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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

El país como una patena

Mario López
Mario López
jueves, 25 de septiembre de 2008, 08:55 h (CET)
En los últimos días los españoles estamos asistiendo a dos fenómenos que posiblemente estén relacionados entre sí, aunque no necesariamente: el golpe final del Estado al entorno de ETA y el recrudecimiento de la acción terrorista.

Si nos tenemos que guiar por lo que nos dicen nuestros responsables políticos, este es el camino adecuado para acabar con la violencia en el País Vasco en particular y en el conjunto del Estado en general. La tesis que sustenta esta creencia es que la policía acabará deteniendo a todos los etarras, la Justicia los meterá en la cárcel y, todavía no se sabe quién, les vigilará durante los veinte años siguientes a su puesta en libertad tras haber cumplido sus condenas. Al mismo tiempo, los doscientos mil vascos partidarios de las organizaciones de izquierda abertzale ilegalizadas irán entrando en razón y, más pronto que tarde, acabarán dando su voto al PNV, al PSOE o al PP. Por otra parte, el TC está creando una doctrina a partir de sus sentencias condenatorias de las Gestoras pro-amnistía, ANV y PCTV, así como de la prohibición de la consulta de Ibarretxe; doctrina que se acabará de enriquecer con la más que probable declaración de anticonstitucionalidad del Estatut de Catalunya. Unido a todo esto y a resultas de la crisis, el Gobierno ha tomado iniciativas de la índole de facilitar créditos a la patronal y prever la posibilidad de rebajarles los impuestos en caso de que la crisis repunte; mientras tanto, al trabajador en paro y al ciudadano arruinado por su hipoteca se les hace saber que el Gobierno nada puede hacer, pero se les pide que no desfallezcan y que confíen en la providencia. Y, por supuesto, para los inmigrantes el Gobierno tiene un plan “retorno” de chuparse los dedos. Bien, en un pis-pás nuestros administradores han puesto el país como la patena. Saneada la economía de los ricos, conjurada la amenaza inmigratoria, reducida la subversión nacionalista en el gueto de la inexistencia práctica y puesta la clase trabajadora en manos de la providencia, sólo nos queda celebrar las próximas fiestas navideñas con el entusiasmo que la situación merece, como en los mejores tiempos del invicto. Yo intentaré hacerlo en otro país; éste se me antoja demasiado perfecto para mí.

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