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George W. Bush y la Teología de la Liberación

Luis Agüero Wagner
Redacción
martes, 30 de septiembre de 2008, 10:18 h (CET)
¿Qué masacre planean gestar juntos George W. Bush y un clérigo marxista, adscripto a la teología de la Liberación? Al cabo de tanta alharaca izquierdista y marxista, nuestro Teólogo de la liberación tercermundista viaja en estos días a Washington para rendir pleitesía al emperador George W. Bush. Asistimos, con estas clarísimas señales, al descubrimiento de un nuevo Jean Bertrand Aristide que ha capitulado antes de iniciarse la pelea. Algunas claves quizás se encuentre en el poderío que tienen Monsanto y el sector agro-exportador en Paraguay, una verdadera republiqueta sojera.

BOOM SOJERO EN PARAGUAY
El boom de la soja coincidió en Paraguay con la masiva venta de tierras que los jerarcas de la dictadura de Stroessner hicieron en Brasil hace ya varias décadas, rematando a extranjeros grandes extensiones de territorio cultivable paraguayo que deberían haberse destinado a la reforma agraria y a proveer de tierra a los campesinos desheredados. Vastas áreas quedaron así en manos de propietarios ausentes por ínfimas partes de su valor, hasta que se decidieron a convertirlos en sojales transgénicos.

El “milagro de la soja” es un subproducto del insaciable apetito norteamericano por más carne y aves de corral, dado que hasta la década de 1920 se desconocía en Estados Unidos. Los ganaderos descubrieron que el poroto amarillento de la soja era una especie de fuente inagotable de proteínas, que duplicaba a la carne, triplicaba a los huevos y superaba once veces a la leche.
Dios había bendecido a Norteamérica, dado que tenía las tierras fértiles propicias y la longitud del día ideal para cultivar soja. Mezclada con maíz en la dietas de vacas, cerdos y aves, la soja molida aceleraba el engorde de animales de forma milagrosa.

La solución al excedente de producción de la agricultura norteamericana, eterno dilema, consistió en que el resto del mundo comiera como lo hacen los estadounidenses, convertir a los millones de asiáticos comedores de arroz en consumidores de trigo era la solución perfecta para los alimentos sobrantes en Estados Unidos. Para exportar la dieta estadounidense, la buena alimentación resultaba siempre la excusa perfecta.

El único trigo que había alimentado siempre a los japoneses era el contenido en los fideos, pero a partir de 1946 el general Douglas MacArthur ordenó convertirlo en panificados para alimentar a escolares y civiles. Los pollos se exportaron a Alemania con tanto éxito que los alemanes se volvieron adictos a los pollos, y pronto comenzaron a desarrollar su propia industria de pollos barrilleros. A comienzos de la década de 1960 el cambio dietético teutón derivó en la “guerra de las gallinas”, dado que Estados Unidos protestó por el proteccionismo alemán para su industria de pollos. Los norteamericanos perdieron la batalla pero ganaron la guerra, dado que su maíz se utilizó desde entonces para alimentar a los pollos alemanes.

En Taiwán, el presidente Chiang Kai Shek prestó su colaboración a los estadounidenses ordenando a sus propagandistas que anunciaran a través de la publicidad oficial que comer trigo era patriótico. Un admirador sudamericano de Chiang que hasta confirió su nombre a importantes avenidas, el dictador neo nazi Alfredo Stroessner, incluso permitió a los norteamericanos rediseñar las universidades paraguayas de tal suerte a que enseñaran lo que le viniera en gana al imperio.

Poco tardaron los “expertos” asignados a la tarea en convertir a ingenieros agrónomos y a profesionales médicos paraguayos en agentes de venta de Monsanto, Cargill, Continental o los grandes laboratorios de la industria farmacéutica.

Con un enfoque benévolo a los intereses de la embajada norteamericana y excesivamente reduccionista, la prensa paraguaya intenta convencer a la población de que su espíritu nacionalista debe concentrarse en temas como las represas hidroeléctricas que comparte con Argentina y Brasil, aunque en realidad éstos países sólo hayan sido en los últimos doscientos años los gerentes en la región del imperio de turno.

El imperio británico fue quien instrumentó a los gobiernos de Buenos Aires y Rio de Janeiro para devastar al Paraguay en la segunda mitad del siglo XIX, de acuerdo a las mismas confesiones del general en Jefe de la Triple Alianza Bartolomé Mitre. En las primeras décadas del siglo XX Brasil (área de experimentos industriales para el Pentágono) desplazó los intereses anglo-argentinos en beneficio de los norteamericanos, a los cuales siempre resultaron funcionales Paraguay y Uruguay (creación de Lord Ponsoby y la diplomacia británica) en su calidad de estados tapones.

Los cronistas del Tercer Reich nos recuerdan que al instalarse Hitler en el poder, fue extraído de los polvorientos archivos el mapa del ideólogo pangermanista Otto Richard Tannenberg, a quien durante la primera guerra mundial el político y escritor André Chéradame había denunciado.

Sobre la base de ese documento, Berlín elaboró durante la Segunda Guerra Mundial unas cuantas variantes para la conquista de América Latina. En una de ellas, denominada "Alemania Antártica", se planeaba crear un protectorado títere, que incluyera territorios de Brasil (Santa Catarina, Río Grande do Sul, Paraná, Mato Groso), de Argentina (Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe, Buenos Aires), de Paraguay y la parte oriental de Bolivia.
Un territorio parecido hoy abarca el “Soya Land” que el imperio norteamericano y Monsanto han trazado como destino ineludible para el Cono Sur.

Todo parece indicar que a pesar de tanto fervor izquierdista manifestado en las elecciones paraguayas del 20 de abril, el drama campesino paraguayo seguirá sin solución por tiempo indefinido a pesar de que los hombres del teólogo de la liberación Fernando Lugo ya controlan al gobierno y la prensa paraguaya. Mientras la prensa adicta al imperio sigue insistiendo en que apoyó la candidatura de un “obispo de los pobres” y teólogo de la liberación tercermundista, a gritos pide mano dura con los campesinos sin tierras y achicamiento del estado, así como adhesión a las imposiciones imperialistas de Washington que descargan sobre el Tercer mundo sus malos augurios, ya que el descalabro bursátil afectaría el intercambio comercial de los productos primarios. Ante la coyuntura, en defensa de sus intereses, el imperio llama a revisar los cambios competitivos y a ceder ante la presión inflacionaria y los precios internacionalizados, que sin lugar a duda aumentarán los costos nacionales y frenarán el desempeño económico a propósito de continuar subordinados y satelizados.
En tanto en el paraguay real y profundo el dirigente de la Organización Campesina de Misiones (OCN), Ignacio Vázquez Guirland, fue detenido este miércoles por "invasión de inmueble" , habiéndose librado también una orden de captura para otras 12 personas que están siendo cazadas como animales por los bosques. Estos labriegos, en un ejemplo de que la criminalización de la lucha social continúa en Paraguay, han sido procesados como criminales en el marco de una investigación fiscal tras la ocupación de una propiedad de 350 hectáreas, pertenecientes a un opulento ganadero que las cedió a un empresario brasileño.
Los desesperados sintierras ya habían ocupado en tres ocasiones esta propiedad, implorando que les ayuden a realizar cultivos orgánicos y de esta forma terminar con las letales fumigaciones de cultivos de soja, girasol y maíz que realiza el arrendatario extranjero.

. Tras la última ocupación, realizada la pasada semana, el fiscal Alder Ferreira, de la Unidad 1 del Ministerio Público de San Ignacio, imputó a más sintierras , que se sumaron a los 5 imputados ya tras la segunda ocupación perpetrada en la propiedad del ganadero.

. De esta manera son 17 los imputados por reclamar un pedazo de tierra para cultivar, y la mayoría está con orden de captura, por orden del juez Víctor Poletti. Mario Talavera, otro de los imputados y con orden de captura, dirigente de la OCM, anunció que entre el jueves o viernes con sus asesores jurídicos presentarán pedido de medidas alternativas.

Otro desesperado grupo de 80 productores de arroz del distrito de Santa María ingresaron a una propiedad de 1.500 hectáreas perteneciente al también productor de arroz Antonio Terabayashi. El hecho se registró en la compañía San Fernando, donde los pequeños productores aducen que la citada tierra es un remanente fiscal. La ocupación duró pocos minutos hasta que llegaron los represores a desalojarlos con toda la brutalidad imaginable.

Por su parte el frente del obispo ha presentado como su máximo especialista en reforma agraria a Carlos Alberto González, un antiguo colaborador del régimen neo nazi y pro-Washington del general Alfredo Stroessner desde el parlamento y como convencional constituyente en 1967. Simultáneamente, se ha iniciado un desfile de técnicos reformistas extranjeros que vienen a dar consejos al obispo-presidente, evidenciando la total improvisación y carencia de ideas entre los hombres de su entorno para superar el agudo problema campesino creado en gran parte por los monocultivos de soja transgénica, un gran negocio para un puñando de traficantes extranjeros, que perpetúan la economía primaria y monoproductora padecida por el Paraguay desde épocas coloniales.

Precisamente, uno de los hombres considerados como eminencia gris del obispo y líder de un grupo financiado por USAID, el médico Aníbal Carrillo, en un panel organizado por el conocido periodista y abogado Adolfo Ferreiro se manifestó tolerante con el modelo agro-exportador y defendió el modelo de la republiqueta sojera. Otro de los hombres cercanos al obispo, Ricardo Canese, es un férreo defensor de las políticas energéticas de George W. Bush desde sus espacios en la prensa ultraderechista. Al mismo tiempo, los miembros del equipo económico en el nuevo gobierno han sido seleccionados entre los tecnócratas de cerebro lavado en el norte, como el agente del FMI Dionisio Borda, nominado entre el aplauso del empresariado y del embajador norteamericano James Cason.. El jefe de militar de mayor confianza y futuro ministro de defensa es un general formado en las escuelas de golpistas del norte donde dieron sus primeros pasos pundonorosos soldados y humanistas austeros como Videla, Pinochet y Stroessner.

Suficientes cartas hay puestas sobre la mesa, en fin, como para sospechar que la tan mentada “victoria de la izquierda” en Paraguay es apenas un triunfo más de la soja, el dólar, la espada y la cruz.

LOS TRAFICANTES DE GRANOS Y EL OBISPO DE LOS POBRES
Una de las promesas en la que el obispo Fernando Lugo basó su campaña proselitista antes de ser electo presidente del Paraguay fue una firme postura hidro-nacionalista en el tema de la represa de Itaipú, una de las usinas más grandes del mundo que es compartida con el Brasil.

Sus primeras señales luego de ganar los comicios y entrevistarse con el gremio del agro-antinacional de los traficantes de soja transgénica, sin embargo, sugieren que será tolerante con la invasión brasileña en las tierras fronterizas del este que aqueja al país, indisolublemente unida a la problemática de Itaipú, y que ha convertido a los límites paraguayos con el Brasil en un corredor para alcanzar el territorio que ocupan los súbditos de Itamaratí, una especie de virtuales Sudetes.. Para imaginar cuáles son las perspectivas, vale recordar el ejemplo de Acre, territorio que fue boliviano hasta que su población declaró su autonomía y poco después fue anexada al Brasil.

El origen de este desmembramiento de Bolivia debe buscarse en la Fiebre del caucho, sucedida a finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX en la zona, poco antes que el imperio británico impulsase el cultivo de caucho en sus colonias de Oriente. La codicia por la materia prima llevó a la sublevación de los habitantes de la región, que en su mayor parte eran brasileños.

Aunque en 1899 los bolivianos habían intentado apaciguar los ánimos haciendo concesiones al Brasil, y fundando la capital administrativa del territorio Puerto Alonso (hoy Porto Acre), estalló una rebelión de los colonos brasileños que hoy es conocida como la “revolución acreana”. Asistidos por el gobernador del estado de Amazonas, la población brasileña proclamó la república independiente.

En respuesta, Boliva arrendó la región a una empresa basada en Nueva York, en el año 1901, por el Tratado de Aramavo. Al año siguiente, se avivó la revuelta y el aventurero Luís Galvez Rodrigues de Aria fue coronado “presidente de la república del Acre”. Más adelante una expedición de José Plácido de Castro y un grupo de serigueiros apoyados desde Brasil tomaron parte importante del territorio y a continuación pidieron su anexión al Brasil.

Bolivia intentó reaccionar militarmente, en lo que hoy se recuerda como la “guerra del Caucho”, en alusión a la materia prima que determinara las agresiones recíprocas, pero la superioridad de Brasil pronto restó toda posibilidad a los combatientes bolivianos. La guerra terminó con el tratado firmado entre ambas partes el 17 de noviembre de 1903, en la ciudad brasileña de Petrópolis, donde quedó estipulado que Bolivia cedía 191 mil kilómetros cuadrados, que se sumaron a los 165 kilómetros cuadrados que ya en 1877 había entregado intentando pacificar los ánimos.

Al igual que en el caso de Acre, hoy muchos de estos brasileños se dedican en la franja limítrofe entre Paraguay y Brasil al contaminante cultivo de soja transgénica, y advierten al gobierno “hidronacionalista” que no grave sus exportaciones y desarrolle una política agraria antinacional. Vale decir, nacionalismo para las aguas, entreguismo para las tierras.

Estos filántropos solo piden, como es sabido, que les dejen “producir riqueza para el país y para las arcas estatales” en la forma altruista en la que lo han venido haciendo, es decir, concentrando tierras, expulsando de sus parcelas a familias campesinas que deben migrar al exterior en busca del sustento y enviando una buena cantidad de intoxicados a los hospitales o al cementerio.

Ya en 1912 el traficante de granos Leopold Louis Dreyfus afirmaba que su objetivo era “satisfacer una gran necesidad económica y humana” y no simplemente ganar dinero y hacer crecer a su corporación. Eufemismos parecidos hoy utilizan quienes buscan justificar los principios destructivos del sistema neoliberal; en el que el mercado subordina a los derechos humanos, a la justicia , la democracia, y a la sustentabilidad medioambiental.

La soja transgénica, hermana consanguínea del terremoto, coetánea del volcán y el torbellino, una gigantesca fuerza que da forma al mundo, oleada colosal, se infla y avanza sobre el Paraguay. Como una ola de marea, sube y sube.

Ya lo dijo Lenin, el cereal es la divisa de las divisas, y la teología neoliberal que en Paraguay ha sentado sus reales con la bendición del obispo Fernando Lugo (que ya ha condenado las invasiones de tierras) y el maestro de ceremonias bacanales Dionisio Borda, nos ha despojado de voz para opinar a quienes no tenemos un dólar invertido en el negocio.

Es cierto que las averiadas utopías hoy en día no tienen mucho de qué envanecerse a estas alturas de los acontecimientos, pero el neoliberalismo que hoy asoma en Paraguay, en lugar de crear el edén de libertad prometido lo único que ha hecho es aumentar los muros levantados por el miedo.

GESTANDO UNA OPERACIÓN MASACRE
Operación masacre es una famosa novela histórica del escritor argentino Rodolfo Walsh, que narra los entretelones de los fusilamientos de simpatizantes peronistas en León Suárez, inmediatamente posteriores a la revolución Libertadora que derrocó a Juan Domingo Perón en 1955.
No menos recordada es la respuesta de la resistencia montonera, que encarnó la voluntad peronista de sobrevivir. El ajusticiamiento del ex dictador Teniente General Aramburu el 1º de Junio de 1970 llevó a la caída del dictador Onganía en apenas una semana.
El concomitante plagio de los ejecutivos cerealeros Juan y Jorge Born en 1975, es conocido como el más grande secuestro extorsivo de la historia, en razón de haberse pagado como rescate 60 millones de dólares. De la empresa de los hermanos Born, Bunge y Born (mas tarde asimilada por Bunge a secas), se había llegado a decir en Argentina que primero compraba el cereal a precios miserables, luego hacía lo mismo con las tierras del productor y luego le vendía desde las bolsas de arpillera importadas de la India para el cereal hasta la soga con la cual ahorcarse cuando estaba suficientemente arruinado.
Ambas acciones de la guerrilla urbana peronista citadas son consideradas derivaciones de la Operación masacre del 9 de Junio de 1956 que Walsh relata en su novela, con un estilo cuyos créditos de alumbramiento disputa con Truman Capote.
Una secuencia sucesiva de hechos similares a la secuela de la Operación Masacre en argentina parece estar gestándose en Paraguay, donde los traficantes de soja transgénica brasileños, que someten a los campesinos a un oprobioso apartheid en su propia tierra, han logrado instrumentar a las autoridades paraguayas e incluso a los medios de comunicación para que hostiguen y repriman a sus propios compatriotas en defensa de los intereses del sector agro exportador. Curiosamente, son los mismos medios y periodistas que defienden a la clase sojera quienes se llenan la boca con un nacionalismo xenofóbico que raya en el chauvinismo jingoísta cuando abordan temas como la represa hidroeléctrica de Itaipú.

La conciencia de clase, obviamente, está más allá de todo nacionalismo.

El buque insignia de la prensa reaccionaria paraguaya, el diario ABC color, publica hoy domingo 18 de mayo un memorable editorial que constituye toda una apología al apartheid dependiente y a la falta de autonomía de pensamiento. Basta citar un párrafo donde condena la agricultura orgánica como arcaica y afirma tajante que los campesinos paraguayos son pobres porque carecen de las mismas biotecnologías que causan estragos en las zonas rurales con sus fumigaciones y fertilizantes. Es decir, para progresar deben pasar de víctimas a victimarios, pero sin saber cómo.

Si no tijereamos por conveniencia la historia deberíamos aceptar que las raíces del problema campesino paraguayo se remontan por lo menos a los tiempos en que el dueño de ABC color donaba dinero para represión dictatorial, hacía negocios con su pariente el dictador Stroessner y lo llenaba de elogios desde su diario, buenos tiempos en que la influencia brasileña empezaba a crecer en Paraguay como derivación de la estrategia de la “marcha hacia el este”, diseñada en Washington ya en la década de 1930 para desplazar la influencia argentina en Paraguay.

El proceso encontró escollos dialécticos cuando Brasil, que quería construir por propia cuenta Itaipú, ocupó Puerto Coronel Renato en 1965 y se apoderó así de los Saltos del Guairá.

El revuelo nacionalista que causó la invasión brasileña al territorio paraguayo fue aplacada por los intereses de la industria azucarera norteamericana, que entonces obligó al presidente Lyndon Johnson a coordinar una invasión a República Dominicana bajo auspicios de la OEA. El dictador Stroessner fue uno de los primeros en colaborar con el dulce negocio enviando soldados paraguayos a colaborar con la noble causa, junto a una fuerza multinacional que actuó en nombre de la “comunidad internacional”, apodo bajo el cual disfraza ocasionalmente Washington sus intervenciones. Los soldados paraguayos actuaron bajo las órdenes de un general brasileño, Panasco Alwyn, en defensa de los intereses norteamericanos, a pesar de que algunos de ellos acababan de enfrentarse a tiros con tropas brasileñas por las aguas que según dicen los enterados, valen oro.

Frecuentemente ABC alaba la obra patriótica y nacionalista del historiador Efraín Cardozo, a quien el diplomático y petrolero norteamericano Spruille Braden sindica en sus memorias como responsable de que Bolivia se haya quedado, en 1938, con 50.000 kilómetros cuadrados de territorio petrolífero que las tropas paraguayas habían conquistado en su guerra contra Bolivia. Al mismo tiempo Zucolillo que ensalza a Cardozo fustiga el entreguismo de su otrora protector, el dictador Stroessner con respecto al Brasil.

Curiosamente, la edición del “Journal do Brasil” del 29 de enero de 1966 revelaba que había sido nuestro gran historiador el redactor de los documentos que por ese entonces intercambiaba el Ministro de Relaciones Exteriores Raúl Sapena Pastor con su contraparte de la dictadura brasileña, hecho que explica la extraordinaria similitud entre las argumentaciones del canciller de Stroessner y las contenidas en el libro que posteriormente publicó Cardozo bajo el título “Preguntas y respuestas sobre los Saltos del Guairá”. Hecho que sólo podría mencionarse en la serie de notas y entrevistas que publica el diario de Zucolillo al respecto si es que lo redacta un periodista que no lee el diario donde trabaja, hecho que al contrario de lo que uno pueda imaginarse no es muy difícil y ya ha sucedido en varias oportunidades.

El periodista Nemesio Barreto cuenta que a mediados de la década de 1960, durante una reunión entre los ministros de relaciones exteriores de Brasil y de Paraguay, el canciller Juracy Magalhaes le apartó a su colega paraguayo, Raúl Sapena Pastor, para hacerle un comentario estremecedor: “mi querido amigo, como usted bien sabe, un tratado puede modificarse en virtud de otro tratado o bien por el feliz resultado de una guerra; Brasil no está dispuesto a aceptar un nuevo tratado, lo que entonces resta por saber es si Paraguay está dispuesto a soportar otra guerra”.

Esa misma noche hubo una gran fiesta en Asunción para agasajar a los miembros de la Inteligencia Militar paraguaya, quienes una semana antes habían decidido usar una imperfectible estrategia en el conflicto limítrofe con Brasil. Cuenta el escritor uruguayo Eduardo Galeano, que visitó Paraguay en esa época como cronista, que le sorprendió ver que muchos de los jerarcas de la dictadura de Stroessner a los que durante el día vio en los mítines políticos vivando al Mariscal Francisco Solano López y a los héroes de la guerra contra la Triple Alianza, volvió a encontrar a la noche en la embajada brasileña brindando con champagne por la gloria de Pedro II, el Marqués de Caxias y el Conde D’eu.

La explicación está en que el canciller Raúl Sapena Pastor recibía precisas instrucciones, sin descuidar el más mínimo detalle, sobre cómo hacerse el desentendido de cualquier problema con los herederos del imperio lusitano. El resultado de esta política fue un documento que unos denominaron como el “Acta de Entrega de los Saltos del Guairá” y otros como el “Acta de Defunción” de una de las grandes maravillas de la naturaleza. El documento que fue firmado en la ciudad brasileña de Foz de Yguazú, el día 22 de junio de 1966.

Inmediatamente después vendrían las ventas irresponsables de tierras a colonos brasileños por parte del encargado de la reforma agraria nombrado por el dictador Stroessner, Juan Manuel Frutos, a la sazón jerarca de la Liga Mundial Anticomunista que financiaba la Secta Moon.

En la Operación Masacre que describió Rodolfo Walsh en su famosa novela, llevada al cine en la clandestinidad durante el año 1971 por Jorge Cedrón, puede reconocerse el germen del Proceso de Reorganización Nacional que costó decenas de miles de muertos y desaparecidos en Argentina.

Por el mismo camino parecen desear llevar al Paraguay quienes se agazapan en las redacciones para ideologizar y justificar dependencias y estancamientos de regímenes antidemocráticos, planes económicos trashumantes, represiones y asesinatos de campesinos, todo ello en medio de una rebeldía cuyo estallido se siente y resuena por todas partes.

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