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Nadal, Del Bosque… y la liga
Antonio Pérez Gómez
Antes de hablar de fútbol, déjenme contarles que para mí, sin duda, lo más destacado de esta semana ha sido la derrota de Nadal. Una triste derrota para todos los españoles que amamos el deporte, porque este chico empezaba a entrar en la categoría de sobrehumano, de leyenda, camino del nivel que han alcanzado los Schumacher en F1, Woods en Golf, Jordan en la NBA o el propio Federer hasta hace unos meses en el deporte de la raqueta.
Y fue dolorosa, además, porque el manacorí se vio aplastado como nunca ante un rival menor, como Murray. Y digo aplastado porque así se sintió Rafa en los últimos compases del partido. La penúltima bola del encuentro, cuando tras un enorme peloteo el escocés ganó el punto, pudimos ver un gesto en Rafa completamente revelador. Un gesto de dolor físico y mental. Un gesto de suprema extenuación, de entrega final. Un gesto, a todas luces, nuevo en nuestro “príncipe”. El irreductible Nadal fue reducido sin paliativos en esa bola. El siguiente punto, match ball, estaba cantado. Al tercer raquetazo, nuestro tenista entregó el punto de partido con una dejada absurda e inútil. Había dejado de luchar. Derrota total, física y mental. Últimas noticias: el balear es humano. Suerte, campeón, a recuperarse pronto para la Davis y los siguientes torneos.
El miércoles, vimos a La Roja. Y a mi me asaltan algunas dudas. La selección es un equipo que nos ha habituado a la victoria y que ha entrado en una maravillosa inercia de triunfo. Es una selección que da la impresión de que su peor enemigo es ella misma. Ella y las decisiones que se puedan tomar desde el banquillo. Me explico. Aragonés encontró unos jugadores muy específicos (los llamados ahora “jugones”) y tuvo la picardía de armar La Roja sobre ellos. Los resultados, ya los vimos en Junio: históricos. Pero ahora llega el pausado y mesurado Del Bosque y, de una forma sensata y cabal, ha reflexionado que una selección no puede depender en exclusividad de la inspiración de dos o tres jugadores de toque y visión extraordinarios. Vicente quiere retomar los viejos cánones del clásico y seguro 4-4-2, con sus dos extremos pegados a la cal. Es lógico, es incluso loable por lo que de previsor tiene respecto al futuro de este equipo, pero ¿es sensato mover una sola pieza de un puzzle que, al menos hasta ahora, funciona a la perfección? Ahí es nada, menudo debate.
Bueno, y tras la selección, por fin parece que podremos centrarnos en nuestro campeonato. Este fin de semana, recomienza el tren de la Liga. Y es curioso porque, si se han fijado, los marcadores de este fin de semana pueden tener unos efectos bastante interesantes, según se den ciertos resultados en dos o tres campos. Resultados que distan muchísimo de ser descabellados. ¿Han pensado que si el Numancia da la campanada y no pierde contra el Madrid el próximo domingo, tendremos la primera crisis seria de la temporada de uno de los grandes? ¡¡Y en la segunda jornada!! Y no se maravillen, porque aunque parezca mentira, el caldo de cultivo ya está preparado: Por un lado, la chapucera y cutre política de fichajes del Madrid (que ha mutado desde primero romper el mercado con la compra de CR7, a después arrojar un superávit económico estival absurdo en un club netamente comprador). Y a ello añádanle la manifiesta y tozuda incapacidad del equipo de convertir la “maldición de Riazor” en una casualidad temporal algo persistente, y tendrán el detonador de esta posible crisis. Claro, esto es siempre que los sorianos estén a la altura y sepan darle la misma medicina a los blancos que le dieron a los culés.
Otro dato llamativo, tan propio de los comienzos de la temporada. ¿Han caído en la cuenta de que, si el Atleti no gana en Valladolid (cosa harto probable) se juegan el liderato el domingo el Almería y el Valencia en el último partido de la jornada? Déjenme que me detenga ante este morboso partido. Como sabrán, Emery se hizo grande en la ciudad del Indalo, y su salida de allí fue de todo menos elegante. El ex txuri-urdin estuvo mareando la perdiz durante meses, queriendo nadar y guardar la ropa…y le salió fatal. La afición se siente a partes iguales tan agradecida como agraviada por el gran técnico de Fuenterrabía. Como digo, si se produce la presumible no-victoria de los colchoneros en Valladolid, el liderato estará en juego. Un liderato que, a la altura de liga en que estamos, sería una anécdota para el equipo del sureste, pero que sería toda una bandera a la que aferrarse para los ches.
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