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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El caballero de la mano tendida

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 25 de septiembre de 2008, 08:55 h (CET)
Hay algunos que se empeñan en hacer política de salón. No parece que ,para el señor Rajoy, haya pasado la época del fair play, de las ceremoniosas reverencias entre los sesudos miembros del Parlamento de tiempos de la Restauración y, por ello, se creen que todavía estamos en aquellos tiempos en los que los caballeros se levantaban para ceder el asiento a las señoras y los jóvenes, de uno y otro sexo ( cuando se estilaba que la humanidad se dividiera entre machos y hembras) se levantaban respetuosos para cederle el puesto al venerable anciano de las luengas barbas de armiño. Puede que el presidente del PP, como moderno Don Quijote, vea gigantes a vencer donde sólo hay molinos de viento o que confunda a galeotes con pobres caballeros sometidos al yugo de la esclavitud; pero, por muy tierna que pueda ser esta imagen de caballero andante, por mucho que ilusione a la parte más cándida de la clientela del PP y por mucho que le pueda resultar conveniente al Gobierno el servilismo de la oposición, ¡señores, lo que precisamos en este momento, en España, es que haya alguien que ponga orden, que denuncie los errores del señor ZP y que se lance como tigresa en celo sobre aquellos que nos están conduciendo, sin el menor embarazo, hacia la completa descomposición de nuestra nación.

Y es que, mientras el señor Rajoy se pasa el día tendiéndole la mano a ZP, este aprovecha la ineficacia del discurso de la oposición, para intentar salvarse de la quema dándole las culpas, de todo lo malo que está sucediendo en nuestra nación, al señor Bush y, de paso, por si fuera poco, acusa al PP de colaborar en la crisis sólo porque, en tiempos de Aznar, existía una excelente relación entre los dos países. ¿Acaso es que no se entera el señor Rajoy de que, manteniendo constantemente la mano tendida, lo único que conseguirá es que Zapatero le cuelgue de ella, con percha incluida, el sayo de descalificaciones que le está cortando? ¿Dónde está aquel don Mariano incisivo y brillante que plantaba cara al Gobierno poniéndole las peras a cuarto? Se esfumó. Perdió sus segundas elecciones y no supo encajar la derrota. Alguien le sugirió que el atacar despiadadamente a los socialistas no era lo correcto, que la oposición se debía hacer con “guante blanco” y que estaba muy feo recordarle a ZP que estaba en el poder gracias a la catástrofe del 11–M. Se lo creyó y entonó el mea culpa; por supuesto que, en lugar de analizar las causas verdaderas de su derrota (una derrota que le reportó cuatrocientos mil votos más que en los anteriores comicios) enfocó el telescopio de la crítica hacia aquellos que lo habían apoyado incondicionalmente; que se habían partido el pecho en la defensa de los principios y valores del PP y que formaban la estructura de acero del verdadero partido popular. Defenestración tras defenestración, privó a la formación de sus valores más sólidos, para rodearse de una serie de chiquilicuatres, llenos de ideas brillantes, que le convencieron de que la oposición se debía dosificar, moderar, suavizar y, sobre todo, convertirse en apoyo del Gobierno en lugar de ser su censor más implacable.

Y aquí tenemos a nuestro Don Tancredo, con la mano extendida, apariencia decimonónica (tiene un cierto parecido físico–estético con don Práxedes Mateo Sagasta, el jefe del partido liberal, que se turnaba con Cánovas del Castillo en el gobierno de España, bajo la regencia de María Cristina) y seguro de haber dejado una etapa atrás “muy buena, muy efectiva y muy entrañable” pero que se había quedado anticuada, obsoleta y que, en consecuencia, era preciso cambiar de sistema. Pelillos a la mar respecto a las continuas traiciones con las que le obsequió el señor ZP; pelillos a la mar respecto a las turbias y herméticas negociaciones con ETA; pelillos a la mar respecto a la gran estafa del 11–M; pelillos a la mar con los engaños y martingalas de los debates televisivos y, como es natural, pelillos a la mar del gran fraude del Estatut catalán, la inmersión lingüística, las ofensas a la bandera, la falta de solidaridad entre autonomías y lo que es el concepto de la unidad nacional – hoy mismo puesta en cuestión, con toda desfachatez, por Montilla, este sujeto, Sancho Panza oportunista, a quien se le encomendó gobernar la “ínsula catalana” – . Y ustedes, despendolados ante tanta estulticia y descaro, me preguntarán sabiamente: ¿ Pero… que nos dicen del aborto y de los matrimonios homosexuales y de la EpC y de…? No sigan, porque no tengo respuesta alguna que darles. Seguramente, el señor Rajoy o la pizpireta Sáenz de Santaría o el picajoso Basagoiti o el hábil Arenas o el incomensurable Gallardón, nos podrían informar al respeto, pero si quieren que les sea franco, tengo serías dudas de que les apetezca hablar de estos temas porque, saben ustedes, no entran dentro de sus planes centristas; no es adecuado ni oportuno entrar a tratar de ellos porque son como hierros candentes que si los tocas queman; al parecer, quieren que el PP crezca y para ello hay que sacrificar algunos valores ¡ nada importante por supuesto! Porque ¿qué más da que en vez de cien mil abortos al año sean doscientos mil? Lo verdaderamente importante es que el PP aumente su número de… ¿de qué, de progres, de faranduleros, de médicos carniceros, de defensores del relativismo moral o bien de separatistas que buscan la descomposición de España? ¡Repondan, señores dirigentes del PP!, ¿ a quienes están ustedes representando? ¿A los que aman a su patria, aceptan la moral cristiana y la ética del Derecho natural? o, por conveniencia, para ganar las elecciones o, simplemente, para continuar en sus poltronas, han preferido abjurar de los principios y valores del PP para entregarse a sus politiqueos particulares.

Son ustedes muy dueños de seguir en su nueva deriva, por mi como si el buque se hunde, porque pienso que tal y como está, no tiene ninguna utilidad para salvar a España de la lacra socialista, de la moral laica y de la podredumbre progresista, defensora de la muerte de los fetos para satisfacer el egoísmo, comodidad y lascivia de sus progenitoras, y de las nuevas teorías sobre el “suicidio ayudado”, un método rápido y expedito para eliminar estorbos o, lo que es lo mismo, personas que constituyen una carga para sus familias. Siga usted, señor Rajoy, con la mano tendida hasta que se le caiga de cansancio. Los efectos de su nueva política no tardaremos en poderlos comprobar. Entre tanto, le recomiendo que medite sobre el rumbo que le ha impreso a la formación que preside. Yo, señor mío, no le voy a votar.

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