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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Minutos de silencio, minutos vergonzantes

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 27 de septiembre de 2008, 09:32 h (CET)
¿Cuántas veces hemos contemplado la misma escena?, ¿en cuántas ocasiones se han venido repitiendo las imágenes de un pueblo soliviantado saliendo a la calle exigiendo que se acabe con la banda terrorista ETA? Corporaciones en pleno de pie ante el consistorio, inmóviles, dejando que trascurran sin pronunciar palabra los cinco minutos, o lo que es lo mismo, los 300 segundos que, para quien contempla el espectáculo, parece que sean una eternidad y, señores, les ruego que me digan las veces que han visto aparecer en la TV al señor ZP repitiendo, con cara de circunstancias, gesto enérgico y mirada de ira, que los de la ETA nunca doblegarán al Estado de Derecho, que las fuerzas democráticas, sólo con la ley en la mano y la ayuda de las fuerzas del orden, lograrán acabar con el terrorismo y que, la unidad de todos los demócratas, trabajando codo a codo, terminará con los etarras. A ello se suele añadir que, la banda “está muy debilitada” y que pudiéramos pensar, si fuéramos imbéciles de nacimiento, que está dando “sus últimas boqueadas”.

Hace ya un par de años el señor Rubalcaba, cuando se negociaba bajo mano con Batasuna (con la inevitable colaboración del PNV), o sea, con ETA; se permitió salir en TV para decir que él mismo había comprobado la intención de los etarras de dejar de matar. Y lo dijo sin que se le notara en la cara que estaba tirándose un farol como la copa de un pino. Claro que esto lo hace el entreno, la costumbre y la práctica, que estas habilidades ya le vienen de lejos a nuestro ministro del Interior. Ahora les pido que recuerden el malhadado atentado en la Terminal del aeropuerto de Barajas, en el que ETA se cobró dos nuevas víctimas. Otra vez salió el señor Rodríguez Zapatero con su habitual semblante de sufrimiento y nos aseguró que todo se había acabado, que las negociaciones estaban “suspendidas” sin fecha y que se preparasen los etarras que les iba a sentar las costuras. A los pocos días se supo que las negociaciones continuaban bajo cuerda, a la chita callando, para que los ciudadanos no se enterasen y echasen a perder el entramado. Nos enteramos y no pasó nada, absolutamente nada, el pueblo se pasó la noticia por la entrepierna femenina y miró hacia el otro lado, porque no era cuestión de poner rojo al señor ZP que era socialista, de izquierdas rabiosas y partidario de desenterrar a los muertos de la Guerra Civil, del levantamiento de Asturias de 1934 y de las guerras carlistas si fuera preciso, para atribuírselos todos, todos sin excepción, a la represión franquista. (Ahora dicen que ya han entregado listas de desaparecidos a Garzón de cerca de 150.000; si seguimos así habrá más desparecidos que muertos en la contienda)

Y es que, señores, nos tragamos todo lo que nos echan. Hay de quien se dice que nace con una flor en el trasero, pero en el caso del señor Zapatero parece talmente que hubiera nacido con todo un ramo de ellas. Miente más que habla; enreda más que actúa; habla de paz y provoca batallas fraticidas que ya dormían el sueño del olvido; defiende la Alianza de Civilizaciones y habla de los derechos de las mujeres ¿Cuáles de ellas, las españolas o las musulmanas? Negó que pudiéramos entrar en crisis, hace un año, lo repitió hace medio año, cuando ya empezaba el desastre de la construcción; lo confirmó hace tres meses y ahora, cuando el país ya está hundiéndose en las arenas movedizas de la recesión, cuando ya no tiene argumentos para emperrarse en volverlo a negar, se saca de la chistera, como un Merlín renacido, su gran excusa: “La culpa la tiene Aznar y el señor Bush” y se queda tan tranquilo. Lo verdaderamente extraordinario es que todavía hay gente que está con el agua al cuello, que no llega a final de mes por el encarecimiento de la cesta de la compra; por la disminución del poder adquisitivo, fruto de una inflación desorbitada; que ve peligrar su empleo y contempla como las empresas se hunden una tras otra y todavía, ¡pásmense ustedes!, sigue confiando en este gran embaucador de masas.

Hay quienes se creen que con estas manifestaciones públicas de rechazo a ETA van a convencer a los etarras de que dejen las armas; los hay tan cándidos que se creen a Zapatero, Rubalcaba o a la vice de la Vogue, cuando predican su rechazo al terrorismo y prometen venganza y mano dura, lo hacen por España ¡craso error! Ahora los etarras cumplirán toda su pena sin que valgan medidas de gracia; ¿Ahora? Y ¿por qué no antes? Explíquenos usted, señor Presidente el porqué cuando usted se hizo con el poder (todos sabemos gracias a qué) no acabó de rematar la faena del señor Aznar, que ya tenía acorralados a los de ETA y sólo hubiera hecho falta que usted hubiera seguido la misma línea para acabar con ellos. Sería conveniente que, antes de mostrarse tan enérgico y convincente en sus discursos contra ETA, meditara sobre la responsabilidad que le cabe a usted y sus famosas negociaciones, sobre los crímenes que está cometiendo ahora la banda. Todos sabemos que mientras les estaban tomando el pelo a ustedes, simulando que querían negociar, aprovecharon para rearmarse ( robo de 300 pistolas en Francia) y reestructurar sus mal paradas estructuras, fruto de la efectiva persecución de la policía de Aznar. Pero usted, señor Zapatero, erre que erre, ofreciéndoles en las negociaciones la intemerata, sólo para conseguir apuntarse el tanto político de aparecer ante el pueblo como “ el gran pacificador”

Ahora pide unidad cuando antes provocó el distanciamiento; ahora se lamenta de los muertos cuando antes permitió que los asesinos se rehicieran; ahora pide pactos contra los terroristas cuando usted dinamitó los dos medios que se arbitraron para demostrar la unidad ante el terrorismo: la Ley de Partidos y el Pacto por las libertades. No fue el PP quien “crispó” ni les fue desleal; fueron ustedes que, con la mayor desvergüenza, comenzaron a negociar, ya dos años antes de finalizar la legislatura, con ETA, sin advertir de ello al partido gobernante. ¡Déjense de tomarnos por majaderos y acaben con sus falsos golpes de pecho y demás monsergas! Ni minutos de silencio ni tonterías semejantes. Pongan orden en el País Vasco y enderecen la Justicia para que se aplique con todo rigor! Acabemos con ñonerías y usemos la Constitución, que tiene el remedio para acabar con las autonomías díscolas que no respetan las leyes españolas. Ahora señores del PSOE están recogiendo los frutos de una política de paños calientes con los terroristas. Cada muerto que la banda les tire a la cara será un baldón más contra ustedes, que pudiendo acabar con ellos, por negligencia, incuria e intereses partidistas permitieron que se salieran del cepo en el que estaban atrapados.

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