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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La impunidad de los modernos piratas

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 2 de octubre de 2008, 10:24 h (CET)
Cuando se nos habla de que la historia se repite puede que mantengamos una cierta actitud de reserva e incredulidad. ¿Cómo es posible que alguien pueda pensar que todos los errores de aquellos que nos han precedido en el tiempo, puedan ser repetidos de nuevo, cuando la civilización ha dado pasos de gigante en la investigación, progreso y desarrollo y, los adelantos conseguidos, han sido capaces de llevar el hombre hasta la luna, se han descubierto remedios maravillosos, como la penicilina, y las personas gravemente enfermas consiguen sobrevivir gracias a trasplantes de órganos recuperados de los cuerpos de otras que fallecieron? No podemos llegarnos a creer que, en el mundo, se pueda producir de nuevo un genocidio como el llevado a cabo por los nazis o que se reproduzcan revoluciones, como la soviética de octubre de 1917, capaces de causar el exterminio de millones de ciudadanos por el solo hecho de no ser gratos al tirano de turno.

No obstante, no cabe duda de que, en pleno Siglo XXI, tenemos ocasión de contemplar, entre perplejos y anonadados, como todavía quedan países en nuestro planeta que continúan viviendo como la hacían en nuestra Europa en la Edad Media y que, millones de personas, entre ellas niños de corta edad, pasan por grandes hambrunas y son pasto de los efectos de las luchas entre distintas bandas de facinerosos, que se atribuyen el derecho sobre la vida y la muerte de todos aquellos que se interponen en su camino de destrucción. Un ejemplo de un país sometido, desde hace años, a los avatares de sus luchas intestinas, en el que los éxodos de ciudadanos, de un lugar a otro, para evitar encontrarse cogidos entre los distintos bandos en liza que se disputan el poder, que impiden a la población civil gozar de una vida estable; los tenemos, sin duda, en la República de Somalia, situada en el gran cuerno africano. Franqueada al oeste por Etiopía y al sur por Kenia, se extiende por toda la parte oriental del continente africano. Los roces de los llamados “Señores de la guerra” con el inestable gobierno, fruto de la incorporación de Jubalandia y la Unión de Cortes Islámicas al Gobierno Transicional de Somalia, todavía mantienen en vilo a una población dividida y empobrecida, que no consigue disfrutar del apreciado bien de la paz.

Así las cosas, quizá como consecuencia inmediata de la dificultad para mantener el orden interno o de las facilidades para conseguir armarse y constituirse en pandillas de forajidos, que actúan al margen de los bandos enfrentados; han aparecido, de nuevo, una modalidad de amigos de lo ajeno que habíamos relegado a las narraciones románticas de Emilio Salgari y sus “Tigres de Mompracén” con el famoso pirata Sandokán y su amigo el capitán Yañez. En aquellas historias, los piratas eran benefactores y robaban a los malvados para ayudar a los indefensos, siempre en lucha contra el Imperio Británico. Hoy en día, sin embargo, los nuevos piratas van armados hasta los dientes con moderno material de guerra y utilizan veloces embarcaciones para cometer sus tropelías. Lo curioso es que, si bien ya hubo antecedentes en el caso del Aquile Lauro, secuestrado por guerrilleros palestinos; no ha sido hasta los últimos años que la piratería se ha convertido en algo organizado, peligroso y muy difícil de erradicar, si nos atenemos al número de secuestros de barcos realizados por estos piratas somalíes a lo largo de sus costas y en el mismo golfo de Edén, al norte.

Mogadisco parece haberse convertido en la nueva Isla del Tesoro para estas gentes que han encontrado el medio para hacerse ricos asaltando barcos y pidiendo rescate por ellos, usando como pantalla las aterradas tripulaciones de las que se han apoderado. Ya tuvimos ocasión de ver como una nave española, un pesquero, fue asaltada por piratas que se hicieron con un rescate, pagado con el consentimiento del Gobierno español, con el que se marcharon tranquilamente ante las narices de un buque de guerra español al que, desde el Gobierno, se le dieron instrucciones para que no interviniera. ¡Seguramente les habían dado palabra de honor a los asaltantes de que se podrían salir de rositas si eran buenos! Vergonzoso, como vergonzosas han sido las actuaciones de los socialistas en todos sus intentos de negociar con bandidos, como ocurrió en el caso de sus cambalacheos con la ETA.

Y es que parece que las actuaciones ejemplarizantes ahora ya no están bien vistas. ¿Cómo vamos a permitir que se les pegue un cañonazo que los haga migas a unos infelices que huyen con el botín después de haber puesto en la picota a los infelices tripulantes de un barco español? Zarkozy no tuvo tantos remilgos y se cargó a quienes intentaron sacar provecho de un abordaje a un buque francés. ¿Qué se apuestan ustedes a que estos indeseables no se atreven con una nave israelí? Pueden apostar a que no. Saben que los judíos no se andan con chiquitas y que quienes se atrevieran a meterse con ellos iban a salir con los pies por delante del intento. Ahora han apresado a un navío ucraniano cargado de 33 tanques T-72, lanzagranadas y abundante munición destinada al gobierno de Kenia. Los tiene copados tres barcos de gurra frente a Mogadisco donde, por lo visto, los piratas tienen a dos barcos más esperando recibir el rescate. Nadie hace nada, hay escudos humanos y por ello se pagarán los rescates y pelillos a la mar.

Y uno, en su ignorancia, se pregunta: ¿Para qué van a servir los 90 efectivos y un avión que España ha enviado a la zona peligrosa si luego, cuando se produzca al asalto ­– que se producirá, teniendo en cuenta el éxito de la primera intentona –, en lugar de intervenir y liquidar a los agresores, se quedan en sus puestos mirando de lejos lo que ocurre, mientras el Gobierno busca la pasta para pagar el chantaje de los criminales? ¿No sería mejor enseñarles a estos piratas que quien la hace la paga y que, abordar un barco español significa que todos los piratas van a quedar colgados del palo mayor de la embarcación?. Si, ya sé, los rehenes. Puede que corrieran peligro, puede incluso que alguno muriera pero, también mueren en la guerra de Afganistán personas inocentes y continúan las operaciones para liquidar el peligro que su pone dejar a los talibanes que cometan sus actos terroristas. Una actuación enérgica de un comando o unos cuantos disparos de una fragata de guerra y les aseguro que el escarmiento les haría meditar a todos aquellos que ahora encuentran muy rentable el oficio que han emprendido.

Si no hay seguridad en la mar no habrá pescadores que vayan a faenar, no habrá turistas que quieran navegar y no habrá tranquilidad en el tráfico internacional. ¿Qué mejor dejarles continuar en su tarea? Muy bien, pero después no nos quejemos de lo que pueda ocurrir. Es lo mismo que permitir que los abertzales se hagan dueños de las calles o los de ERC agredan a los del PP; se empieza así y se acaba asesinando y torturando.

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