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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Los tiempos son otros. Los socialistas los mismos

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 24 de septiembre de 2008, 07:00 h (CET)
Hay un pasaje, en el Don Quijote de la Mancha, cuando Sancho Panza ejerce sus funciones de gobernador de la ínsula Barataria, en el que los criados le embuten en una armadura mientras le anuncian que han entrado en la ínsula “infinitos enemigos”. El pobre hombre no puede moverse a causa del peso de tal impedimenta y pide que lo trasporten a un lugar donde, sin moverse, pueda defenderse. Entonces es cuando uno de los criados le espeta: “Ande, señor gobernador, que más el miedo que las tablas le impiden el paso; acabe y menéese, que es tarde, y los enemigos crecen, y las voces se aumentan y el peligro carga”. Me temo que a nuestro presidente, el señor Rodríguez Zapatero, en estos momentos de su recién estrenada segunda legislatura, le irían como anillo al dedo las recomendaciones del criado de Sancho. Y es que, lo que le está ocurriendo a ZP no es más que está agarrotado por el mismo pánico del que estaba poseído el pobre escudero; se siente impotente ante una realidad que nunca pudo imaginarse que le pudiera afectar a él y contempla horrorizado como aquellos en los que confiaban que le sacaran del apuro han resultado ser tan incompetentes como él mismo.

Así no debemos extrañarnos de que, al señor presidente del Gobierno, le crezcan los enanos por todas partes. Sin embargo, lo que no nos podrá negar es que la situación comprometida que le está agobiando en estos momentos no se la haya buscado con ahínco y que no se la haya trabajado con verdadera pasión. Si eligió al señor Solbes ( responsable del descalabro económico del PSOE, en tiempos de Felipe González), seguramente fue pensando en que iba a ser in individuo perfectamente sumiso y maleable, como en realidad ha sido; si puso en su puesto de ministra de Fomento a la señora Magdalena Álvarez fue porque pensó que no le causaría problemas, se equivocó y le causó más de los que nunca pudo imaginar; no obstante su carácter obcecado le impulsó a renovarla en el cargo, sólo porque toda la oposición había renegada de ella. Y lo mismo podemos decir de la ministra de Educación, señora Cabrera Calvosotelo, la impulsora de la EpC y de la campaña de adoctrinamiento socialista en las escuelas.

La crisis económica ha acabado definitivamente con el sueño utópico de nuestro presidente y ha demostrado cuan profundas son las carencias de su gobierno y el grado de incapacidad de los ministros de los que se ha rodeado. Una a una se le van desmontando las historias de progreso, bienestar y solvencia económica que atribuía a su gestión y uno a uno han salido a relucir todos los bulos que nos encajó a los ciudadanos durante el tiempo que nos ha estado gobernando. De nuevo ha salido a relucir la incapacidad de la señora Álvarez en su afán de evitar asumir las responsabilidades de su departamento en el accidente aéreo de Barajas y, de paso, nos vamos enterando y, para desgracia de la señora ministra, también el señor juez que se ocupa de la instrucción del caso, de los chanchullos que está intentando hacer con la Comisión de Investigación de la que, por cierto, ya han dimitido todos aquellos que no están dispuestos a colaborar en el juego de la señora Álvarez. Ahora, el señor juez deberá ocuparse también de investigar la “filtraciones” interesadas que desde Fomento se han hecho para que El País, el portavoz mediático del Gobierno, lance en exclusiva informaciones que estaban sometidas al secreto sumarial.

Pero como a perro viejo todo son pulgas, el Tribunal Supremo después de años de hibernación parece que ha despertado y, en menos de dos semanas, acaba de ilegalizar a ANV y, ahora, al PCTV; sí, señores, no se queden pasmados, que sí, si es cierto que aquellas formaciones que para el señor Rubalcaba, Conde Pumpido y nuestro incoherente ministro de Justicia, señor Bermejo – digo lo de incoherente porque, para él, un fiscal de carrera,las leyes sólo sirven para si les favorecen a los del partido socialista, pero no para cuando son buenas para el resto de la ciudadanía –, cuando debían concurrir a las elecciones municipales del País Vasco, eran modelo de legitimidad y estaban exentas de cualquier contagio con los terroristas y, vean ustedes por donde, ahora, por un conjuro milagroso, de pronto se han convertido en bandas filo terroristas a las que hay que borrar del marco político. O sea, cuando había diálogo con ETA debían apoyarse, cuando se acabó el consenso con la banda, hay que machacarlos. ¡Claro que, otra cosa será privar a quienes ejerzan cargos municipales de sus retribuciones!, al menos, hasta que se produzcan los próximos comicios, momento en que,con toda probabilidad, ya se las habrán ingeniado para poder presentarse bajo otras nuevas siglas. Pero ¿ustedes piensan que alguien de los responsables de tamaño fiasco, va a dimitir? ¡Ni de bromas, vaya! Por aquello de ayer vaquero y hoy caballero, se aferran con uñas y dientes a sus poltronas, de las que ni con hierros candentes se los puede despegar.

Y, a todo esto, no perdamos de vista a la Chacón, empeñada en demostrar que una mujer puede mandar en el ejército y por ello, primero destituyó a todos los mandos superiores del Ejército para poner a otros que le fueran más adictos; luego se empeñó, en plena crisis económica, en poner a la moda a todas las jóvenes que prestaban servicio como soldados y oficiales, dotándolas de modelitos más “inn” y, ahora, ha conseguido dividir a los oficiales con el planteamiento de una Ley de la Carrera Militar que aúna a todos los oficiales en una sola escala y, al parecer, se propicia que personal con menos antigüedad y conocimientos puedan adelantar a otros con más antigüedad. Y es que esta señora no sabe que una de las causas que originaron la Guerra Civil de 1936 fue el descontento y la división dentro del Ejército. Pero ¿qué le vamos a pedir a una señora de ideas pacifistas, feminista declarada y lega por completo en materia militar? En todo caso, de lo que sí estamos convencidos, es de que en España ya carecemos de un estamento militar capaz de sacarnos las castañas del fuego cuando estemos en peligro; no sólo de un ataque que nos llegue desde una nación extranjera, sino, incluso, de las maquinaciones que se produzcan dentro del Estado para romper la unidad de la patria. Sin patria, sin bandera, sin idioma común y sin ejército ¿qué nos queda? El Rey, sí, pero tampoco parece que esté por la labor de poner orden. En fin, siempre nos queda la Providencia para los que somos creyentes.

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