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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Un puzzle inquietante

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 16 de septiembre de 2008, 07:42 h (CET)
Estoy convencido que pocas cosas pasan en el Mundo que no tengan alguna causa más allá de la simple casualidad. Los ciudadanos de a pie generalmente no tenemos la información precisa para ligar hechos que se producen en una aparente incoherencia con otros que pueden producirse en un lugar remoto; sin embargo muchas veces si uno se toma la molestia de intentar relacionarlos, si se quiere introducir en este inmenso puzzle que constituyen todas las piezas separadas que están dispersas por el globo terráqueo, es posible que pueda sacar algunas conclusiones que le puedan erizar los vellos de sólo pensar que pudieran ser ciertas y que, el final, la conclusión de este dramático entretenimiento pudiera ser algo tan terrible como una nueva y definitiva guerra mundial donde se produciría el Armagedón, profetizado en la Biblia (Apocalipsis 16,16), en el que se produciría la lucha final entre el bien y el mal.

Supongo que la Unión Europea hizo sus cálculos sobre las repercusiones políticas de reconocer a Kosovo como nación independiente. Es de suponer que los altos mandatarios de los países que forman la UE se sentaron a discutir sobre los pros y los contras de una medida que, aparentemente, sólo afectaba a Serbia y a su provincia autónoma. Por los resultados, como ya es habitual en esta Europa unida y tan dividida; unos reconocieron la independencia de la república de Kosovo ( unas 40 naciones) y otras no ( entre ellas España). Sin embargo el peligro de esta situación inestable y, a todas luces, difícil de mantener, es que Rusia se ha opuesto frontalmente y lo ha hecho una cuestión de honor. Lo curioso es que, a mi me da la sensación de que, desde el momento de la seudo independencia de Kosovo, el señor Putín pensó que las humillaciones a la otrora todopoderosa Unión Soviética se estaban pasando de la raya. Y una muestra del cambio de actitud de Rusia en cuanto a sus relaciones con Occidente la hemos tenido, recientemente, en el conflicto de Georgia.

Por supuesto que el hecho de que la república transcaucásica sea un importante centro estratégico por estar situado en un punto clave del envío del crudo a los países europeos no ha sido ajeno a la intervención rusa en el tema de la secesión de Osetia ( Georgia del sus) y de Abjasia. Pero no hay duda de que en la demostración de fuerza del coloso ruso hay la intención de demostrar a todo occidente y especialmente a los EE.UU que el gran oso moscovita sigue contando en la política mundial. El hecho de que la UE haya tenido que renunciar a sus intenciones de ponerle sanciones a Rusia y que se haya visto obligada a retirarse con el rabo entre las piernas ante la posibilidad de que desde el Kremlin se cortra la espita del petróleo que abastece, especialmente a los países del norte de Europa, entre ellos la poderosa Alemania; no ha hecho más que demostrar la fragilidad de este proyecto, tan cogido con hilos, de una Europa unida. Los mismo EE.UU, en plena campaña electoral, se han visto cogidos a contrapie para dar una respuesta contundente y se han limitado a mandar una “ayuda humanitaria” para salvar la cara pero, evidentemente, sin ánimo alguno de que el conflicto pasara a mayores.

No obstante los inconvenientes de demostrar debilidad en cuestiones de estrategia política comporta darle la iniciativa a la otra parte y, en estos momentos es evidente que el señor Putin y su títere en el Kremlin, señor Mededev, es quien tiene la batuta. Y si nos queremos trasladar al Cono Sur americano y observamos con atención los últimos sucesos que se ha producido en Bolivia y Venezuela, no podemos menos de establecer un evidente ligamen entre el comportamiento desproporcionado, fanfarrón, mitinesco y histriónico de un señor Chávez o la actitud desconcertante y extraordinariamente enérgica de un Evo Morales, habitualmente más comedido en su forma de expresión; al atreverse a expulsar de sus respectivos países de los respectivos embajadores del coloso del sur, los EE.UU.

No creo que haya nadie que pueda pensar que los dos bombarderos estratégicos que ha enviado Rusia a Venezuela y las anunciadas maniobras conjuntas de los ejércitos de las dos naciones, sean ajenos a su comportamiento. Es evidente que Putín ha decidido jugarse otro de sus triunfos, mientras observa atentamente las reacciones de su adversario secular, los EE.UU; sin dejar de seguir las evoluciones en las preferencia electorales del pueblo americano. Es obvio que un Obama, pacifista, menos práctico en política internacional, más propenso al diálogo y con una situación interna de la economía en horas bajas, sería un hueso más fácil de roer para los rusos que un Mc.Caine, ex combatiente en el Vietnam, más duro, con un espíritu patriótico más consolidado y más propicio a preservar la posición hegemonica de su nación, que a dejarse achantar por un belicoso Putin. Hay que decir que Rusia, a pesar de su gran potencial en cuanto a la producción de crudo y su riqueza en materias primas, es una nación que acaba, prácticamente, de salir de un régimen comunista que acabó con su economía, arrasó con su riqueza y que, en la actualidad, no tiene el poder de antes sobre la serie de repúblicas que han conseguido su independencia de ella.

En cualquier lugar una situación que se agrió con la exhibición del misil intercontiental mostrado por Putín con el mensaje de que era capaz de sortear el “escudo antimisiles americano” y la advertencia subliminal de que no estaba dispuesto a que se volviera a ningunear. Es muy posible que el fuego revolucionario encendido por Hugo Chávez en Venezuela y que ha tenido continuidad en la Bolivia de Evo Morales y en el Ecuador de R. Correa ahora reforzados por otro país donde ha salido elegido un antiguo obispo, suspendido ad divinis, el señor Fernando Lugo. Un incendio que, sin duda, ha de inquietar a los Estados Unidos que, por si no les bastara con la Cuba de Fidel Castro, ahora se ven amenazados desde el sur con una entente de países en los que la pobreza, la miseria, la corrupción y el racismo han dado cauce a la entrada de un comunismo tercermundista, que amenaza con asumir el relevo de la antigua Unión Soviética, solo que, en este caso, a las mismas puertas del feudo del Tio Sam.

Lo dije al principio de este artículo y lo repito al final: no tenemos más que nuestra intuición y sentido común para enlazar los hechos, pero no creo que debamos dejar de estar pendientes de lo que ocurre allende nuestras fronteras, porque puede ser que, en un tiempo no muy lejano, lo que nos venga de América pueda llegar a repercutir en nuestro propio país. No olviden las excelentes relaciones y las “afinidades” del señor ZP con sus colegas del Cono Sur. Saquen sus propias consecuencias.

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