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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Caen las de bajo coste

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 16 de septiembre de 2008, 07:40 h (CET)
Hace casi dos años, escribía en esta misma columna “Compañías aéreas y de bajo coste” (SXXI 25/XII/2006) sobre la difícil subsistencia de tales empresas, en una época en la que el precio del petróleo había subido el 15% en el último año. Ahora, el petróleo ha subido el 80% en el último año.

El coste del carburante está exprimiendo a las compañías aéreas de bajo coste; a las grandes compañías también, pero estas resisten mejor dada su propia fortaleza. Aunque no lo están pasando bien tampoco.

Al precio del carburante las compañías aéreas, como cualquier otro transportista del sector que sea, ha de ajustar sus tarifas al coste de uno de los principales componentes. La cosa es que la competencia es libre y si uno sube las tarifas, el resto de las compañías del sector engullen a su clientela, pues no hay fidelización de clientes posible que supere el precio del billete. Los viajeros de clase low-cost sacan sus pasajes por Internet a través de buscadores de las tarifas más bajas.

Las compañías aéreas de bajo coste pudieron serlo porque se crearon aprovechando una época de petróleo asequible y de pesadas estructuras de las grandes compañías. Miles de empleados que no estaban directamente relacionados con la línea de negocio, espectaculares edificios de oficinas, hangares llenos de recambios por estrenar, obsoletos, comprados al amparo de interesados tratos personalizados y cosas así, propias de los reyes del mambo del transporte aéreo de personas, cuya mayoría de la facturación de billetes no sale de sus bolsillos sino de las empresas para las que trabajan esos viajeros de las clases superiores y gran parte de la económica.

Veíamos en las nuevas compañías como las propias tripulaciones conducían los vehículos desde las terminales hasta los mismos aviones. Allí dejaban esos vehículos para ser recogidos por la siguiente tripulación que llegaba y así se ahorraban un chofer. Aquellos uniformes de diseño de los auxiliares de vuelo se cambiaron por modernas camisetas y pantalones informales. Hasta el agua abordo había que pagarla. Y si facturas equipaje, lo pagas a parte también.

Pero hay muchas cosas además de esas, tanto o más importantes: una gestión optimizada de la flota de aviones es fundamental. Los asesores de gestión aeronáutica (que también cobran) aportan sus elaborados programas informáticos que permiten la optimización de los costes de mantenimiento de los aviones y hasta del consumo de combustible.

Pero cuando sube tanto el combustible hay que subir las tarifas, pues todo y con no ser uno de los componentes de coste fundamentales, sí es de singular importancia. Y cuando en el último año casi se duplica el precio del combustible, hay que actualizar las tarifas: las de los pasajes por expedir y las de los expedidos también.

Los gestores de las compañías aéreas, al igual que cualquier gestor de un empresa de no importa qué sector, ha de saber cómo va la marcha de su compañía y no ha de esperar a tener miles de pasajeros en los aeropuertos para comunicar el cierre de sus operaciones. Los códigos de buen gobierno han de incluir situaciones como las que estamos viviendo para evitar que se produzcan. Y seguirán cerrando compañías de bajo coste, de las que ya dudábamos hace dos años, en cuanto a la seguridad en la prestación del servicio que no del vuelo.

Parte de la gestión de esta crisis que el gobierno de ZP no hace es la supervisión de los servicios de transporte aéreo a sus empresas concesionarias. Son tantos los miles de afectados en cada cierre o anuncio de cierre de operaciones de las compañías aéreas que su control debe hacerse extensivo al servicio que los usuarios reciben o van a recibir. De la misma manera que se supervisan los bancos y las cajas de ahorro o las empresas sujetas a la ley del Mercado de Valores. Muchas familias ahorran durante todo el año para hacer un viaje al lugar más alejado que cualquiera de los de sus compañeros de trabajo y no merece el trato que cada vez más frecuentemente se está produciendo.

El tácito o no tan tácito concurso en los centros laborales del viaje de vacaciones se va a reconvertir, a este paso, en un concurso de maltrato al viajero: “…pues nosotros estuvimos cuatro horas esperando la salida…” “¡Eso no es nada: dos días estuvimos nosotros durmiendo en el mismo aeropuerto mientras nos buscaban acomodo en otros aviones!” “Y de las maletas ya ni hablamos…; aún no se han recibido en nuestro hotel de vacaciones…” “Nuestro avión no podía repostar porque su compañía no tenía crédito…”

Con lo estupendos que eran aquellos viajes de vacaciones a la playa en el 600 con la jaula del canario y las plantas. Claro que en el 600 no se podría llegar a Punta Cana ni a la Kapadokya; se calentaría en las subidas.

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