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Etiquetas:   Mujeres del Siglo XXI   -   Sección:   Opinión

Y ahora... unos minutos de publicidad

Remedios Falaguera
Remedios Falaguera
jueves, 18 de septiembre de 2008, 07:26 h (CET)
A todos nos resulta familiar la expresión sonriente del presentador de cualquier programa de TV cuando nos anuncia: "Y ahora...unos minutos de publicidad".

Pues bien, en este punto de la ardua tarea que llevo entre manos últimamente, tratando de exponer las enseñanzas de San Pablo y el papel que han jugado las mujeres en la vida del apóstol, me apetece escribir algo más relajante a modo de anuncio.

Y como en los últimos tiempos, la publicidad se ha convertido en una fábrica de sueños que, como bien dice Luis Bassat, trata de “ofrecer el producto oportuno, en el momento oportuno, al cliente oportuno, con el argumento oportuno”, aquí les dejo unos pequeños spots, con los que pretendo presentar la muerte y el asesinato, despertar la reflexión y encauzar los buenos deseos en este nuevo curso que comienza.

Los deportistas españoles rozan las 50 medallas en la 13º edición de los Juegos Paralímpicos Pekín 2008.

Atletas ciegos, sordos, con distrofia muscular, paralíticos, entre otras discapacidades, nos aleccionan día tras día en esta cita deportiva de primer orden. Nuestros deportistas se han preparado durante años con tenacidad, honestidad y dignidad para lograr la victoria y saben que lo más importante es competir y superarse a si mismos. Alguien dijo una vez que “las mejores lecciones en el deporte nos las ofrecen quienes más dan y no quienes más consiguen”. Y esta es la gran lección que nos ofrecen los deportistas con discapacidad.

Los resultados poco importan, lo verdaderamente importante es el esfuerzo que han puesto en la prueba, invirtiendo lo mejor de uno mismo…con esfuerzo, compañerismo y con una sonrisa. Ellos saben que uno solo se llevará la medalla pero esto no les impide emprender el juego con espíritu deportivo. Ellos saben que el deporte es un lugar de encuentro, de amistad y de solidaridad que supera cualquier barrera de lengua, raza y cultura.

Y allí, en las sedes olímpicas, están los mejores del mundo, las verdaderas figuras, los auténticos protagonistas. Solo por el hecho de estar en estos juegos y darnos una lección de autentico valor y lucha ante la adversidad superando los obstáculos y el dolor, se merecen llevar colgada al cuello la más grande condecoración que se le puede ofrecer a un deportista, una gran medalla de oro.

Gracias por vuestro ejemplo. Nadie mejor que vosotros sabe el valor incalculable del deporte y los valores humanos y espirituales que de su práctica se derivan. Solo veros sobre el terreno nos damos cuenta que el deporte forja el carácter, enriquece nuestras amistades y contribuye a construir un mundo mucho más solidario, más alegre, donde uno intenta pasárselo bien y hacer que sus competidores disfruten.

Porque el deporte es un lugar donde los resultados no importan, lo importante es el esfuerzo, la alegría, la ilusión y la sana rivalidad puesta para conquistar el éxito.

Pero, como suele ocurrir en la realidad, al lado de la verdadera publicidad, existe otra publicidad engañosa, o mejor dicho desleal, que desconcierta e induce o puede inducir al error de los destinatarios. A saber. En el caso concreto de los deportistas paralímpicos, por un lado valoramos la lección de vida que nos ofrecen estos magníficos protagonistas luchando por la integración en la sociedad, y enriqueciendonos con sus experiencias de superación, a pesar de sus handicaps motrices y sensoriales; y por otro lado, menospreciamos y denigramos la discapacidad considerándola una lacra familiar y social que hay que evitar a toda costa. Pongamos dos ejemplos.
Los paralímpicos y la Ley del aborto
La joven Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, ha decidido con mucho “talante” sacar adelante en el año 2009 una nueva ley del aborto.

Para ello, su ministerio ha creado una comisión de expertos pro abortistas que eliminaran a nuestros futuros medallistas paralímpicos, ya que se persigue garantizar que la sanidad publica relizara una “limpieza” sin condiciones de los no nacidos que tengan malformaciones o cualquier tipo de discapacidad.

Bajo el pretexto de que estos discapacitados afectaran al equilibrio físico y psíquico de la madre, se llama a la sociedad a considerar a estos nonatos una lacra familiar y social que hay que evitar a toda costa, eso si, alegando motivos de solidaridad.

¿No es contradictorio que el gobierno, el “adalid” del discapacitado, del débil, sea quien fomente y proteja la injusticia del mayor holocausto de la historia de la Humanidad, el aborto?

¿No resulta demagógico que solo en España, y son datos oficiales, en el 2006 se superaron los 100.000 abortos, es decir, casi 300 asesinatos diarios? ¿No es cínico, cruel e inhumano que pensemos en asesinar a estos discapacitados por el falaz argumento de que puede afectar la salud mental de la madre?

Por eso, no me extraña -al contrario, me parece un acto de valentía casi heroica- la defensa de la vida que podemos leer en el defenestrado manual de Ética de la Editorial Casals , escrito por José Ramón Ayllón y Aurelio Fernández: "el siglo XX ostentará un merecido puesto de honor en las guerras. Pero será tal vez más recordado por otro atentado contra la dignidad humana sin precedentes, que se autojustifica y camufla a la sombra de un singular eufemismo: interrupción del embarazo".

La realidad del sufrimiento en los deportistas paralímpicos
El ministro de Justicia, señor Bermejo, quiere evitar el sufrimiento y el dolor que provoca una larga enfermedad, por ejemplo, podríamos incluir a los deportistas paralímpicos, apelando a una muerte digna.

No comprende que para muchos de ellos, el dolor, la incomprensión y el sufrimiento son sus compañeros de viaje. Pero no están solos. Como tampoco lo están los que dan a luz con dolor, los que hacen dietas crueles y dolorosas para mantener la figura, los padres con hijos deficientes o con trastornos incurables, los ancianos que sufren humillaciones y vejaciones, los padres que han perdido un hijo en un accidente de tráfico este fin de semana y sólo sienten desolación,…

¿Sería este compromiso social con los más desfavorecidos, el derecho a vivir dignamente, el derecho a no padecer, motivos suficientes para quitar la vida de estos deportistas que nos están haciendo disfrutar con sus heroicidades?

Porque nadie nos ha dicho que la vida es de color de rosa y no podemos pasar indiferentes ante este dolor. Es verdad. Pero, ¿quién se atreve a decirles a estos deportistas que la vida es indolora, que no tienen "calidad de vida"?

Miren ustedes, el slogan para este anuncio podría ser: El amor es capaz de hacer milagros. O este otro: El dolor es el un gran tesoro para nuestra condición humana.

No hay más que ver a estas personas excepcionales que la vida nos regala. No sólo nos muestran el deporte como fuente de valores positivos, sino que son un ejemplo del afán de superación ante el dolor y el sufrimiento de por vida.

Y ahora, silencio... comienza el programa.

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