Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Moralidad... o ética

Ángel Ruiz Cediel
Redacción
miércoles, 1 de octubre de 2008, 12:41 h (CET)
Todo asunto, toda idea y todo objeto tiene debilidades y fortalezas, que es decir sus aspectos positivos o encomiables y sus aspectos negativos o reprobables. Cuando uno de los aspectos es más importante que el otro, el asunto, la idea o el objeto es considerado bueno o malo, según lo dominante. Así ha sido la cosa... hasta que apareció el márquetin. A partir de este momento se aprendió que puede hacerse un cuadro DAFO sobre cualquier cosa, resumen de fortalezas, debilidades, acciones y oportunidades, no ya con el fin de saber si la cosa es buena o mala, sino para descollar las fortalezas y enmascarar las debilidades a fin de emprender acciones que permitan aprovechar las oportunidades. Una ciencia en fin, que debido a la falta de escrúpulos de quienes carecen de moralidad o de ética puede convertir en santo a un gañán, en un acto natural un crimen o en un recomendable producto de alto consumo a algo venenoso.

La moralidad (para los creyentes) o la ética (para los agnósticos o los ateos), no es sino la imposición de la conciencia para obrar de la forma correcta, aun sin recompensa, o el freno de ésta a participar por activa o por pasiva en algo perverso. Sin embargo, las conciencias hoy parecen narcotizadas, y en una gran medida esto se debe a la machacona publicidad que asola toda neurona convirtiendo en Dios al diablo, y a que desde el pináculo de los poderes se pregone incesantemente como virtud lo que es perversa atrocidad. No porque muchos crean que lo malo es bueno (y aun lo practiquen) el mal abandonará su condición abyecta, así a esa práctica se la convierta en ley. También tuvo leyes Nerón, y Calígula, y Hitler, y Stalin, y Roosevelt..., etcétera. Lo malo es malo, y punto, sin importar qué dicte la moda del momento o el poder transitorio de turno. Por más que la Gramática gobierne, pi seguirá valiendo pi, y e continuará con su valor de e.

Da enorme bronca que el banco o la eléctrica que nos saquean con su insolencia de poderosos abusones protegidos por otros abusones con poder, o sometidos a sus dineros, nos quieran conmover con anuncios publicitarios orlados con músicas ñoñas o ganar nuestras simpatías con mensajes humanos que para ellos no tienen significado alguno; pero más atroz que esto todavía es que se quiera hacer de lo más abyecto (digamos crimen y aun genocidio, como en el caso del aborto) una cuestión de naturaleza ordinaria, permisivamente aceptada como un hecho social mayoritario. Cuando muchos piensan igual ninguno piensa mucho, ya lo dijo aquel sabio. La virtud y aun el bien nada tienen que ver con las mayorías.

Esto viene a cuento de la nueva ley que se conspira sobre aborto y su legalización salvaje, sobre la llamada regularización de la prostitución, y de otros despropósitos de semejante jaez. No existe un solo considerando social o mínimamente ético que ampare tales desafueros, por más que se descuellen las escasas pretendidas fortalezas que tengan y se oculten tan esforzadamente sus numerosos y inhumanos defectos. Sólo la narcotización de la conciencia por el interés del momento puede impedir que se salten las lágrimas de dolor íntimo con estas barbaries. La sociedad, que tanto protege la integridad de los desalmados asesinos confesos, no puede encenagar su alma colectiva o su conciencia individual o de especie asesinando lo más inocente de su acervo; ni puede, tampoco, consentir que el placer de algunos tenga el valor del sufrimiento permanente de cuerpo y de alma (o de conciencia) de aquell@s a quienes la vida ha arrinconado por infortunio. Sólo quienes en estos despropósitos tan crueles encuentran ventaja pueden ser partidarios de su legalización, y no serían, por supuesto, inocentes, aunque sólo lo consintieran mirando para otro lado. Ante barbaries semejantes el deber de conciencia es oponerse activamente: la tibieza, aquí, también es delito. No bastaba con no votar a Hitler, había que impedir el holocausto judío y gitano y de aquellos a los que también eliminó por... defectuosos, ni basta ahora con recurrir a cuestiones de momento o de mayorías. Aunque la estupidez sea universal, la inteligencia siempre será una virtud. Quienes en Alemania combatieron a los nazis que estaban exterminando a los inocentes podrían estar en minoría, pero no estaban equivocados. Es más, las minorías suelen estar más cerca de la verdad. Dios, que está solo, es la verdad misma.

No le faltan al sistema, sin embargo, pretendidos sabios titulados que pregonan la falacia de que la conciencia es nada más que una cuestión cultural, tal vez reduciendo al ser humano a una máquina que se programa como un PC. Nada menos extraño que esto en una sociedad que parece haber renunciado a la virtud en beneficio del dinero o del estatus personal; a ellos en particular y al sistema en general les conviene que así sea, porque es precisamente la conciencia el espejo que les refleja tal cual son y les desenmascara. El perverso siempre ha tratado de contaminar a los demás con su maldad, porque si todos son como él, sería normal; pero ya digo que aunque todos los hombres fueran gramáticos, pi seguiría valiendo pi, y e seguiría teniendo valor de e.

La conciencia, y en su lugar la moralidad o la ética, no es un bien coyuntural ni su rectitud se tuerce ante las modas de los necios, sino que tiene un código intemporal, para los creyentes escrito por Dios (qué mejor escribano o mejor legislador) y para los agnósticos o los ateos por millones de años de evolución. El hombre moderno, sin embargo, avasallado por la publicidad o enceguecido por las proclamas de los poderes, adormece su naturaleza y protege al criminal sobre el inocente y al depredador sobre la víctima. Resultado: esto que somos. Y no es bueno el resultado, no, ni mucho menos; pero no en vano lo tradicionalmente aceptado por la mayoría es que al muy bueno se le crucifique y que a los muy malos se los eleve a los gobiernos y al poder económico.

Noticias relacionadas

Donde se habla de encuestas sorpresivas y de otros temas

“Todo el estudio de los políticos se emplea en cubrirle el rostro a la mentira para que parezca verdad, disimulando el engaño y disfrazando los designios.” Diego de Saavedra Fajardo

Wittgenstein

​Una de las afirmaciones hechas por las personas que apoyaron la "I Carrera contra el suicidio" se refería a que quieren que este tipo de muerte deje de ser un tabú y que pase a ser estudiado con detalle para poder evitar fallecimientos por esta causa.

Cada día se suicidan diez personas en España

Carrera a favor de la prevención de las muertes por suicidio

Depredadores sexuales

Las mujeres siempre encontrarán en su camino felinos agazapados dispuestos a destruirlas en sus garras sedientas de sexo

Bélgica, condenada por vulnerar derechos humanos

A. Sanz, Lleida
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris