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3 tópicos reiterados

Javier Úbeda Ibáñez
Redacción
sábado, 20 de septiembre de 2008, 07:45 h (CET)
Una de las consecuencias del pluralismo social que tanto se difunde a nivel político es, lógicamente, el pluralismo escolar, es decir, la coexistencia de diversas instituciones escolares que permitan a los padres escoger el tipo de escuela que mejor responda a su propia concepción de la vida, y en la que desean educar a sus hijos. En realidad, esta diversidad es consecuencia de que la educación es un derecho natural, cuya titularidad recae primariamente en los padres.

1. Objetan algunos que la escuela privada ofrece una concepción parcial de la cultura, ya que ésta es impartida según las características del centro. Esta afirmación es incorrecta, ya que olvida que en la sociedad existe también un pluralismo cultural. Si por parciales hay que suprimir las escuelas privadas, ¿por qué los partidos políticos, que como su propio nombre indica no son la totalidad, deberían subsistir? La escuela única sólo pueden proponerla quienes tengan vocación de partido único. No hay que olvidar tampoco que lo social no coincide con lo estatal, ni siquiera a nivel descentralizado. La estructura política y administrativa de cualquier Estado es siempre, lógicamente, mucho más raquítica que la vida social. Querer identificarlo supone siempre empobrecer a la sociedad.

2. Para otros, en cambio –aunque generalmente son los mismos-, la enseñanza privada carece ya de sentido, porque vivimos en una época en la que el Estado puede hacerse cargo de la totalidad de la educación. La función de aquélla habría sido de mera suplencia provisional. Como puede observarse, se trata de una inversión del principio de subsidiariedad, que consiste precisamente en lo contrario: la primacía de las personas y la suplencia por parte del Estado en lo que aquellas no alcancen a realizar y mientras no se hallen de nuevo en condiciones de realizarlo.

3. No faltan tampoco quienes insisten en el viejo tópico del dinero público a las escuelas públicas. Aquí se confunde de nuevo lo público con lo estatal. Si por público se entiende aquello a donde pueden ir las personas que lo deseen, no cabe duda de que hay mucho público que va a las escuelas que no son estatales, y que cumplen una función pública. El dinero no es algo público; sale del bolsillo de los particulares. Hay partidos –y también gobiernos- que parecen olvidar que no son propietarios, sino meros administradores de los dineros de los demás.

En otras palabras, se acepta el pluralismo como un hecho político, pero se niega el pluralismo como característica fundamental de la comunidad.

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Javier Úbeda Ibáñez es escritor.

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