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Opinión
Etiquetas:   Opiniones de un paisano  

De los ciclos económicos y otras gaitas

Mario López
Mario López
martes, 16 de septiembre de 2008, 07:42 h (CET)
Durante las vacas flacas había que ver el pedazo de carteras que se gastaba el personal, toditas repletas de tarjetas de crédito. Era todo un espectáculo ver como pagaba el vecino a la cajera del super. Qué cosa más colorista y cuánto poderío denotaba.

Ahora, con la famosa crisis, parece que esto se va a acabar y con la cartera del vecino va a pasar como con el finado Fernández, que nunca más se supo. Y espérate tú que aún podamos seguir yendo al super. Para nosotros, los ciclos económicos se manifiestan en los cambios de humor del banco. Cuando el banco está simpático, da gusto. Vaya, que ni se nota que el salario que te llevas a casa es una mierda porque lo mismo da; puedes gastar veinte veces lo que ganas, que ya lo irás pagando poco a poco, como mejor te venga. Que parece como si el banco fuera como un Robin Hood que quisiera darte lo que te quita tu jefe. Pero cuando el banco se pone borde y dice que hasta aquí hemos llegado y que a ver qué hacemos con los rotos de las tarjetas, pues te quedas con un palmo de narices y se te viene el mundo abajo. Tu sueldo sigue estando por los suelos, pero ahora contigo. Ocho millones de familias norteamericanas que se las daban de ser la crema del medio oeste, con su jardincito alante y su jardincito atrás, con sus dos coches en el garaje y su famosa bandera a rayas ondeando junto al pararrayos, ahora están en bancarrota, sin casa, sin saber cómo pagar todo lo que deben y sin poder decirle al jefe que les suba el sueldo. En España vamos a acabar igual. Todo porque nos dejamos arrastrar por el huracán consumista en cuanto nos azuzan un poco los mercaderes. Con la caída del Muro de Berlín y la globalización, los ciudadanos del este se han hundido en la miseria, la clase media occidental se ha quedado con el culo al aire y los esclavos cuestan diez veces menos que en la Roma clásica –el 70% de las niñas de quince años de Moscú quieren ser putas y en el mercado Arizona de Serbia las venden por menos de mil euros a los magnates del sexo-. Dicen los expertos que esto puede que se arregle de aquí a cincuenta años, cuando los salarios de los países del Tercer Mundo se igualen a los nuestros. Pero, ¿a qué sueldos nuestros? No entiendo nada. Menos mal que para el 2060 yo ya estaré, como Serrat, dándole verde a los pinos y amarillo a la artemisa.

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