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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Fin de semana con Mister Allen

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 22 de septiembre de 2008, 07:35 h (CET)
Se cumple ahora más o menos un año del final del rodaje por las calles de Barcelona de “Vicky, Cristina, Barcelona” por parte de Woody Allen y su trouppe cinematográfica en la que deslumbran los nombres de Penélope Cruz, Javier Bardem, Scarlett Johansson o Rebeca Hall. A todos pudimos verles el pasado verano en diversos escenarios barceloneses pero especialmente fue con el director neoyorquino con el que coincidimos más de una vez en sus ensayos musicales en el Café Vienés del Hotel Casa Fuster. Woody Allen parece ser un enamorado de Barcelona y lo mismo que el criminal que siempre vuelve al lugar del crimen, el cineasta ha querido volver a pasear por las calles que en su día impresionó en el celuloide, cenar una vez más en Ca l’Isidre, restaurante que le ganó el estómago con sus gambas y, cómo no, volver a tocar el clarinete, de manera improvisada, en los modernistas salones del local del final del Paseo de Gracia. Por tanto esta semana volveré a hablarles de Mister Allen y sus devaneos con Barcelona, de la película ya les hablarán voces más autorizadas y especializadas en el tema.

Una llamada oportuna me alertó el viernes tarde que se esperaba la aparición de Allen y su clarinete en el ensayo que el bajo y el pianista de su banda iban a hacer en el Café Vienés donde han estado tocando durante el fin de semana. Discretamente, como es habitual en él, el cineasta devenido en músico apareció al caer la tarde por el ya mítico local con su maletín en la mano. Se sentó, comentó alguna cosa con los músicos y comenzó a ensayar diversos temas de los que la banda suele ofrecer habitualmente en sus conciertos. Como ya habíamos presenciado el pasado año unas veces era Davis quien iniciaba los acordes a los que se añadiría el piano de Conal y el clarinete de Woody mientras que otras veces el cineasta soplaba en su instrumento algunas notas a las que de manera inmediata seguían el banjo y el piano de sus acompañantes. Y así durante más de noventa minutos ante la mirada atenta y sorprendida de los presentes que lo menos que esperaban al entrar al Café Vienés era tropezar con este improvisado concierto del cineasta que estos días es el centro de atención de la mayoría de medios informativos. Tan sólo un par de llamadas al móvil, quizás para recordarle que ya era hora de acercarse al restaurante para cenar, y la imprevista presencia de una comitiva nupcial en el café hicieron salir de su ensimismamiento al director de cine y clarinetista en sus ratos libres.

A la mañana siguiente el cineasta junto con el productor y Javier Bardem habían citado a la prensa para la oportuna rueda de prensa de presentación del film en la ciudad que acogió su rodaje. Multitudinaria rueda de prensa en la sede de MEDIAPRO, la productora, y un poco de desorganización a la hora de iniciarla ya que cada minuto los organizadores cambiaban de parecer sobre cómo debía discurrir la misma. Al final tanto Bardem como Woody Allen pudieron responder a las preguntas de los presentes, aunque se nos hizo corta la rueda de prensa y muchos nos quedamos con las ganas de seguir preguntando. Los periodistas, exquisitos en su trato con los cineastas, obviaron preguntas que pudieran ser consideradas molestas y así se pasó de puntillas por las declaraciones que, según Bardem, él nunca hizo y nadie le preguntó por su supuesta, y aireada desde hace meses, relación sentimental con la ausente Penélope Cruz, ni nadie nombró las posibles subvenciones recibidas para que el catalán aparezca en el film. Si se habló de la visión que la película da de Barcelona y que no es otra que la que tienen un par de jóvenes americanas, Allen calificó a la ciudad como romántica, agradeció la colaboración de todos durante el rodaje en el que nunca se sintió presionado por el entorno y explicó que aunque en el exterior se conocen las diferencias entre las culturas española y catalana no se aprecia la intensidad con las que éstas se viven. Explicó que no existe una “marca Allen” en sus películas y que cada una es diferente, unas veces tienen éxito y otras no tanto, y habló de sus proyectos entre los que figuran tres películas que no sabe todavía donde rodará, puede ser en USA, en cualquier ciudad europea o tal vez otra vez en España, el tiempo lo dirá y quizás también las posibles ayudas que le ofrezcan las ciudades que opten a tener en su curriculum un rodaje de Mr. Allen.

Un Bardem relajado y que dijo entender un poco el catalán fue contestando a las preguntas que le llegaban desde el patio de butacas que ocupábamos los periodistas. Dijo haber descubierto durante el rodaje lugares preciosos de la ciudad desconocidos para él hasta aquel momento y no sentir nada especial fuera cual fuera el lugar del rodaje : “uno pertenece a su gente y su patria está en el interior, el hecho de pertenecer únicamente a un sitio empobrece a las gentes, y así nos va”. No quiso oír hablar de los “oscar” ya que ha quedado agotado tras nueve meses de promoción del film con el que lo ganó ya que a los actores nadie les prepara para estos eventos promocionales y que se ven obligados a hacer por contrato. La escena que más le costó fue la primera en la que aborda a las dos intérpretes femeninas con propuestas de claro contenido sexual, eran siete folios escritos en inglés pero cómo dijo “es una suerte trabajar con Mr. Allen que convierte en diamantes todo lo que toca o hace”.

Una impecable secretaria pelirroja con cara de pocos amigos dio por terminada la rueda de prensa en poco más de media hora y fueron muchas las preguntas que se quedaron en el tintero mientras un Javier Bardem mucho más tierno de lo que parece y un Woody Allen que había tenido algunas muestras de humor volvían a montarse en la caravana de automóviles que les había acercado hasta una parte de la Diagonal bastante alejada del centro de la ciudad y a la que el desaparecido Paco Candel hace algunos años también hubiera bautizado como “Donde la ciudad pierde su nombre”. Ahora allá encontramos ese “pirulí” que es la Torre Agbar, el Teatre Nacional de Catalunya y l’Auditori, lugar en el que está noche se instalará la alfombra roja para que autoridades y famosos la pisen antes de presenciar el estreno oficial de esta película que habla de Barcelona, pero, no lo olviden, de una Barcelona vista con los ojos de dos jóvenes americanas. Tal vez una bonita postal.

No, no piensen que me he olvidado de la sección femenina del film. Simplemente es que no estaban por parte alguna. Scarlett Johansson andaba ocupada en otras cosas y por eso no estaba en Barcelona pese a que algunos aseguran que está celosa de Penélope Cruz. Y ésta, nuestra Pe, andaba haciendo la guerra por su cuenta y había convocado a algunos pocos medios en una suite del Hotel Arts con el fin de tener un protagonismo más amplio. Esta muchacha desde que pisó Hollywood aprendió con presteza las triquiñuelas de las aprendizas de diva y ha preferido andar de protagonista con una parte de la prensa antes que acudir a la rueda oficial junto al director y a su compañero de reparto. ¿O es que teme ser fotografiada junto a Javier Bardem?

Ahora, mientras escribo, Mr. Allen estará soplando su clarinete en el Café Vienés junto a sus dos fieles músicos, seguro que le es más practica esta terapia musical que el acudir a uno de esos psicoanalistas que a veces aparecen en sus films. Y esta noche, por el duelo provocado por un accidente de tráfico con dos muertos, no tendremos la foto del día, la del Alcalde de Barcelona junto con el cineasta, ya sabemos que a las autoridades les encanta fotografiarse con los famosos y aunque el dinero de las subvenciones sale de nuestros bolsillos son ellos los que, finalmente, aparecen en la foto. Yo me voy a elegir la corbata que luciré auque no pise la alfombra roja. De los que pasen por ella seguro que les informará detalladamente Teresa Berengueras en su “Lencería fina”.

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