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El cuento de Pedro y el lobo
Daniel Sanabria
Dice Maquiavelo en su obra “El Príncipe” que para un dirigente es mejor ser temido que amado por su pueblo. En tiempos de prosperidad cuando todo va bien nadie levanta la voz, sin embargo en épocas de crisis y revoluciones el amor puede esfumarse pero el miedo no. Aunque hay dirigentes que no son amados ni temidos, como le ocurre a Pedro Muñoz, presidente de la Federación Española de Tenis.
“Nuestro rechazo a Pedro Muñoz es total”, declaraba abiertamente Rafa Nadal hace escasos días. Se puede decir más alto pero no más claro. Ni amor ni mucho menos miedo. Todo empezó, o más bien, continuó, cuando Pedro Muñoz prometió al equipo de tenis de la Davis que jugarían la semifinal ante Estados Unidos donde ellos quisieran. Y los tenistas eligieron Benidorm. Poco después el presidente confirmó que la eliminatoria ante los americanos tendría lugar en Madrid al decidirse la sede tras una votación secreta entre miembros de la Federación.
Esta decisión encendió la mecha de la bomba que a Pedro Muñoz le ha terminado estallando en las manos. Los ocho jugadores que componen la Selección Española de Tenis y el capitán, Emilio Sánchez Vicario, firmaron una carta en la que aseguraban sentirse engañados por las formas dictatoriales y manipuladoras de Pedro Muñoz. La historia, como ya saben, terminó con mensajes SMS del presidente a varios de los tenistas implicados. Busquen algunos por Google, que no tienen desperdicio.
A día de hoy todos los miembros de la Selección, desde Nadal, hasta Emilio Sánchez Vicario y pasando por Ferrer, Robredo, Feliciano, Verdasco, Moyá, Ferrero y Nico Almagro, han manifestado su descontento y desengaño con Pedro Muñoz, que sigue asegurando que la relación no es mala. Y lleva razón, la relación es peor. Nadal fue aún más contundente cuando dijo lo de “no nos sentimos representados por él y no le queremos”. Si conocen la relación de Nadal con la polémica, que es como la del polo norte de un imán con el polo norte de otro imán, adivinarán que los jugadores tienen que estar muy hartos para ser tan tajantes en sus declaraciones. Es difícil ser más claro con menos palabras.
Y es que cuando tú prometes algo a alguien y no cumples tu palabra, tu deber es pagarlo con la desconfianza que se genera en torno a tu figura. Es la ley de la moral. Pero cuando se cuentan con los dedos de una mano las veces que dices una cosa y haces otra tu deber es dimitir de tu cargo, por moral, por ética, por verguenza y por principios, si es que los tienes. Pedro Muñoz ya ha dicho que no se va a presentar a las próximas elecciones a la Federación, aunque asegura que aún hay gente que le pide que vuelva a intentarlo y eso le da pie a pensárselo. Conociendo su ‘modus operandi’ desde el sillón de la Federación muchos temen que vuelva a hacer lo contrario de lo que promete. Para exculparse, siempre podrá recurrir a las connotaciones y tal, que diría Luis Aragonés.
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