propias necesidades.
Muchos de los líderes y militantes de las ONG son ex marxistas o "post marxistas", quienestoman prestada mucha de la retórica referida a "dar poder al pueblo", "el poder popular", "laigualdad de género" y "el liderazgo de las bases como el único que logra legitimidad", mientrasque alejan la lucha social de las condiciones que marcan la vida de las personas. Las ONG seconvierten en un vehículo organizado que permite la movilidad social ascendente paradesempleados o profesionistas ex izquierdistas mal pagados. El lenguaje progresista disfraza elnúcleo conservador de las prácticas de las ONG. Ejemplo de esto es el hecho de que lanaturaleza local de las actividades de las ONG tiene siempre que ver con "dar poder", pero losesfuerzos de estos organismos rara vez van más allá de una influencia en pequeñas áreas de lavida social, utilizando los recursos limitados y siempre dentro de las condiciones permitidas porel Estado neoliberal. En lugar de dar educación política sobre la naturaleza del imperialismo ysobre las bases clasistas del neoliberalismo, las ONG discuten sobre "los excluidos", "losindefensos" y "la extrema pobreza" sin jamás pasar de sus síntomas superficiales para analizarel sistema social que produce estas condiciones.
Al incorporar a los pobres a la economía neoliberal a través de acciones voluntarias que sonexclusivamente de la iniciativa privada, las ONG crean un mundo en el que la apariencia de unasolidaridad y acciones sociales ocultan una conformidad hacia las estructuras nacionales einternacionales del poder. No es casual que las ONG se hayan convertido en entes dominantesen ciertas regiones donde las acciones políticas independientes han decaído y el neoliberalismorige sin oposición alguna.

La conversión de líderes de las ONG; de abanderados del "poder popular", a simpatizantes delpresidente electo conservador, Vicente Fox, es por lo tanto perfectamente comprensible. Losfuncionarios de las ONG proporcionan la retórica "populista" en torno a la sociedad civil quelegitiman las políticas del libre mercado. A cambio, sus nombramientos como funcionarios gubernamentales satisfacen sus ambiciones de movilidad y ascenso social. Para los exizquierdistas, el antiestatismo es el pasaje que les concederá tránsito ideológico de la política declases y el desarrollo comunitario hacia el neoliberalismo. Para los intelectuales críticos, elproblema no es sólo el neoliberalismo del "libre mercado" que viene de las cúpulas, sino tambiénel neoliberalismo de la "sociedad civil", que proviene de abajo.

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