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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Mira quien disparata!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 28 de septiembre de 2008, 07:11 h (CET)
Debo confesar una de mis debilidades ¡me gusta el baile de salón, en todas sus modalidades! Por supuesto que no estoy para esta clase de ejercicios, volteretas, contorsiones, brincos y cabriolas propias de gentes más jóvenes y ágiles, que no tengan el temor de quedarse anquilosados en uno de dichos lances como consecuencia de los efectos de la herrumbre en alguna articulación. Pero lo cortés no quita lo valiente y, en mi papel de “mirón”, gozo lo mío viendo a los expertos danzarines moverse con gracia al compás de un vals vienés o de un tango porteño, que nos trae la nostalgia de aquellas pampas argentinas do los gauchos cabalgan y beben mate.

El caso es que me he ido tragando los sucesivos programas que la pizpireta Igartiburu, recia ondina del norte, nos ha venido presentando, con soltura y donaire, las distintas ediciones del programa “Mira quien Baila”. Era uno de los pocos programas “blancos” que se emitían en esta democracia que más se apura en enseñarnos desnudeces, pornografía, horteradas, expresiones zafias y malsonantes y no pocas blasfemias y descalificaciones en contra de los que no comulgamos con sus credos ateos. Los directores o productores del espectáculo, creo que eran los de Gesmusic, antiguos componentes de “La Trinca”, a pesar de que, en Catalunya, hay terreno abonado para toda clase de programas basura; se habían resistido hasta ahora a desnaturalizar aquel programa de entretenimiento incluyendo incrustaciones de mal gusto, salidas de tono u otras ordinarieces que pudieran ser ofensivas para una parte de la audiencia. Hay que reconocer que, hasta este último estreno, los componentes o concursantes que, sucesivamente fueron reclutados de entre las celebridades de la canción, el teatro, el deporte y la TV, con mayor o peor fortuna, mantuvieron un nivel muy aceptable en cuanto a su comportamiento; no sólo en cuanto se pudiera referir a sus avances en el arte de la danza, sino también en su comportamiento como personas educadas, conscientes que actuaban ante un público multicultural y que abarcaba desde niños hasta personas mayores.

En esta ocasión, sin embargo, no parece que se haya seguido la misma norma que para las anteriores etapas del programa. Es evidente, y debo decir que los engranajes chirriaron más de lo debido, que se ha pretendido incluir un cierto morbo al introducir, entre los participantes y en el propio jurado, a dos señores que parece que han elegido participar en esta edición, más que para bailar el uno y para juzgar la calidad del bailarín, el otro; para hacer alarde ante el público de su condición de homosexuales. Entendámonos, no me meto con sus tendencias sexuales ¡que allá ellos con su libido! Ni me quiero entrometer en su vida familiar ni si viven en pareja o si han contraído matrimonio con otro sujeto de su mismo sexo. No, señores, confieso que no comparto este tipo de libertades, pero acato las leyes como buen ciudadano y respeto que cada cual es libre de elegir el orificio del cuerpo que más le satisfaga para sus desahogos calenturientos.

No sé si los diálogos entre el señor Eizaguirre(Boris) y uno de los hermanos del dúo “Los Morancos” creo que se llama Jorge, estaban previstos en el guión y si, la cierta perplejidad de la presentadora, era ficción; pero, en todo caso, aquella demostración de plumas tan al vivo, sin gracia, inoportuna, soez y pasada de rosca, de ambos personajes apenas inciados los primeros compases de la representación, dio al traste con el halo de señorío, gracia y moderación que ostentaban las anteriores ediciones del programa de la Igartiburu, siempre caracterizado por su gracia sana, expresiones comedidas y, por supuesto, su buen gusto y respeto para el público.

No obstante, el hecho de haber contratado al histriónico señor Boris Eizaguirre, conocido por su intervención en uno de los programas basura dirigido por el señor Sardá, de conocidas ideas libertarias y gran beneficiado del éxito de su hermana Rosa; ya nos podía dar la medida del personaje. Uno de estos sujetos que para alcanzar la fama no ha dudado en acentuar su faceta populista, aireando como si fueran un mérito especial sus tendencias sexuales y demostrando su baja estofa enseñando, a todos los que tuvieran interés de verlo, lo que probablemente nadie que no fuere aficionado a tal tipo de espantos, estaría interesado en contemplar. Vaya, que les voy a decir, uno más de estos que se deben haber empollado a fondo la asignatura de la “Enseñanza para la Ciudadanía” que tan útil parece ser para escoger las tendencias sexuales de cada individuo. Él escogió la mano alzada y nadie se lo va a reprochar.

En todo caso, si le vamos a echar en cara el que gritando, haciendo aspavientos ( antes se calificaba de mariconadas) y poniendo mirada pícara, buscando la complicidad de los espectadores, estuviera haciendo propaganda de su condición de homosexual, presumiendo de “su marido” y haciendo alusión al “marido” del señor Cadaval, como si con aquel gesto pretendiera fregar por las narices del público las excelencias de su opción sexual. Ni era el lugar, ni el público estaba para eso ni, por supuesto, era el escenario adecuado para tamaña demostración de hasta donde puede llegar un sujeto en lo que nada más era una demostración de su inseguridad, falta de confianza en sí mismo e irreflexiva sobreactuación que, evidentemente, no le correspondía al no ser él el protagonista del show. Lamentable, señores, lamentable y penoso para los espectadores, que se ven obligados, una y otra vez, a soportar tales demostraciones que, por lo visto, se están convirtiendo en plato obligatorio de cualquier espectáculo, sea en la cadena Pública como en las privadas. Por lo visto, sólo se atiende a aquellos progresistas que disfrutan de tales obscenidades, dejando que el resto de la ciudadanía, que también paga los impuestos con los que se financia a la TV1, tenga que apagar el aparato ante ese continuo bombardeo de la tele basura. Y así les va ¡luego dirán que no tienen dinero y por eso nos saturan hasta la saciedad de publicidad y programas progre!

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