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El Ejecutivo y la oposición nos la dan con queso

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 13 de septiembre de 2008, 06:33 h (CET)
Es probable que estemos pasando por uno de los periodos de la historia de España en el que se están produciendo más elementos de confusión respecto a la actividad de un gobierno superado por las circunstancias económicas, atenazado por sus compromisos irrealizables y confundido por la necesidad de enfrentarse a sus propias declaraciones, promesas y demagogias ante la ciudadanía que, por fin, se ha dado cuenta de que fue engañada, confundida y menospreciada por un Ejecutivo que sólo se preocupó de conservar el poder aunque, para ello, regateara información a los españoles que les hubiera podido ayudar a enfrentarse con la crisis en mejores condiciones de lo que puede hacer hoy, cuando la recesión ya está haciendo su recolecta de despidos, quiebras, concursos de acreedores y precios disparatados, capaces de acabar con los ahorros y los recursos esenciales de los ciudadanos para permitirles sobrevivir dignamente.

Que en estos momentos aparezca un Zapatero mitinero, demagogo y comunistoide esgrimiendo la vieja canción del empresario acaparador, insensible y depredador de trabajadores; no produce más que hilaridad y, en todo caso, autocompasión al percatarnos de que nuestro presidente, en lugar de saberse enfrentar a la recesión que ya tenemos encima, reconocida por el propio señor Solbes, se dedica a repartir la habitual semilla de la discordia, el rencor y el odio para enfrentar a unos ciudadanos con otros, en un intento desesperado de justificar su incompetencia cargando las culpas al PP, que ya lleva 5 años sin gobernar o al señor Busch, el causante de todos los males de la tierra, según su criterio. Por supuesto que ZP, tan falto de memoria, ya se ha olvidado que la famosa burbuja inmobiliaria ya estaba detectada en el año 2006 y que desde el extranjero se nos había advertido reiteradamente del peligro de fiarnos de la construcción como único motor de la economía. Que no se salga pues con excusas de mal pagador y asuma, de una vez sus culpas en lo que está sucediendo..

Y es que hay cosas de sentido común. Los municipios, los grandes olvidados a la hora de la financiación, no han tenido otra forma con la que subsistir que cobrar las tasas de las licencias de obras y los impuestos derivados de la construcción. La falta de ayuda del Estado, endémica, los ha situado en situación precaria lo que han debido solucionar con recalificaciones de suelo, que han permitido que la especulación se extendiese por toda España, en muchos casos mediante la corrupción de constructores y ediles municipales y, en otros, por la quiebra de las administraciones locales que no han tenido otro medio de recaudar lo preciso desprendiéndose de tierras dedicadas a equipamientos públicos. Estas penurias se contradicen con la opulencia de ciertas autonomías, que son tratadas a cuerpo de rey por el Gobierno, lo que les permite despilfarrar en gastos administrativos, subvenciones, contrataciones de asesores que no asesoran, sueldos millonarios y campañas, en muchas ocasiones, dedicadas a fomentar el separatismo, la fobia contra todo lo español y la erradicación del castellano de la enseñanza pública.

A todo esto, el inefable señor Solbes nos dice que sí estamos llegando a la recesión, pero que el Gobierno no trabaja sobre este supuesto. Tampoco trabajaba sobre el supuesto de un crecimiento inferior al 3’3%, cuando prepararon los presupuestos del 2007 ni trabajaban sobre una situación de crisis cuando comenzó este año (recuerden, ZP lo negó más veces que San Pedro negó a Cristo) es decir que, por lo visto, si tenemos en cuenta la evolución del crecimiento económico durante este tiempo que siempre ha estado por debajo de las previsiones del Ejecutivo podemos deducir que ni el señor Solbes ni el Gobierno han estado trabajando en nada. Pero si no hubieran hecho nada es posible que estuviera el país mejor, lo verdaderamente triste es que las medidas que han adoptado han sido insuficientes, desacertadas y en sentido contrario a lo que la buena práctica económica hubieran aconsejado para fajarse ante la crisis.

Y me preguntarán, ¿qué hace, entre tanto, la oposición? Pues poner un cirio a Dios y otro al diablo. Como ocurre con el Gobierno, piensan que lo mejor es dar tiempo al tiempo, esperar a que el problema se resuelva solo y que EE.UU nos ayude a salir del atasco si es que consigue equilibrar su propia economía. Resulta penoso ver a un señor Rajoy apagando fuegos dentro de su partido y sus colaboradores. El mando único, formado por la cúpula del nuevo equipo “salvador de la patria” formado por Rajoy, se ha resquebrajado y hoy en día, los capitostes de las distintas autonomías ya se han puesto la corona para plantarle cara e ir por libre cuando se les antoja. Pero es que, nuestro hombre, no tiene la menor sutileza política cuando no tiene ni siquiera la precaución de intentar enviar a alguien para que le allane el camino cuando surge un problema que le pueda dejar en un lugar desairado.

Esto le ha pasado en su reunión con el señor Sanz, uno de los nuevos virreyes, quien le ha dejado en ridículo al no renunciar a su facultad de votar al PSOE en los Presupuestos Generales del Estado. La rueda de prensa subsiguiente fue un espectáculo bochornoso capaz de hacer perder la credibilidad al más pintado; o se hace y se responde a todas las preguntas que se hagan o no se convoca y ancha es Castilla! Por desgracia se van cumpliendo los pronósticos que mucha gente se hacía cuando se nos quiso vender un PP remozado, centrista y de acorde con “los nuevos tiempos”. Han perdido su identidad y se han apuntado al oportunismo político, a arrimarse a los nacionalismos y a hacerse los sordos, ciegos y mudos ante problemas que, la mayoría de simpatizantes y miembros del PP, consideran básicos; como pudieran ser los temas del aborto (verdaderamente sangrante) la eutanasia, los matrimonios sexuales, la unidad del país, la defensa de la utilización del castellano dentro de las autonomías de toda España como marca la Constitución, la independencia de la Justicia y la enseñanza apolítica, eficaz y sin adoctrinamientos contrarios a la voluntad de los padres de familia, también reconocido en la Constitución. Si mala es la recesión económica, peor es, si cabe, la sensación que tenemos los ciudadanos de que quienes nos gobiernan han perdido la brújula y están navegando al garete, sin rumbo fijo ni orientación.

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