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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

¿Periodismo o sensacionalismo amarillista?

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
martes, 23 de septiembre de 2008, 09:06 h (CET)
Vergüenza ajena. Eso es, repercusiones internacionales, políticas y jurídicas al margen, lo que me provoca cuanto está aconteciendo en los últimos días alrededor del accidente aéreo que tuvo lugar el pasado mes de agosto en el madrileño aeropuerto de Barajas. Conocido es que se filtró a los medios amigos del PSOE un supuesto informe preliminar de la comisión de investigación, que al parecer contiene informaciones falsas y que, según denuncia la acusación particular, pretende dañar la investigación, que ha provocado la dimisión del piloto que participaba en la misma y la apertura de diligencias penales para la investigación de un presunto delito de revelación de secretos. El origen de la bochornosa y delincuescente filtración, descubierto gracias a la habitual e inevitable chapuza socialista, ha podido ser claramente establecido: un fax del gabinete telegráfico del Ministerio de Fomento.

Para sonrojo de muchos, tan sólo 24 horas después de haberse celebrado los funerales por las víctimas canarias, el diario “El País” subía a su página Web, amparándose en un supuesto y más que dudoso deber del periodista de publicar cualquier cosa que pueda aumentar la cuenta de resultados, el vídeo en el cual se puede observar nítidamente el momento del impacto de la nave contra el suelo. Se trata del mismo vídeo que fue visionado horas después de la tragedia, cual si de un estreno cinematográfico se tratase, por el Rey, Rodríguez Zapatero y a saber cuántos políticos más. En esos días de dolor el deslenguado Presidente del Gobierno se permitió incluso el lujo de valorar lo acontecido cual si de un experto en aeronáutica se tratase. La prensa, por supuesto, reflejó inmediatamente sus frívolas conclusiones como si fueran el resultado de sesudas investigaciones. Sin embargo, el juez responsable de la investigación del suceso no recibió la cinta en cuestión hasta pasados ocho días. Visto lo visto, es hasta de agradecer que su Señoría, que ha prohibido que las televisiones sigan repicando a todas horas las imágenes, no conociera la cinta a través de Youtube o de algún programa de cotilleos, que, por cierto, no lo son sólo los programas del corazón.

Si nada más tener lugar la tragedia las televisiones dieron clara muestra, cuando metían sus micrófonos en la cara de los conmocionados familiares para ver si les arrancaban alguna dolorida declaración o cuando se colaban en el vuelo de Spanair que cubre la misma ruta que el siniestrado para filmar a pasaje y tripulación, del nivel entre macabro, indocumentado y macarra que asola eso que antaño se llamaba periodismo, ahora están demostrando que eso de la Justicia y el respeto a las leyes, por no hablar del dolor de las familias, les importa más bien un pito. La cosa no sería tan trágica si no fuera porque los que han hecho público el vídeo son los mismos que se permiten el lujo de andar mañana, tarde y noche dando lecciones de ética al por mayor a los demás. Son los mismos que se rasgan las vestiduras ante cualquier manifestación que ellos, catedráticos de moral del todo a cien, consideran una falta de sensibilidad. Son de los que cobran por entrevistar a la novia de un maltratador –que también cobra por ello y a la cual ellos, previo pago de su parné, exigen que done su dinero- que acude a un plató a justificar que un hombre bueno se esté debatiendo desde hace más de un mes entre la vida y la muerte y que dicen que cobrar por hacer esa entrevista es periodismo. Se escudan, como en el caso del vídeo de AENA, detrás de que es “noticia” y que es “obligación del periodista” hacer pública cualquier cosa. Pues ya me dirán ustedes qué aporta, salvo morbo para los morbosos y dolor para los familiares de las víctimas del suceso, la publicación de la cinta o la entrevista con la innombrable esa. No, eso no es periodismo. Es amarillismo. Es basura.

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