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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Hay en España laicismo positivo?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 20 de septiembre de 2008, 07:39 h (CET)
No puedo decir que Francia sea mi nación preferida, quizá por una reminiscencia patriótica heredada de aquellos que se levantaron contra Napoleón para impedirle que se llevaran a los infantes de España. Ay que decir que en aquella ocasión el pueblo no supo escoger el motivo de los tantos que nos dieron los ocupantes franceses para que les sentáramos las costuras, si es que no queremos atener al comportamiento del felón Fernando VII más dispuesto a negociar con Pepe Botella que en defender a los españoles. Pero esto ocurrió hace siglos y ahora, como de costumbre, la nación vecina nos ha vuelto a dar una lección de cómo un presidente debe saber gobernar una nación. Sí, señores, el señor Sarkozy ha sabido nadar y guardar la ropa. Francia es una nación laica, en la que están perfectamente definidos los límites entre el Estado y la religión; sin embargo, aceptando esta premisa, lo que no existe ni es exigible para un país laico, el que el Estado deba estar “en contra” de la iglesia ni viceversa. Una posición que facilita que ambas partes se puedan aprovechar de todo lo bueno que hay en cada una de las instituciones.

A esto el señor Sarkozy, en un admirable discurso en el que se ha mostrado extremadamente respetuoso con la religión, ha sido capaz de definir un término, que el mismo Benenedicto XVI se ha apresurado a acoger y festejar, por lo que supone de concepto novedoso en las relaciones iglesia–estado. El “laicismo positivo”, todo lo contrario del laicismo exclusivista, doctrinario, jacobino y comunistoide que el señor ZP está empeñado en implantar en España y, para ello, se han sacado de la manga la EpC como un instrumento de adoctrinamiento de la juventud invadiendo, con ello, los derechos de la familia de darle a sus hijos la orientación política, ética y moral según el derecho que. la Constitución les otorga. Y es que lo que se propone nuestro señor Presidente y todo el conjunto de ministros que lo jalean, empezando por la señora Cabrera Calvosotelo ( vergüenza para una familia de antepasados ilustres) y acabando por sicarios del tipo del señor Blanco, es utilizar la enseñanza para adoctrinar en las ideas socialistas a nuestros jóvenes.

Están pretendiendo, y ya lo han conseguido en gran parte, que nuestros centros educativos se conviertan en las famosas Napolas hitlerianas, donde se imbuía a los jóvenes en las doctrinas nacional socialistas y de las cuales se nutrieron las famosas Juventudes hitlerianas fuente inagotable para la famosa la SS ( Alguemeine-SS) de “Sepp” Dietrich e Himmler. Y es precisamente la forma de puentear la Constitución, su desprecio por la legislación vigente que han aprendido a manejar a su antojo aunque para ello hayan tenido que desmontar todo el apartado de la Justicia para moldearlo a su gusto en lo que acaban de contribuir, en un alarde de estupidez y falta de cálculo político, los del PP del señor Rajoy que parece que, cada día que pasa, se abona a cometer más errores y meteduras de pata, como la del otro día, hablando demagógicamente de los inmigrantes que cobraban desempleo y los andaluces que se trasladan a Francia para la cosecha de fresas.

Mejor hubiera podido comentar los efectos del PER andaluz, que debemos pagar entre todos los españoles, por el que los trabajadores del campo trabajan unos meses y el resto reciben subvenciones. Pudiera ser que, muchos de ellos, siguieran cobrando subvención mientras trabajan en Francia. ¿Está España en condiciones de apechugar con estas concesiones políticas que le ayudan al señor Chávez a mantenerse en el poder? Porque es evidente que cualquier otro gobierno que ocupase el poder en Andalucía debería revisar esta prebenda que convierte, a los obreros del campo, en seres con diez meses de vacaciones.

Lo malo de esta disputa que existe en España entre la Iglesia católica y el Gobierno de Zapatero es que, contrariamente a lo que se pudiera suponer, dentro de las mismas escuelas católicas, las incluidas en la famosa FERE, parece que las hay que prefieren, como Judas Iscariote, venderse por treinta monedas antes de mantenerse firmes en su ideario. ¿Cómo se puede entender, si no, que centros religiosos se plieguen al chantaje del ministerio de Cultura y admitan la puesta en práctica de la asignatura EpC? Es evidente que una asignatura donde se presentan alternativas sexuales a los jóvenes, proponiendo la homosexualidad como una opción admisible y se definen como malos a los de derecha y como buenos a los de izquierdas, satanizando a los EE.UU, sólo por ser los adversarios políticos de la izquierda; contiene los suficientes elementos para que la Iglesia no pueda aceptarla para formar parte de su programa educativo. Así lo ha entendido el cardenal Rouco Varela, al dirigir un circular a todos los centros católicos educativos, recomendando que favorezcan el que los padres que lo deseen puedan interponer la objeción de conciencia en contra de la enseñanza de tal libelo.

Tengo la sensación de que en España, al contrario de lo que hemos podido comprobar en el viaje del Papa a París, existen muchos ciudadanos que se definen como católicos, pero que a la hora de dar el callo, sí señores, de dar testimonio de su credo, se asustan, tienen miedo de mostrarse como tales y se dejan llevar por la incercia del “¿si todos lo hacen, cómo voy yo a oponerme?” ¡Y así nos van las cosas! En otro de mis escritos advertía de la falta de coherencia de aquellos que votaron al PSOE sabiendo que, entre sus planes, entraba la liberalización del aborto; la laicización del Estado; los matrimonios homosexuales, la eutanasia y la educación doctrinaria controlada por el Estado. Ha sido evidente que los católicos que ayudaron a subir al poder al señor ZP no tuvieron en cuenta su fe ni las consecuencias desastrosas que nos iba a traer, a los españoles, el que se levantara la veda del aborto libre y de la ayuda o asistencia para morir, lo que se ha denominado “ el suicidio asistido”. Recuerdo que cuando estaba estudiando la carrera el que contribuía de alguna forma a que una persona se quitara la vida era condenado por esta acción; ahora parece que será todo lo contrario. Veremos cuántos utilizarán este método para sacarse de encima a personas que les resulten gravosas o a las que les estorben o, como no, a las que se pretenda heredar. Todo se reducirá a buscar un médico, tipo Dr. Montes, que no tenga demasiados escrúpulos a la hora de “sedar” a sus pacientes.

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