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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La inseguridad, fruto del árbol de la marginación y la exclusión

Norma S. D´Addato
Redacción
miércoles, 1 de octubre de 2008, 12:59 h (CET)
En nuestro país nos encontramos con infinidad de menores y adolescentes que pasan la mayor parte del día en las calles, con dificultades de crianza y falta de contención socio-familiar. Su medio de supervivencia consiste en deambular por las calles, estaciones de trenes y micros, plazas, centros comerciales, expuestos a continuas, constantes y permanentes situaciones de riesgo. Carecen de los servicios básicos de educación, contención afectiva, salud, alimentación, etc.

Dentro del ámbito de los chicos de la calle podemos hablar ó categorizar a dos tipos diferentes de menores: el “menor abandonado” y el “menor errante”. Que sea diferente su situación o categoría no implica necesariamente que sus necesidades y demás contingencias que lo rodean también lo sean.

Menor abandonado: Se considera así a aquel menor que este en situación de peligro real o posible, ya sea de carácter material o moral, a causa del ejercicio deficiente de la patria potestad por parte de sus padres, tutor ú otra persona que lo gobierne.

Menor errante: es el caso de los menores que tienen familia y son enviados por sus padres a la calle con el solo objeto, fin o propósito de obtener dinero. Podríamos decir que se trataría de menores que son explotados por sus familias. Obviamente que estos chicos crecen sin límites porque ellos son los encargados de mantener a sus padres, a quienes los tiene sin cuidado que sus hijos incursionen en la drogadicción y/o la delincuencia. No les importa “como” obtienen lo que llevan, sólo les interesa “cuanto” traen a sus hogares.

Cualesquiera de estas dos clases de menores viven de la caridad o mendicidad, de la venta ambulante en cualquiera de sus formas, y también de la delincuencia.

Estos menores van creciendo en una clara situación de marginalidad y delincuencia, que los daña tanto a ellos como a terceros.

Ante esta situación en la cual son socialmente colocados muchos menores comienzan a transgredir determinadas normas o pautas legales y/o de conductas, luego sus conductas pasan a ser peligrosas para la sociedad y se convierte ese menor marginado ó excluido en un “delincuente” o “menor en conflicto con la ley”. En definitiva ambos términos poseen una misma definición, son dos formas distintas de denominar una misma cosa o situación.

El concepto de familia desgraciadamente se ve modificado ó alterado en aquellos que se encuentran en esa situación de marginación, se han trastocado los valores y nos encontramos ante jóvenes sin proyectos de vida. No solo sin proyectos sino también con la certera creencia que ellos no tienen la posibilidad de tener un proyecto de vida que los saque de esa exclusión en la que viven. Son jóvenes que consideran que no tiene futuro y que la sociedad es quien los está excluyendo. Lo único que ven ante sus ojos es la continuidad de un camino delictivo, un camino de muerte.

Para terminar con esta situación se debe instrumentar una política de contención y de prevención a través de la familia y del entorno en el cual el menor está inserto.

Debemos dejar de buscar respuestas jurídicas en donde existen problemas sociales.

Es fundamental que los distintos gobiernos (nacional, provincial y municipal) trabajen en planes tendientes a la prevención y a neutralizar factores nocivos o perniciosos como son el consumo de drogas, alcohol, violencia, degradación de la familia en sí y de lo que significa conceptualmente dicho término, y la pérdida de valores sociales, culturales y educativos entre otros.

La continua y permanente falta de acciones a lo largo del tiempo de quienes, de una ú otra manera, tienen la responsabilidad de dar las respuestas, brindar las soluciones a este terrible problema social que viene aquejando a los argentinos desde hace más de 20 años va a continuar acrecentando la problemática de la minoridad y al mismo tiempo del flagelo de la inseguridad que azota diariamente a la sociedad.

Se necesitan implementar en forma imperiosa políticas gubernamentales a largo, mediano y corto plazo. En los últimos 20 ó 25 años solo se vienen aplicando parches, paliativos coyunturales, políticas sociales a corto plazo que en vez de solucionar el problema, por el contrario, lo siguen agravando.

El día que nuestros gobernantes se sienten a discutir seriamente la problemática social argentina, dejando de lado todo interés partidario, político y/o personal, todo egoísmo, el día en que se decidan a gobernar para la sociedad, para la gente, para todos los votantes y no solo para una fracción o franja, vamos a comenzar a vislumbrar una posibilidad de cambio.

No perdamos esa esperanza, solo pensemos en los errores cometidos en el cuarto oscuro al momento de emitir el voto, y tratemos de no repetirlos. En ese momento comenzará el tan esperado cambio.

Recordemos quiénes nos gobernaron a nivel nacional, provincial y municipal a lo largo de estos años, que hicieron lo que no debían hacer o dejaron de hacer lo que debían, y evaluemos si merecen nuestro voto nuevamente. Tenemos gobernadores que por error de los votantes luego fueron presidentes, intendentes que luego fueron legisladores y concejales que llegaron a ser intendentes.

No premiemos a quienes nos defraudaron desde un lugar en el gobierno y nos siguen defraudando desde otro. Hace años que solo cambiamos las figuritas de lugar en el álbum de nuestra historia político-gubernamental. Tenemos tiempo antes de las próximas elecciones, no volvamos a equivocarnos.

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