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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Ética y religiones sin dogma

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 18 de septiembre de 2008, 07:26 h (CET)
No es lógico que la Conferencia Mundial para el Diálogo celebrada en Madrid los días 16 a 18 de julio 2008 haya sido convocada por el rey de Arabia Saudita. Es absurdo el protagonismo del monarca saudita en una Conferencia de este tipo, cuando en su reino se persigue a los cristianos y se les condena a muerte. Este protagonismo del monarca saudita no tiene, para mí, ninguna otra finalidad que la de intentar lavar la mala imagen que presenta su reino ante la opinión pública mundial por lo que hace a la violación de los derechos humanos, sin excluir la libertad de conciencia y de religión. Esta última Conferencia Mundial como todas las que la han precedido está abocada al fracaso. ¡Lástima de los euros que se han malgastado en su celebración!

Juan José Tamayo, Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, de la Universidad Carlos III, comentando la Conferencia afirma: “Las religiones se han de desdogmatizar y etizar. En otras palabras, han de dar prioridad a la ética por encima de la dogmática”. La pregunta que le haría al señor Tamayo es: ¿Dónde encontrar los principios éticos que hagan posible la convivencia y alejen la violencia característica de nuestro tiempo? Indiscutiblemente estos principios nos han llegado por revelación de Dios creador de todo lo existente porque sólo Él conoce lo que más nos conviene para nuestro bien. Estos principios que proceden del Inmutable no cambian nunca. Siempre son actuales y vigentes y, por tanto, sirven para todas las generaciones. Los principios éticos de humana creación no son permanentes y nos tomamos la libertad de cambiarlos a conveniencia. Por esto cada uno hace lo que quiere, incluso proclamaciones de principios éticos que terminan “en un rotundo fracaso por falta de propuestas concretas o al menos, de mediaciones operativas para ponerlas en práctica y por el inmovilismo de las mismas religiones”, según el señor Tamayo. Una ética que no es la que viene de Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, no funciona. Las evidencias son muy claras. La clase política le da mucha importancia a la ética, con todo, la corrupción que se manifiesta en ella es espectacular. ¿Qué es lo que falla? No se tiene el poder de Dios creador del cielo y de la tierra que a la vez es el Autor de la ética.

Otro aspecto que se ha de tener en cuenta según el señor Tamayo para que las guerras de religión se terminen para siempre es que las religiones se desdogmaticen, es decir, que han de prescindir de los dogmas porque “generan divisiones e incluso crean escisiones dentro de cada religión”.

El apóstol Pablo escribiendo a los cristianos de Corinto, les dice: “Además os declaro hermanos el evangelio que os he predicado el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis, por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano” (I Corintios, 15:1, 2). El apóstol les está diciendo que para conservar la salvación recibida se tienen que mantener firmes en “el evangelio que os he predicado”, es decir, el evangelio, de siempre y que ha estado vigente a lo largo de toda la historia de la humanidad. Porque “no hay otro evangelio”. De no ser así su conversión a Cristo hubiera sido un fraude porque los verdaderos cristianos perseveran hasta el final en la doctrina del evangelio, aunque tengan problemas con la sociedad que puede ser religiosa e incluso atea o agnóstica.

A los cristianos de Corinto que tal vez los inquietaban quienes iban anunciando “otro evangelio”, les dice: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí” (v.3). Es decir, sin modificar un ápice el evangelio que había recibido del Señor, porque no hay otro evangelio. Acto seguido les hace un brevísimo resumen de dicho evangelio que no puede alterarse lo más mínimo: “Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras, y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras” (vv.3,4). El mensaje de la muerte y de la resurrección de Cristo es dogma intocable porque es el corazón del único Evangelio existente. Para los que se pierden es una locura el mensaje de la cruz, pero para los que se salvan es poder de Dios. A pesar de que la gran mayoría de gente no quiere oír hablar de la resurrección de Cristo, es un dogma que debe anunciarse con toda claridad y firmeza porque del Cristo muerto y resucitado nace la esperanza de vida eterna, esperanza que no otorga ninguna otra religión.

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