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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Pequeñas vibraciones

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 29 de septiembre de 2008, 09:09 h (CET)
“No hay ningún aspecto de lo real que no pertenezca al mismo tiempo al ámbito de lo maravilloso”. Carlos Marzal.

El carácter trémulo de una vibración estimula los sentidos, por aquello de la variación permanente. Cuando algo nos hace vibrar, sucede eso precisamente, nos mantiene en vilo. Con suma facilidad, prestamos atención y nos adherimos a ese promotor estimulante. La vibración atrae, genera y acumula deseos de participación. Además, su carácter oscilante no resulta propicio a una permanencia en los extremos; constituye una fase inestable en la que uno se desliza de un polo al otro. La motivación para estas sensaciones es muy variopinta, se ponen en movimiento diversas áreas de la personalidad, íntimas o públicas, vicios o virtudes, que de todo hay. Destaco hoy alguna de estas disyuntivas que remueven el ánimo, algunos sencillos ejemplos.

LA PIPA DE OCHO PESETAS
Mi padre fue un buen músico (Saxofón, oboe, acordeón). Con el saxo participó en una orquesta que amenizaba los bailes de la contornada en aquellos tiempos. “En el mundo” sonaba como un arrebato, enervaba los ánimos, impulsados por el inconfundible sonido del saxofón. Vibraban todos los parroquianos, los tímidos y los mejores bailarines. Entonces, el plural aún englobaba a ellas y ellos.

Uno de esos amigos bailarines, me contaba días atrás sus andanzas por aquellas pistas de baile. Le pregunté si se trataba de bailes platónicos o abundaba con algún apretujón que otro. Y me refirió que solía tener dos compañeras habituales en esos menesteres. Una de las danzantes exigía una mayor distancia. La otra era más propensa a las cercanías a la hora de armonizar los movimientos. Bailando más apretaditos, con esta segunda compañera de fatigas, sucedió el accidente que mentamos hoy. En plena fatiga del baile apretado. De pronto, le dijo a su compañera: Xiqueta, este baile de hoy contigo me acaba de costar ocho pesetas. ¿Qué dices? ¿Cómo ha sido eso? ¡Se me acaba de romper la pipa de ocho pesetas que llevaba en el bolsillo de la camisa! Sin ninguna duda, fue esta una de las mejores maneras de estropear una pipa como la referida, de ocho pesetas.

VISITA AL GRAN COCINERO
Existió el viaje, eso sí. Por ello, el relato se convertía en verosímil, visitaron la ciudad de los grandes cocineros, y se hacian lenguas sobre uno de ellos en particular, famoso por sus incursiones televisivas. No cabía la extrañeza, era manifiesta la oportunidad para el disfrute de una cocina de suculentos platos.

Se produjo la foto, eso también. Por que, sin ningún lugar para la confusión, los protagonistas del evento figuraban en las imágenes recogidas por la cámara. Se efectuó el viaje y se dispone del documento gráfico de la aproximación.

¿Qué tal resultó la comida? Bueno, bueno …, entre un ronroneo justificativo, no acababa de surgir la claridad de una respuesta. Pudimos ir desgranando la incógnita. El último paso fue la fota ante la fachada del restaurante. No se registraron incursiones más profundas.

VISTAZO PREVIO CASUAL
La observación siempre alcanza alguna que otra consecuencia, buena o mala, como en esta historieta que me contaban los afectados. Una señora caminando con dificultad, manifestando lo sufrido de su personaje, hace su entrada en el despacho de la inspectora sanitaria. Se trata de un momento comprometido, ya que la entrevista con la inspectora, decidirá ante las peticiones de la paciente. Pensiones, compensaciones por invalidez y penurias monetarias, entran en la trama. El bienestar de las personas depende con frecuencia de estos factores.

Alguna chispa se dispara en la mente de la inspectora, ¿Qué pasa aquí? ¡Señora!, si la acabo de observar, caminando perfectamente, cuando bajaba del coche y se dirigía hacia aquí. Pues mira por donde, se encerró en esa idea, y ni nos escuchó … No tendría otra cosa que hacer, y antes de comenzar la consulta, estaba observando los aparcamientos. ¡No hay derecho a estos espionajes!

ROLLOS BENDECIDOS
En los pueblos se mantienen escenas tradicionales que no tienen desperdicio. Permanecen costumbres que aglutinan a los habituales de la vecindad. En el mío, transcurre todos los domingos una de esas tradiciones, gira en torno a la misa de doce; a la salida se intercambian todo tipo de impresiones, y como culminación, se apañan algunas tertulias con su aperitivo correspondiente. En una de estas suele repetirse el ritual objeto del comentario.

La bendición de los rollos es uno de los actos que no pueden faltar. Su aceptación es mayoritaria y la participación entusiasta. Con la cervecita delante y el ánimo alegre, ya está todo predispuesto. Ahí llega el camarero, con la bandeja reluciente de las de antes, plena de avíos. Con viva disposición se apresta al rito de la bendición, extiende el filo de su mano y, ¡Bendigo los rollos con devoción!, depositando en la mesa los pedidos de los contertulios. Relucen las rodajas de calamares a la romana, apetitosos y, al menos, con una bendición.

PRESENCIA EN LOS BARES
Es una expresión que va adquiriendo renombre cuando uno se muestra amable con algún vecino del pueblo, ¡No te he visto por los bares!, me alegro. No, no vayan a creer; no se refieren a unos supuestos malos hábitos o abusos de alcohol u otras bebidas. Pero es una expresión que todos entienden en su tono lisonjero.

Antes existían pregoneros encargados de los anuncios importantes, con las novedades, tras el bocinazo de rigor; órdenes del señor alcalde, menciones de cierta alcurnia, natalicios y entierros. Es una de esas profesiones venidas a menos, ¿A nada? De ahí surge la bondad de que a uno no le hayan visto por los bares, donde se pegan … las esquelas con la foto.

CHASCO
Este es un minicuento que escribí, y encaja con los asuntos de hoy:

La enorme energía ya no pudo más, se cansó del cosmos y hubo de condensarse en los enzimas de la vida.

De eso se trata, de sacar a colación alguna de esas sensaciones más entrañables que vistosas.

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