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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Circuitos del miedo

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 15 de septiembre de 2008, 05:14 h (CET)
Enseguida veremos su actualidad en pleno rendimiento. No, no se trata de una referencia a experiencias antiguas, históricas y periclitadas, en tiempos de caciques y trabucos. Ni tampoco de esas esporádicas novelas de ciencia ficción apabullante. Tampoco del género narrativo que aportó algunas obras valiosas. El interés de estos comportamientos, resulta palpitante para los ciudadanos de hoy, y amenazante para los próximos.

Al hilo de esta permanente actividad de los circuitos agobiantes; quizá seamos algunos muy ingenuos, porque pensábamos que el común de los individuos, lucharía con todos sus brazos para suavizar o eliminar estas estructuras agobiantes. Lejos de esta actitud, se mantienen algunas TRAMAS de lo más antiguas; con un lamentable empeño dirigido a la renovación de los ingenios para mantener amedrentado al personal. Persiguen su control a través del susto, del apuro y la angustia. Asedian a los jóvenes por inexpertos, a los ancianos por sus insuficiencias progresivas, a los trabajadores por necesitados y a los diferentes por raros. Como pueden comprobar, no será nada fácil el encuentro con alguien liberado de esos asedios. ¿Se trata de acciones inevitables? ¿Habrá que tragar sin más esa carga constituyente de lo humano?

Veamos si no y entretengamos un poco la mirada sobre el entorno amenazante del PARO. En este apartado se imponen los contratos abusivos, marcados por la interinidad de largo plazo, obediencias obligadas bajo el mazo del cese de ese contrato, requisitos interminables y no siempre justificados. Basta un ligero exámen para la comprobación de que esas condiciones agobiantes son extralimitaciones que proliferan. ¿Ganancias escandalosas de constructoras, bancos y grandes empresas? Como mínimo, no se justifican aquellas angustias provocadas sobre el sector de trabajadores. Si tratamos del campo POLÍTICO, lo impropio de algunos abusos es notorio. Mentiras, precios, hipotecas. ¿Todo razonable? Quizá no tanto. Sube el petróleo y la gasolina, baja el petróleo y la gasolina sigue arriba. Interesa precisar el paradero de los muertos en la guerra civil; pero, por un arte confuso, no interesa aclarar las víctimas y responsables de Paracuellos, incluidos los propios correligionarios molestos. En vez de un talante de reconciliación, se prolongan las angustias y medias verdades.

Si miramos hacia los INFIERNOS, hubo de todo, aunque hayan venido a menos; ya ni limbo tenemos para entretenimientos necesarios. Mas no nos confiemos, ahora las violencias se tranforman y modernizan. Sobre los débiles no nacidos, se adueñan de la moral y de las éticas según las zonas y los beneficiados. Disponemos de infiernos en contacto con nuestra propia epidermis. También en los ámbitos SANITARIOS, aunque siempre queden lejanas las respuestas completas, se buscan con desaforado empeño los planes y protocolos generales, Desde la eutanasia al aborto, un gen para cada proceso (El más reciente, el de la infidelidad masculina), dietas, peso, actividades. Mientras, se va dejando de lado un aspecto clamoroso y fundamental; por encima de todo eso está el seguimiento de las circunstancias personales. Sin esa consideración, los más encumbrados descubrimientos ven limitada su efectividad; pero, eso se calla y se desdeña.

Ciryl Herry publica en Nature un conciso trabajo sobre los CIRCUITOS neuronales del miedo. Cuando se presenta un estímulo de carácter agresivo, en cualquiera de sus facetas, se recogen sus impulsos nerviosos en la amígdala cerebral. Ante la repetición de esos ataques, se detectó que las respuestas disminuyen de tono –Fenémeno de extinción-. Habiéndose detectado unas neuronas encargadas de esos efectos de “extinción”. Una vía para el estímulo y otra frenadora. Digamos que estamos ante un intento de compensación, para que no se extralimite la respuesta desencadenada. Si el estímulo se repite, se aminora su repercusión. Se va adaptando uno ante el apuro ocasionado.

Sin embargo, pequeñas variaciones en aquellas amenazas, esos estímulos atacantes modificados, pasan a comportarse como nuevos, renovados, diríamos con propiedad; a eso se responde con NUEVOS BROTES de miedo. Su reiteración convierte la situación en un recrudecimiento del agobio. No se propicia el freno mencionado. Se interrumpen los circuitos inhibidores y continua la rueda del círculo nocivo. La mencionada amígdala no es crítica, es neutral; su respuesta estará en consonancia con las señales recibidas, de agresión o de frenado, intensas o moderadas. Es decir, lo importante es la notificación transmitida por esos dos tipos de vías nerviosas descubiertas.

Pensando bien, se abren unos campos magníficos para el estudio de esas vías, como disminución de angustias, evitando así las respuestas excesivas y destructivas. Sin embargo, detectamos horizontes de PROVOCACIÓN, como un propósito malévolo para suprimir la tranquilidad. En los diversos foros se percibe un afán desmedido de continuos golpetazos, con la consiguiente ansiedad, miedo y, a veces, terror absoluto casi permanente. Estas actitudes son perversas por partida doble, por su provocación humana y por que favorecen el abuso generado por unos pocos sobre otros muchos. Son fuente de desequilibrio social, aunque bien poco les preocupe esto a sus detentadores. Discurren sobre todo por la vía estimulante, con maléficas reiteraciones provocadoras.

Cada vez se conoce mejor el cerebro, ahora con el descubrimiento de estas DOS VÍAS. Un transmisor de los impulsos preocupantes. No olvidemos su carácter beneficioso, como aviso, para una mejor defensa, como señal de alarma. Eso sí, el abuso y reiteración de su funcionamiento, aboca a un aturdimiento castrante, paralizante. Las otras neuronas inhibidoras atenuan dichos efectos. Estos hallazgos no solucionan de por sí las dificultades, su conocimiento nos acerca al funcionamiento del cerebro y nos abre posibilidades fascinantes. ¿Seremos capaces de aprovecharlas? A lo peor, sólo llegamos autilizarlas, y para mal.

¿A qué parte del circuito nos adheriremos? ¿Pirómanos? ¿Extintores? A la vista del panorama que lucimos, nos acucian actitudes crispantes, de maníacos pirómanos, con violencias crueles, extorsiones ladinas o desprecios infames, que agreden sin tregua. Es más emocionante la labor de atenuación ante las agresiones provocadas por diferentes agentes externos. Con esto no insinuamos que en esta labor se dejen de lado las razones y criterios. No se trata de una debilitación del pensamiento, decadente y muy moderna. Es todo lo contrario, una RAZÓN FUERTE y dinámica en pleno ejercicio; eso sí, dialogante y con un profundo respeto hacia la entidad de cada persona. Los drásticos, amenazantes y figurones, están de más en una sociedad que se precie de avanzada, de progreso auténtico y con sana ambición de mejora de cara a la convivencia.

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