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Esperanza, un halito de confianza para el futuro

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 23 de septiembre de 2008, 09:06 h (CET)
Por primera vez en muchos meses, los españoles que todavía quedamos, los que creemos en las esencias y valores de nuestra España, hemos podido atisbar un rayo tenue luz en el horizonte del panorama político nacional. Es cierto que muchos estábamos navegando en el piélago de la desorientación y sumidos en la desesperanza de la impotencia, al sentirnos huérfanos de quienes tuvieran la valentía de defender los valores, las ideas y los objetivos que siempre fueron norte y razón de la existencia del antiguo PP, el del señor Aznar; que tanto contribuyó al engrandecimiento de nuestra nación y que tuvo el prestigio y el honor de sembrar la admiración entre las asorprendidas naciones de nuestro alrededor, incapaces de entender que, de una nación prácticamente desahuciada para poder incorporarse a la UE, en virtud de la puesta en marcha de una, bien orientada, política; de una bien entendida liberalización de la economía y de la renovada ilusión de toda la ciudadanía; se había producido el milagro económico que nos permitía acceder a la comunidad europea y, por añadidura, con calificación de sobresaliente.

Si la cabeza del nuevo PP, la formada por el señor Rajoy y su cúpula de advenedizos, imbuidos por los vientos del “centrismo” y de la “anticrispación”, decidieron buscar el concubinato con los nacionalismos excluyentes y el floreo pactista con el partido en el Gobierno; debemos decir que no ha conseguido más que decepcionarnos, hasta el punto de dejarnos de sentirnos representados por ellos y de renegar de haberles otorgado nuestra confianza, mediante nuestro voto, en las pasadas legislativas. Ahora, después del Congreso del PP de Madrid, podemos pensar que no todo está perdido y que. todavía existe una pequeña isla, un “insula Barataria”, un oasis en el que permanecen inmutables aquellos principios que tanto nos ilusionaron, a los que nos adherimos seguros de que eran el barco de salvación para nuestra maltrecha España, aquella de la corrupción, las veleidades socialistas del señor Solbes y la violación del Estado de Derecho por el propio Ejecutivo, que permitió que se combatiera al terrorismo con otro tipo de terrorismo, el “terrorismo de estado”, el terrorismo de los GAL.

Esperanza Aguirre, esta gran dama del PP, se ha constituido en la única luz de esperanza, valga la redundancia, para los decepcionados del señor Rajoy y del ambicioso señor Gallardón, que cada palabra que dice, cada gesto que hace y cada uno de sus actuaciones, está encaminada a su propia promoción; usando de la alabanza cuando piensa sacar provecho de ella; de la cuchilla de segar cuando cree que debe segar la hierba bajo los pies de sus rivales y de la polivalencia de ideas cuando le parece que conviene adaptarse a las circunstancias, para conseguir avanzar en sus aspiraciones, primero a la presidencia del PP y luego a la presidencia de la nación. Lo cierto es que, el espectáculo del soporte conseguido por la señora Aguirre en el congreso madrileño; el apoyo a sus tesis, valores y principios, que son los que tantos simpatizantes del PP mantenemos; la claridad con la que se han expresado; la constatación de que hoy en día, el mayor peligro para España es el gobierno que estamos padeciendo, con el que la crisis se eternizará; ha sido lo más gratificante que hemos tenido ocasión de presenciar en los últimos tiempos..

El recuerdo de cómo España logró superar sus carencias para cumplir con los criterios de Maastrich; su lema pragmático e ilustrativo de lo que se precisa para salir de la estanflación, “pico y pala”, equivalente a trabajo y esfuerzo; la crítica del oscurantismo de la política de ZP y de su deslealtad para los ciudadanos, al engañarlos respecto a la inminencia de la crisis económica; no son más que el fiel reflejo de la triste realidad que, por supuesto, no es posible superar con sinapismos como las subvenciones, esparadrapos como el aumento del gasto público o placebos como incrementar las dotaciones para cubrir la sangría del desempleo en las arcas públicas, cada vez más exhaustas y raquíticas. Frases como: “queremos un partido que mantenga firmemente sus ideas y principios, porque el tiempo del relativismo moral ya ha pasado”, nos sonaron a gloria, así como aquella rotunda afirmación de que “No somos neutrales entre libertad y tiranía, no somos equidistantes entre las víctimas y el terrorismo”; son las que hemos estado esperando quienes anteponemos nuestros ideales a cualquier consideración de carácter económico o de conformismo político.

No quiero terminar este artículo sin hacer mención al señor Rajoy. Fue evidente que no hubo entusiasmo ante su presencia y también fue palmario su escasa satisfacción ante el clamoroso triunfo de Esperanza Aguirre. Su falta de sintonía es evidente; los caminos propuestos por cada uno de ellos son divergentes y los medios para resurgir al PP diametralmente opuestos. El señor Rajoy ha dado muestras de haber bajado el listón de sus aspiraciones para mantener al PP en sus anteriores postulados. Ha abdicado de poner sobre el tapete con la fuerza de la razón, con el apoyo del sentido común y con la energía precisa para levantar ampollas en la piel del adversario, cuestiones de tanto fuste como puedan ser el tema del aborto; la regulación de los matrimonios homosexuales; la defensa de la unidad de España; la cuestión de la educación y la EpC; los ataques a la religión católica por parte del PSOE; los incumplimientos de la Constitución en materias de lengua, bandera y los derechos de los padres a la formación moral de sus hijos. Su postura ha quedado reflejada en su discurso de cierre del Congreso, en el que ha insistido por enésima vez en lo de “Detrás queda un pasado feliz, una etapa de buenos momentos y de otros muy importantes, detrás queda una gran etapa, pero hoy ya es una etapa pasada”.

A mi me gustaría preguntarle a don Mariano: “¿Si fue feliz, plagada de buenos momentos y una gran etapa? Entonces señor mí, sea usted consecuente y no intente cambiarla o es que ¿cuando un empresario tiene una empresa rentable la desmonta para montar otra que no sabe si funcionará o no? Mire usted, don Mariano, déjese de tonterías, como esa del video de un minuto y de gestos ambiguos hacia la galería, y haga como dice doña Esperanza, ¡póngase las pilas! Convertir al PP en uno más de los partidos que giran alrededor del PSOE no le va a servir de nada, salvo, claro está, que busque perpetuarse como presidente del partido de la oposición. Tipos como ZP saben muy bien como ingeniárselas engañando a los demás, pero usted, señor Rajoy, ni para esto sirve.

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