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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Se equivocan, mienten y, por añadidura, nos chulean

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 29 de septiembre de 2008, 09:09 h (CET)
Desde luego, si yo fuera mujer y perteneciera al colectivo de las feministas, de este grupo de enceladas hembras que defienden, a capa y espada, la superioridad de las del sexo femenino sobre sus “eternos rivales” los varones, es muy probable que me sintiera a disgusto, a la vista de los resultados de este experimento, made in PSOE, de los famosos cupos para cubrir plazas de cargos públicos; en los que se garantiza que haya paridad entre los representantes de ambos sexos. La Ley de Paridad se nos vendió como una necesidad de dar a las féminas la oportunidad de demostrar sus dotes en la política y de dejar atrás los “prejuicios machistas” que las discriminaban a la hora de permitirles demostrar su valía. Desde luego esta ley partió de una base poco sólida, presuponiendo que se tendría en cuenta un factor primordial a la hora de cubrir las vacantes, fuera para hombres o para mujeres, se trata del importante e indiscutible concepto que abarca la solvencia intelectual, física, académica y dotes de pericia y experiencia; que son imprescindibles para decidir la persona más idónea para ocupar el puesto que se promociona. En la realidad, la experiencia de las elecciones que, hasta la fecha, han garantizado la paridad no han tenido en cuenta el factor de la mejor preparación que debiera anteponerse al del género de la persona que debiera salir elegida.

Los resultados de una norma mal pergeñada no pueden ser otros que el desastre garantizado de la experiencia. La casualidad puede encubrir un pequeño tanto por ciento de los errores cometidos en la asignación de puestos de responsabilidad, basados sólo en la igualdad de géneros; pero es evidente que, cuando se utiliza el dedo contaminado de chauvinismo, infectado de ponzoña partidista y rebozado de enchufismo, para designar a una persona menos capacitada para un empleo, dejando en la cuneta a la más idónea en base a la diferencia de sexo, el pastel resultante no puede ser más que una masa amorfa de incompetencia, fracaso y arbitrariedad. Y esto, precisamente es lo que le ha ocurrido al señor ZP con el ramillete de ministras de las que se ha provisto. Claro que, teniendo en cuenta el “talante” de nuestro Presidente nadie, en su sano juicio, hubiera podido esperar algo mejor de su calenturiento, jacobino y enrevesado magín.

Así, no nos debería de extrañar que, el Congreso de Diputados, la cámara que representa al pueblo español, en virtud de la paridad de géneros, nos permita presenciar hechos tan sorprendentes como el ver a una ministra, nuestra conocida Magdalena Álvarez, ejerciendo de mujer brava, al estilo de las famosas heroínas del Far West, como Perl Hart y Belle Starr (por cuya busca y captura se llegaron a ofrecer hasta 10.000$, viva o muerta); y, si no están de acuerdo conmigo, explíquenme ustedes como se puede interpretar aquel arrebato de tipo cafetín del oeste: de “ ¡eso no me lo dirá usted fuera!” que salió con espontaneidad de la boca de una desmelenada Maleni, perdón, Magdalena Álvarez. En todo caso, una poco afortunada intervención de una ministra que demostró la poca serenidad ante el acoso de la oposición, sus escasas dotes dialécticas y su pobre bagaje político. Es obvio que, como suele ocurrir en todas esas sesiones de control al Gobierno, las preguntas que formulan los partidos de la oposición son sistemáticamente evitadas por medio del truco de ejercido por los miembros del Gobierno de responder con andanadas en contra de quienes las han formulado, como si se sintieran ofendidos de que los miembros de la oposición cumplieran con su cometido. Es evidente que, a estas ministras del PSOE, cuando se les rasca un poco la superficie aparece el latón que hay debajo del dorado y se les nota demasiado el pelo de la dehesa que es de donde la mayoría proceden.

Por si fuera poco, un rifirrafe entre la pija del PP, la señora Sáenz de Santamaría, con sus verbo de sabihonda y su pinta de “niña bien”, enfrentándose, en pelea de gallos, con su oponente la señora Vice de la Vogue que, últimamente, ha cambiado de look y parece que sobre la cabeza le hubieran puesto un mocho, por lo que, teniendo en cuenta su extremada delgadez, no sería extraño que alguien la pudiera confundir con la escoba de aquella famosa canción de Los Sirex, que empezaba así: “Si yo tuviera una escoba, cuantas cosas barrería”. Uno, en su inocencia, había pensado que la contribución del género femenino a la política, por aquello de su aureola de “madres”, iba a aportar a la política un toque de moderación, una pincelada de sensatez y un detalle de flexibilidad; no obstante, vean ustedes como una mujer de tan poco peso ( físico, por supuesto) ha sido capaz de sacar sus garras y coser a arañazos dialécticos a la infeliz del PP, que se había limitado a hablar de los presupuestos y ello le ha reportado un verdadero baño de descalificaciones al PP, entre las cuales, avisos como: “ no meterán la tijera en las pensiones” o “ no va a desaparecer el ministerio de la Vivienda” (¡ya me dirán ustedes para que sirve, sin competencias, si no para costarnos dinero!) o “ permítanme que les diga que tienen un serio problema de credibilidad por su gestión allí donde gobiernan” etc.

Lo malo del exabrupto de la Vicepresidenta, es que todas y cada una de las acusaciones que les hacía a sus adversarios políticos, se las hubiera podido aplicar a su propio Ejecutivo. Seguramente escuchó al señor ZP en Nueva Cork y ¡se lo creyó! De ahí que no haya tenido tiempo para leerse los periódicos y enterarse de que en las cajas del Estado nada más quedan las ratas, porque lo que son euros ¡ni uno!; estamos endeudados hasta las cejas, por lo que me parece, señora De la Vega, que deberá irse haciendo a la idea de que las tijeras van a perder su filo recortando gastos, si es que no quieren quebrar la nación. Sería conveniente que se fijara en el ministerio de Hacienda, que en el momento más inoportuno, ha comenzado una campaña de caza contra los contribuyentes para ver si consigue sacar algún dinero; aunque parece que todo se debe a la necesidad de retrasar al máximo la devolución de las cantidades sobrantes de la renta de los que tienen derecho a devolución. ¡Muy ingeniosos, sí señor!

Y otra cosa. El señor Zapatero, en New York, ha presumido de la solidez de nuestro sistema financiero. Seguramente lo que deberemos hacer los ciudadanos es apretarnos los machos y empezar a temblar porque, si ya se comentaba de la debilidad de algunas entidades; si se ha hablado hasta la saciedad de la morosidad creciente (del 0’6% del año pasado, al 2’5% de este año) de los impagos bancarios; nada más nos falta que el “gafe” del presidente se ponga a presumir, para que ocurra todo lo contrario. ¡Ah! Se me olvidaba. Para redondear la aureola de nuestras ministras, ahora aparece la,, casi desconocida ministra de la Vivienda (este ministerio fantasma y sin competencias), señora Corredor, para revivir lo de los pisos de 30 metros. Lo que da la sensación de desconocer dicha señora, es que en España sobran pisos, de promoción privada y de VPO. ¿De dónde, señor mía, va usted a sacar el dinero para un plan tan absurdo? Repito lo dicho al principio: si todo lo que podíamos esperar de la aportación de las ministras es lo que nos han dado hasta la fecha, sin duda estaremos en condiciones de afirmar aquello de: “¡Para este viaje no necesitábamos alforjas!” En fin, los acontecimientos se precipitan y las noticias cada vez nos inclinan más al pesimismo. Con semejantes dirigentes lo mejor es que nos preparemos para lo peor. Lo siento.

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