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La noche de Gallardón

Mario López
Mario López
viernes, 19 de septiembre de 2008, 08:11 h (CET)
Nuestro alcalde Gallardón –que tiene mucha ilustración- hoy salió en televisión. Le gusta Ortega. Supongo que será y Gasset, aunque bien pudiera ser Cano. Por el contexto yo diría que y Gasset, pero por las maneras, Cano. Bueno, da igual. El caso es que se le preguntara sobre la inundación de la M-30 o si pensaba que los políticos son gente de fiar, él citaba a Ortega. Está claro que es más propio, cuando hablamos de política, citar a un filósofo que a un torero. Pero también es cierto que entró al trapo como un toro. De hecho la cabeza del alcalde se da un cierto aire a toro de lidia. Pero salió de cada lance como un torero de la categoría de Ortega Cano y Gasset.

Aseveró con absoluta rotundidad que su primerísima prioridad a la que está dedicando todo su esfuerzo como alcalde es conseguir para Madrid los Juegos Olímpicos de 2016. Eso es lo que dijo, lo juro. A una señora que estaba en una silla de ruedas, en cambio, le prometió que lo primero que haría iba a ser promover viviendas acondicionadas para personas con problemas de movilidad. Igual es que la vio demasiado mayor para mandarla al equipo paraolímpico. No sé. Puede ser. Lo que me gustó mucho fue cuando dijo que él estaba en política para cambiar la realidad porque era un rebelde. Yo pensaba que era porque su padre era José María Ruíz-Gallardón y su padrino, Fraga Iribarne. Qué equivocado estaba. A veces parezco tonto. Bueno, y es que es tan bonito ser rebelde para cambiar la realidad. Sobre todo cuando te pones a convocar a los mejores para levantar en un santiamén un colegio donde antes no había más que prado. Y luego vienen los de la operación Guateque para fastidiártelo ¡Jo! Qué nefastos son algunos. El alcalde es un rebelde que se lleva bien con todo el mundo. Eso es lo que más me gusta de él. Ser rebelde para llevarse bien con todo el mundo. Es sin duda la mejor aportación de nuestro alcalde a la historia del pensamiento político. En la única ocasión que casi se echa a llorar fue cuando le preguntaron por Jiménez Losantos. Se ve que todavía no se le ha pasado del todo aquello o que no le han acabado de pagar la multa. Pero por lo demás, nuestro alcalde lleva muy bien su rebeldía simpática. Le gusta también mucho distinguir entre lo que es razonable y lo que no lo es. Si lo que se trata está dentro del programa del PP, pues es razonable. Si la cosa se sale de lo pactado en la Transición o en el último congreso del PP, ya no lo es. Eso sí, sea cual sea su veredicto, aunque sea la mayor facistada, te parecerá de lo más ecuánime y liberal. Eso es lo que él llama ser coherente. Como Utrera Molina -del que también se habló-, que prefirió seguir de falangista a llevárselo muerto en la democracia. Para nuestro alcalde, de acuerdo con la resolución congresual de su partido, el aborto es un fracaso y hay que aceptarlo como tal y en los extremos aprobados hasta ahora. No es razonable, por tanto, abordar otros supuestos (se supone que hasta despues de que lo apruebe el PSOE). Sobre la asignatura para la ciudadanía, considera que no está bien porque contiene mucha ideología y nuestro alcalde es muy liberal. La asignatura de religión, sin embargo, no le parece que contenga ningún tipo de doctrina, porque nada dijo en contra de esta asignatura. A lo mejor es que el tema no se ha tratado en el último congreso del PP. Nuestro alcalde Gallardón –que tiene mucha ilustración- es ese simpático pastor, incapaz de decir una palabra mal dicha o de descomponer el gesto cortés, pero al que has de temer si quieres salir del redil. No es que te vaya a despellejar. Es que, sin que se note, te hará imposible la salida. Se las sabe todas.

El programa, por lo demás, resultó bastante previsible. Las dos o tres preguntas memorables. En especial una, la que le formuló un chaval sin pecado concevido y que dijo: "¿tiene usted un cigarrillo?" Pregunta nada inócua, pues le sirvió a don Alberto de excelente excusa para, en ese tono de cura progre que le caracteriza, animar a los jóvenes a interesarse por los asuntos públicos, por la lectura de la prensa y todas esas cosas tan saludables que nos abren las puertas de par en par al redil. A su redil. Cuidadín.

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