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El racismo en el deporte

Antonio Pérez Gómez
Antonio Pérez Gómez
s√°bado, 27 de septiembre de 2008, 09:33 h (CET)
Es muy loable el tit√°nico esfuerzo que se hace desde las instituciones europeas en atajar la enorme lacra del racismo en nuestra cultura, y concretamente en nuestro deporte (bueno, en el f√ļtbol, vaya). De hecho, la UEFA recientemente ha anunciado una campa√Īa a nivel europeo contra el racismo. Sin embargo, en nuestro pa√≠s se siguen viendo algunas escenas aberrantes. El domingo pasado se vio en el Ruiz de Lopera como un grupo de ignorantes luc√≠a con desfachatez simbolog√≠a nazi y fascista. Ojo, no es algo exclusivo del campo de Heli√≥polis. Se puede ver en varios estadios espa√Īoles este tipo de exhibiciones, pero s√≠ que es cierto que sorprende la laxitud con que ‚ÄúDon Manu√©‚ÄĚ se conduce para con sus cachorros m√°s radicales. Y lo digo porque yo mismo lo viv√≠ la pasada temporada. Me desplac√© al Ruiz de Lopera y entr√© junto con los pac√≠ficos aficionados visitantes. En los tornos, los de Seguridad me dejaron pr√°cticamente en calzoncillos buscando cualquier objeto peligroso. Hasta ah√≠, bien. Lo malo es que dentro nos esperaban una lluvia de botellas, palos y objetos contundentes que nos lanzaban algunos individuos cercanos a nuestro sector, que verdaderamente arroja dudas razonables sobre la rigurosidad de los cacheos a los elementos m√°s radicales del beticismo. No nos enga√Īemos, muchos equipos de f√ļtbol protegen, o al menos practican, una encubierta pol√≠tica de tolerancia, a sus propios ultras.

Lo m√°s probable es que el Betis sea sancionado de una forma simb√≥lica. Y si fuera una sanci√≥n mayor, caer√≠amos en un agravio comparativo, porque manifestaciones semejantes se han vivido en otros campos y no ha surdido nada. Y es triste, porque si hoy en d√≠a, en la √©poca del talante, en la de las alianzas de civilizaciones y en la del respeto a ultranza del elemento diferencial, no se persiguen de forma exhaustiva estas sucias exhibiciones, no s√© qu√© va a pasar cuando tengamos otro ambiente pol√≠tico no tan ‚Äúhippie‚ÄĚ como el que tenemos ahora.

Para mi es un hecho incontrovertible, y 9 de cada 10 aficionados a los que ustedes preguntaran, opinar√°n como yo: hay demasiada violencia en el f√ļtbol, y ello es debido en muchas ocasiones a los elementos indeseables y racistas que pululan en la grada, amparados en la masa indocta.

Ahora bien, tampoco transijo con la √Īo√Īer√≠a. Hoy en d√≠a, como ustedes saben, hay una corriente que se√Īala al mundo del f√ļtbol como un mundo esencialmente brutal y racista. Esta corriente, adem√°s, nos viene potenciada desde el extranjero. Y el Reino Unido es el m√°ximo palad√≠n de esta idea. A ver, ni calvo, ni tres pelucas. Ya he dicho que comulgo con la extirpaci√≥n de los elementos indeseables, e incluso denuncio desde aqu√≠ la tolerancia hacia estos grupos. Pero de ah√≠, a sacar que el futbol o el aficionado de f√ļtbol espa√Īol es racista, va un mundo.

Muchos ejemplos tenemos de estas acusaciones gratuitas hacia nuestro deporte. La √ļltima, la conocida pol√©mica de este verano con el gracioso anuncio de la selecci√≥n de basket. Antes, el d√≠scolo Aragon√©s hab√≠a sido insultado gravemente en los tabloides ingleses como racista, y como les gusta a estos periodicuchos brit√°nicos de baja estofa, el ex seleccionador se convirti√≥ de repente en el ep√≠tome del futbol, y su manera de pensar, en la de todos y cada uno de los espa√Īolitos. Tampoco es desde√Īable el incluir en esta ignominiosa lista de las campa√Īas antihisp√°nicas de los tabloides el abucheo que recibi√≥ Hamilton en un par de circuitos espa√Īoles. Casi nadie repar√≥ en las menciones a su mam√° y a su omnipresente y cargante papi, l√≥gicamente cargadas de mal gusto y peor educaci√≥n. No. Destacaron que el color de piel del piloto fue mentado. Acab√°ramos. Con la iglesia hemos topado.

¬ŅCu√°l es el origen de esta campa√Īa y esta autoproclamaci√≥n de Gran Breta√Īa como observatorio del racismo en Europa, y en Espa√Īa m√°s concretamente? Pues, curiosamente, viene de ellos mismos. La cantidad de africanos, hind√ļes y caribe√Īos que hay en Inglaterra es exponencialmente mayor que la que hay en Espa√Īa. Ellos han tenido, y tienen, enormes problemas para integrar a tama√Īa poblaci√≥n. Y los hooligans no se andan con chiquitas.

Pero curiosamente, podemos observar que las actitudes xen√≥fobas en el Reino Unido no son solo contra los venidos de pa√≠ses menos desarrollados, sino contra cualquiera que no tome el t√© a las 5. (V√°lgame la met√°fora). Patrick Viera, Eric Cantona, Frank Leboeuf o Emmanuel Petit, franceses ellos, hace a√Īos propalaron los insultos racistas hacia ellos por ser galos, no por que alguno de ellos fuera de color (de color negro, quiero decir).

Como el propio Tim Crabbe, profesor de sociolog√≠a del deporte en la Universidad Hallam de Sheffield, pone de manifiesto:‚ÄĚlo cierto es que caracterizar a determinados clubes o aficionados como prototipos fascistas o racistas resulta enga√Īoso‚ÄĚ. As√≠, es curioso que en Alemania haya una exhibici√≥n de signos nazis casi inexistente. Otro caso revelador es el de Italia. Durante los √ļltimos partidos del mundial de Italia en 1990, cuando los hinchas del Napoli abandonaron al equipo nacional italiano para animar a su h√©roe local argentino Maradona, los hinchas del norte de Italia mostraron su hostilidad hacia Maradona, el Napoli y la regi√≥n meridional apoyando a cualquier equipo que jugase contra Argentina, y as√≠ los elementos racistas entre los aficionados del Norte no tuvieron ning√ļn empacho en vitorear con entusiasmo al equipo africano negro de Camer√ļn cuando √©ste jug√≥ contra Argentina.

¬ŅQu√© nos dice todo esto? Pues que, aparte de algunos elementos marginales genuinamente racistas, lo que prima en el f√ļtbol es la rivalidad llevada hasta extremos, lo que se intenta es desmotivar, clasificar despectivamente al rival, llevando el insulto hasta la categor√≠a de etiqueta. Cuando al Eto√≥ s ele llama ‚Äúnegro‚ÄĚ, es fundamentalmente por su actitud poco inteligente y el show del que ha hecho gala cuando, dese la grada alguien le ha llamado as√≠. Como molesta, se le repite.

Para terminar, tengo dos an√©cdotas que contar de dos jugadores profesionales (uno de ellos ya retirado). Me dec√≠a el primero de ellos, que hace muchos a√Īos, cuando nadie se rapaba el pelo, √©l lo hizo para disimular su incipiente alopecia. A todos y cada uno de los campos a los que iba, le gritaban ‚Äú¬°Calvo!‚Äú, ‚Äú¬°Calvo de m‚Ķ!‚ÄĚ, etc. El otro se trata de un jugador con una abundante melena rubia rizada. En su caso, el irritante y constante soniquete es ‚Äú¬°Peluc√≥n!‚ÄĚ, ‚Äú¬°Nenaza!‚ÄĚ. ¬ŅPodr√≠amos inferir de esto que el aficionado espa√Īol es un racista capilar? ¬ŅQu√© aqu√≠ se le tiene odio al rapado‚Ķy al que posee melena rizada? Pues eso. Racismo, a lo que es racismo. Y mala educaci√≥n, a lo que es mala educaci√≥n.

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