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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La máquina de imprimir billetes

Rafael del Barco Carreras
Redacción
miércoles, 1 de octubre de 2008, 12:59 h (CET)
25-09-08. Bush remite al Congreso su Plan Anticrisis. Al rojo vivo las impresoras. La llamada en España “Fábrica de la Moneda y Timbre”. El invento base del desarrollo de los últimos dos siglos, en principio sujeto al oro, acabó siendo jauja para toda clase de gobernantes. Las armas y la maquinita, la conquista de cualquier soñador de Poder. Y si controlar las Armas, los ejércitos, es uno de los grandes avances de las democracias, lo de la maquinita resulta más oscuro. En realidad uno de los síntomas de más o menos Democracia reside en la descontrolada y desaforada arbitrariedad con que los gobiernos utilizan tan fácil sistema de crear papel-dinero. Un espejismo, comprobado por la infinidad de monedas que han perdido su valor. Por el mercado del libro usado de San Antonio, o sellos de la Plaza Real, recuerdo los billetes alemanes estampillados multiplicando su valor facial, y en el presente, amontonados en cajas de zapatos, de casi todos los países de África, Asia, América y Europa del Este, es decir, de todo el Mundo.

En España, hasta el Euro, la maquinita regaba los Presupuestos Generales, los créditos extraordinarios y el Sistema Financiero. Nunca faltaba dinero para cualquier pasteleo político. Ni planes ni discursos para emisiones extraordinarias por crisis, que en tiempos del desarrollismo franquista se daba cada año, cubierta en teoría en verano por la cosecha, los turistas, y la inflación y depreciaciones. Cada “euforia y freno” disparaba el precio del dinero hasta alcanzar el interbancario el 50% a medianos de los 70. Desde el Consejo de Ministros, presidido por el Dictador y después por el Presidente de turno, se libraban créditos extraordinarios (o variadas y complejas definiciones de soltar billetes) que el Banco de España, abastecido por el Tesoro (la maquinita), cubriría. Tantos créditos que a menudo en los próximos Presupuestos Generales del Estado ya no cabía un duro más, de hecho todo posible ingreso estatal ya había sido gastado. Magnificaban las entradas, aumentaban los impuestos, convertían en bueno o malo los déficit o superavit, y hasta el próximo año.

Y si antes del euro el mercado se abastecía de todo el billetaje necesario para usos y abusos, inversiones y desfalcos (inflación al borde del Corralito Argentino), ahora que Zapatero no puede actuar como Bush, que acude al Congreso (mayoría demócrata) para emitir y controlar (y el día 26 el Presidente por disidencias políticas paraliza el Plan Anticrisis), se sigue a golpe de dictak, hasta que reviente el Banco de España o todo el Sistema Financiero Español.

El euro, que pretendía ordenar la arbitrariedad dictatorial del abuso de la maquinita (los europeos no tenían ni idea de la tortuosa y corrupta capacidad de la clase dirigente española para asirse a la ubre del dinero), obligó a tan rocambolescas operaciones financieras a través de bancos y cajas, capaces de endosar sus inventos al Sistema Financiero Europeo o BCE, que disparadas las alarmas por las hipotecas basura, resulta que el Sistema Financiero Español rebosa porquería por todos sus poros, sin ningún FBI que visites cajas y bancos interesándose por los tan peculiares créditos a las inmobiliarias con las que forman bloques monolíticos. La en teoría Inspección del Banco de España conocía perfectamente el enredo por la Central de Riesgos y la inspecciones, o sea, formaba parte del sainete.

Hay quien aconseja o clama por la vuelta a la peseta, y sin dilación recuperar el total mando de la maquinita, y otros aseguran que la Europa del Euro para regularizar el inmenso agujero español deberá excluirla de la Moneda Única. Existen fórmulas intermedias que ya se están aplicando, como encarecer el dinero que el BCE se ve obligado a prestar a las instituciones crediticias españolas, o comisiones especiales al “euro español”, pero abaratar o encarecer el dinero a la burbuja piramidal no ha librado nunca al acreedor atrapado. Entregar una tarjeta sin límite a un desaprensivo socio es sinónimo de rotura societaria.

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