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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Apoya el Rey a Zapatero?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 30 de septiembre de 2008, 10:12 h (CET)
Si tengo que decirles lo que pienso, en estos momentos en que España se debate entre sus carencias económicas, sus deficiencias de gobierno y sus indecisiones políticas; puede que considerara oportuno hacer un comentario sobre una institución que tuvo un gran actuación cuando se produjo el paso de la dictadura al régimen democrático y que, más tarde, también desempeñó un papel principal en el asentamiento del nuevo régimen y en la consolidación de las instituciones democráticas. Como habrán podido adivinar me estoy refiriendo a la institución monárquica. Nadie le puede restar ningún mérito al Rey don Juan Carlos en lo que hace referencia a su prudencia, discreción, oportunidad (lo de su rifirrafe con Chávez me encantó) y su habilidad para manejarse con los distintos presidentes del Gobierno, de signos opuestos, que han ocupado la jefatura del gobierno durante los años que llevamos de democracia. Es evidente, que durante años la monarquía ha sido la piedra angular sobre la que se ha apoyado el reencuentro entre españoles de distintas facciones políticas que, por extraño que pudiera parecer, han sabido coincidir en su simpatía hacia el soberano. Lo que ahora está sucediendo es que, España ha salido de la larga época de bonanza económica, el gobierno del señor Zapatero, ha iniciado una peligrosa deriva hacia una izquierda trasnochada, tipo Chavista, que parece no conformarse con los logros sociales que se han logrado dentro de un régimen de mercado libre o Globalización económica y han optado por querer implantar un nuevo orden de ideas subversivas en lo moral y destructivas en lo económico que, a la vista está, nos están llevando a un tipo de democracia ( si es que lo podemos llamar así) que nada tiene que ver con las que están vigentes en el resto de países de la Unión Europea.

Es obvio que SM. El Rey, siente una cierta simpatía por nuestro presidente de Gobierno como ya tuvimos ocasion de constatar en un ,cometido cerca de un micrófono, en aquellos momentos en que se cuestionaba la forma en que los socialistas manejaban aquella espuria relación con los de Batasuna (ETA). En aquella ocasión, como los acontecimientos se han encargado de demostrar con posterioridad, tanto el jefe del Ejecutivo como SM. se equivocaron en su análisis de los hechos, al creer que, con buenas maneras, iban a convencer a una banda de criminales sedientos de sangre que se valieron de la tregua para rearmarse y reconstruir sus infraestructuras. Sin embargo, siempre tuve la impresión de que no se entendía demasiado bien con el señor Aznar, puede que debido a que el popular era menos untoso que su homólogo socialista y decía lo que pensaba sin florituras ni ambages.

Sea por lo que fuere, quizás porque SM ya va acumulando años sobre sus regias espaldas o porque atiende más a los consejos del príncipe Felipe que, si nos debemos regir por algunas de sus conocidas amistades, parece que no le disgusta frecuentar los círculos progresistas; el caso es que, desde hace unos años, parece desaparecido del primer plano de la actualidad española. Si alguna vez han salido a relucir los nombres de los personajes que forman la familia real, no ha sido, precisamente, para glosar temas que puedan favorecer su imagen. Pongamos por ejemplo la separación de la infanta Elena de su marido, don Jaime de Marichalar; un personaje más bien de aspecto bohemio, muy dado a frecuentar extrañombientes, como pudieran ser los desfiles de modas y de quien se cuentan algunas historias raras que, no obstante, parece que nadie ha podido demostrar. En fin que, como siempre se ha dicho, la familia real no se puede permitir según que tipo de debilidades que se admiten, con toda naturalidad, al pueblo llano.

Pero hay algo que nos puede sorprender aún más en un mandatario que, como don Juan Carlos, tan firme supo mantenerse cuando se produjo el intento de golpe de Estado por parte de un grupo de militares. Entonces, gracias a su decisión, se consiguió abortar el levantamiento, sin que se produjeran víctimas. Si hubiera dependido del resto del ejército y el Rey se hubiera mantenido apartado del tema, no sería muy aventurado decir que muchas más unidades se hubieran añadido al golpe militar. En efecto, España está experimentando un cambio radical; la Constitución está claramente puenteada y los nacionalismos beligerantes se han constituido en un peligro evidente para la unidad de la nación. El pueblo español está temblando ante el porvenir que nos amenaza con recesión, desempleo, empobrecimiento, atentados contra la libertad de los españoles, y claros intentos de subvertir el sistema para convertirlo en un remedo de lo que fueron los antiguos países de detrás del Telón de Acero. Y ante esta grave situación lo único que sabemos de la familia real es que continúa veraneando en mi tierra, Palma de Mallorca, y que, de tanto en tanto, asisten a regatas o entregan trofeos deportivos, amén de cumplir como anfitriones de algunos actos públicos.

Ya sabemos que las facultades de un rey están limitadas, conocemos sus problemas para que se le tenga en cuenta en cuanto a la actividad política del Gobierno de turno y entendemos que sea muy prudente en sus manifestaciones. Pero hay algo que un rey debe de tener en cuenta por encima de su comodidad personal, de los intereses de su familia y de sus deberes institucionales como monarca y es: su patriotismo. Su primera obligación es velar por sus súbditos y su caudillaje, como máximo exponente de la autoridad estatal le exige estar vigilante de que nadie subvierta el orden establecido. En momentos en que una crisis mundial, nos afecta particularmente, en parte por la desidia del gobierno y en parte por los resultados de las especulaciones consentidas, durante tantos años, a aquellos que han sabido beneficiarse del apoyo de las Administraciones y de las corrupciones de muchos funcionarios; en muchos casos ayudados de la incuria de la Justicia, que ha practicado claras discriminaciones cuando se ha tratado de juzgar a determinados personajes ( que han gozado de influencias muy calificadas para salir indemnes); el pueblo necesita un faro que le ayude a encontrar el rumbo. El faro es el Rey.

Echamos de menos una participación más activa de la monarquía. No creo que permaneciendo en el anonimato se gane el aprecio de los ciudadanos que padecen los efectos de la recesión; antes bien, es probable que los haya que la contemplen como un institución obsoleta, que no se justifica en una democracia y que cuesta muchos millones al pueblo español. Por desgracia, el recuerdo de su predecesor Fernado VII, vendido a los franceses y la inevitable evocación de su abuelo, Alfonso XIII, que no supo contener a un pueblo levantisco, cuando las elecciones las habían ganado en España las derechas en los pueblos y ciudades pequeñas, pero la fuerza de los socialistas en las grandes ciudades inclinó la balanza hacia la República; cediendo a los consejos de sus privados, abandonó, precipitadamente, el trono dejando a España descabezada a merced de las masas vociferantes; no podemos decir que sean, precisamente, buenas referencias para los que se precian de conocer la historia. Hacen falta gestos, demostraciones de patriotismo y, si es preciso, como dijo el presidente de la patronal CEOE, saber abrir el paréntesis. El Estado de Derecho lo agradecerá y los españoles que amamos a Estaña también.

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